Hay recuerdos que no tienen forma de recuerdo. No se ven, no se narran, no se ordenan. No llegan como imágenes claras ni como historias completas. Se alojan en la piel, en la respiración profunda, en los aromas que aparecen sin aviso y desarman el pecho. Son recuerdos que no piden permiso para volver. … Continuado