Hay un poema de Xavier Villaurrutia, Nocturno en que nada se oye, cuyos últimos versos son: “muda telegrafía a la que nadie responde/ porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse”. Y la primera pregunta que uno habría de hacerse —al menos yo lo hago— es, ¿por qué habrían de decirse algo? … Continuado