UN ARTISTA ENAMORADO DE LA ACCIÓN: VICENTE BLASCO IBÁÑEZ. Alberto García Gutiérrez

Entre la segunda mitad del siglo XIX y las dos primeras décadas del siglo XX hubo en España un hombre que fue a la vez precursor y anticipador de la modernidad en la literatura, el periodismo, la política y el arte de masas del siglo XX, el cine. Su nombre: Vicente Blasco Ibáñez.

Vicente Blasco Ibáñez es todavía a día de hoy un gran desconocido. Se le menciona poco en la historia de la literatura española, y menos en la Historia de España, su memoria de quién fue y qué hizo ha quedado relegada a un olvido injusto y premeditado. Ese olvido, ese ostracismo, no es casual. Blasco Ibáñez fue incómodo para el poder porque siempre lo desafió. Su forma de ser, su carácter de hombre libre, indómito,  no sujeto a nada ni a nadie, y su éxito como hombre de letras, con fama más allá de las fronteras hispanas, le granjeó enemigos que no le perdonaron nunca su forma de vida, sus amistades o sus compromisos con diversas causas sociales y políticas.

Su vida es la vida de un individuo con ansias de justícia social que no acepta someterse, que lucha por conseguir hacerse un nombre en las letras y en la política de su tiempo y que intentó moldear su entorno, España,  para transformarlo en algo mejor, a través de la palabra escrita y hablada.

Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) Fue político, escritor, periodista y guionista de cine. Hijo de aragoneses emigrados a Valencia, es un niño precoz, lector voraz con doce años empezó a escribir y a los catorce escribe su primera novela. A los quince años se escapa a Madrid, seis meses después de su llegada a la Villa y Corte un policía lo detiene y lo envia de vuelta a su família. Tuvo como primera vocación ser marino pero era negado en ciencias lo que le llevó a estudiar Derecho. Cursó los estudios en la Universidad de Valencia licenciándose en 1888, aunque nunca ejerció como abogado.

Blasco Ibáñez será republicano, federalista, progresista en lo social y anticlerical. Ingresó con veinte años en la masonería, adoptando el nombre simbólico de Danton.

En 1887 el joven Blasco Ibáñez funda el periódico federal La Revolución. Ese mismo año publica su primer libro, Fantasías y al año siguiente, en 1888, obtiene premio en los Juegos Florales de Valencia.

Blasco Ibáñez comienza a ser conocido en Valencia como agitador político y polémico director de diarios. Por todo ello será acusado de injurias al poder público y huye vestido de pescador, llegando a París, donde pasará el invierno de 1890 a 1891.

En París, en el Barrio Latino, descubrirá a autores como Zola y Balzac e influenciado por sus obras comenzará a escribir sus primeras obras por entregas, como La araña negra.

Tras regresar en 1891 de su breve exilio parisino a su querida Valencia, gracias a una amnistía geneal, fue candidato a diputado a Cortes. Ese mismo año contrae matrimonio con María Blasco del Cacho, tuvieron cuatro hijos.

De 1891 a 1909 Vicente Blasco Ibáñez se vuelca en la política. En 1894 funda  un nuevo diario, El Pueblo. Sería su plataforma para dar a conocer su ideario político al pueblo valenciano, que atraería tanto a clases populares como a la pequeña burguesía de la ciudad de Valencia y el resto de la región. El periódico se acompañaba de un folletín que él mismo escribía. el primer título publicado sería Arroz y tartana y su éxito popular propició que se publicara como libro y diera alas al autor para seguir publicando obras literarias.

El liderazgo político de Blasco Ibáñez fue tan popular que tuvo su propia denominación: el blasquismo, que se extendió desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil española. El blasquismo abogaba por un republicanismo de corte federalista y anticlerical, respetuoso con la propiedad y la iniciativa privadas con atención a las clases populares, marginadas por el poder desde siempre, proponiendo una mejora de sus condiciones de vida; laborales, educativas y sanitarias. La actividad política de Blasco Ibáñez le hizo entrar en la cárcel más de treinta veces. Entre los años 1898 y 1907, Blasco Ibáñez ocupó escaño en el Congreso de los Diputados representando al partido republicano Unión Republicana.

