Me vigila, siento sus ojos clavados en mi nuca. No hay lugar en la casa donde no sienta su mirada persistente, escudriñándome. Disimuladamente agarro un libro, o el celular para ver qué pasa fuera de mi vida y sigilosa salgo del escritorio. Me acomodo en el sillón, me relajo, casi logro despojarme de esa sensación … Continuado