En 1895, con ocasión de la guerra de Cuba, promovió artículos incendiarios, como el titulado ¡O van todos, ricos y pobres, o nadie! Estas piezas provocaron motines en la calle y la ciudad de Valencia y fue declarada en estado de sitio teniendo Blasco Ibáñez que huir. Se escondió primero en el barrio de pescadores de El Grao de Valencia. Allí escribió durante cuatro días un relato llamado Venganza moruna, cuyo desarrollo posterior acabaría convirtiendose en La barraca, luego huyó a Italia.

Si la política fue campo de batalla para Blasco Ibáñez no fue menos la defensa de su honra y dignidad que se manifestó en el uso del duelo a pistola. Blasco Ibáñez tuvo, al menos, un par de duelos a lo largo de su vida. De los dos salió indemne.

Esta etapa de su vida, entre 1894 a 1898, fue una de las más fértiles a nivel literario: escribe sus mejores novelas como Arroz y tartana, 1894, Flor de Mayo, 1895, La barraca, 1898, Entre naranjos, 1900, Cañas y barro, 1902, La catedral, 1903, El intruso, 1904, La bodega, 1905 y La horda, de 1906. También durante aquellos años Blasco Ibáñez inicia una aventura editorial, fundando con su amigo Francisco Sempere la editorial Prometeo, que publica a precios baratos obras de autores clásicos y contemporáneos.

La aventura será otro elemento vital en la vida de Vicente Blasco Ibáñez.

En 1908 publica Sangre y Arena, una de sus novelas de mayor éxito internacional, un año después, en 1909, viaja a Argentina, en gira de conferencias. Obtiene un gran éxito de público. Tras una estancia en Chile regresó a Madrid para escribir Argentina y sus grandezas. Blasco Ibáñez se enamorará de las extensiones de la pampa argentina, de sus gentes y paisajes. Decidirá invertir parte de su patrimonio en un proyecto económico. En la Patagonia y en la región del río Paraná, decidió realizar una obra de colonización. Compró tierras para cultivo trayendo de Valencia a labradores que las arrendaran durante diez años que tendrían derecho a comprarlas. De 1911 a 1913, se dedicó a las dos colonias agrícolas, Nueva Valencia y Cervantes, no obstante, el proyecto se saldará en fracaso y Blasco Ibáñez regresará a España arruinado.

En el verano de 1914 estalla la Primera Guerra Mundial y Blasco escribe reportajes sobre la misma. Tan populares fueron que el presidente de la República francesa, Raymond Poincaré, le pidió que escribiera una novela basada en esas crónicas bélicas para levantar el ánimo de las tropes y en la retaguardia, así nacería Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Además comienza a publicar en su editorial valenciana Historia de la guerra europea en fascículos. Le seguirían la novela sobre la guerra en el mar, Mare Nostrum, de 1918, y Los enemigos de la mujer, de 1919,  que constituyen la trilogía sobre la Gran Guerra. Blasco Ibáñez siguió en su faceta de periodista internacional y llegó a escribir sobre la Revolución mexicana en The New York Times.

En Europa, la novela Los cuatro jinetes del Apocalipsis fue menos popular, eclipsada por Sin novedad en el frente de Erich María Remarque, pero en Estados Unidos obtuvo un enorme éxito. Blasco Ibáñez llegó a vender más de dos millones de ejemplares de Los cuatro jinetes del apocalipsis en 1916, en los años 20 solo la Biblia le superaba en ventas. Se vendían ceniceros, cigarrillos, juguetes, corbatas o pisapapeles con motivos alusivos a la obra.  La fama de Blasco Ibáñez fue tal que protagonizó una gira literaria por Estados Unidos impartiendo conferencias en universidades, teatros e Iglesias, colaborando como articulista en periódicos, la Universidad George Washington le nombró doctor honoris causa. Llegó a tal la popularidad de Vicente Blasco Ibáñez que en 1924 la revista International Book Review situó a Blasco Ibáñez entre los diez escritores más célebres del siglo XX ocupando la segunda posición a solo noventa votos de Herbert  George Wells.

En 1921 vuelve a Europa, a Francia donde en la Costa Azul ha comprado una villa, Fontana Rosa, recuerdo de su Malvarosa valenciana, en ella escribe novelas tipo best-seller.

De nuevo la aventura llamará a un Blasco Ibánez en sus últimos años. Dará la vuelta al mundo y escribirá sobre ello publicando La vuelta al mundo de un novelista, en tres volúmenes, en 1924. Durante seis meses a bordo del trasatlántico SS Franconia, el escritor visitará Estados Unidos, Cuba, Panamá, Hawái, Japón, Corea, Manchuria, China, Macao, Hong Kong, Filipinas, Java, Singapur, Birmania, Calcuta, India, Ceilán, Sudán, Nubia y Egipto.

A partir de 1923, año del incio de la dictadura del general Primo de Rivera en España, Blasco Ibáñez se unió a los intelectuales españoles exiliados en París para denunciar la situación política de España, participando y sufragando con su propio dinero una publicación, España con Honra. La campaña en España contra él fue de tal calibre que Blasco Ibáñez hubo de renunciar a su candidatura para el ingreso como miembro de la Real Academia Española de la Lengua.

Si Blasco Ibáñez fue un precursor en política, en el reportaje periodístico, en la creación de best-sellers no lo fue menos en el joven medio de masas: la cinematografía. Varias de sus obras fueron llevadas al cine casi desde que se publicaran. Un primer ejemplo es Los cuatro jinetes del Apocalipsis, dirigida por Rex Ingram y estrenada en 1921 que convirtió a Rodolfo Valentino en estrella mundial, Vincente Minnelli realizó una segunda versión en 1962, con Glenn Ford como principal protagonista y cambiando el escenario al de la Segunda Guerra Mundial. Sangre y arena, de 1922, fue otra de las novelas adaptades al cine, dirigida por Fred Niblo, y de nuevo con Rodolfo Valentino como protagonista, una segunda versión con el mismo título fue dirigida por Rouben Mamoulian en 1941 con Tyrone Power como protagonista.

El 28 de enero de 1928, un día antes de cumplir 61 años, falleció en su villa de Fontana Rosa en Mentón, Francia, a consecuencia de una neumonía, agravada por la diabetes que arrastraba desde hacía años. Dejó una novela inconclusa que iba a ser el relato de su vida y que llevaría por título La juventud del mundo.

Un año y nueve meses después de su fallecimiento, el 29 de octubre de 1933, sus restos mortales regresaron a Valencia, como había sido su deseo, a bordo del acorazado Jaime I, buque insignia de la armada española, siendo recibidos en un acto multitudinario, con cerca de trescientas mil personas, en un recorrido sobrecogedor desde el puerto hasta la Lonja donde se instaló la capilla ardiente, el féretro de Blasco Ibáñez fue llevado a hombros por los pescadores del barrio del Grao, de Valencia con respeto, gratitud y gran duelo. El artista valenciano Mariano Benlliure diseñó un sarcófago y el Ayuntamiento valenciano aprobó la construcción de un mausoleo pero el estallido de la Guerra Civil en 1936 frustró el proyecto. Los restos de Blasco Ibáñez fueron trasladados a un nicho provisional en el cementerio municipal de Valencia.

Tras la guerra civil y la victoria franquista su memoria fue borrada, sus libros prohibidos, su familia perseguida y sus bienes incautados. Las obras realizadas en lo que debía ser su mausoleo fueron destruidas y el solar donde se asentaba fue utilizado años más tarde para construir el crematorio del cementerio de Valencia.

Lean al hombre acción a través de sus grandes obras, obras que son reflejo de lo que fue aquel hombre que dijo de sí mismo:

“…pertenezco a esa classe de locos que anuncian utopías que al día siguiente son realidades”.

© All rights reserved Alberto García Gutiérrez

Alberto García Gutiérrez. Barcelona, España, 1974. Escritor, articulista, divulgador y creador del programa de radio y luego podcast Verne y Wells Ciencia Ficción. Consultor, asesor e introductor para la Editorial Gaspar & Rimbau.

Obras más recientes:

Guía de Seres Elementales y Otros Seres Fantásticos, Editorial Apache Libros.

Cuentos en el Espacio y el Tiempo, Editorial Gaspar & Rimbau

Introductor a las colecciones Recuerdos del Futuro y Recuerdos de la Tierra de los Sueños de la Editorial Gaspar & Rimbau

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