
—¿Te imaginas que llega a la otra orilla? —preguntó Miguel. Golpeó dos veces el cabo de aquel cigarro de bodega, y la ceniza cayó en el fondo de un vaso plástico donde todavía quedaba un poco de agua. Miraba el techo, como si ahí se proyectara el destino. Nada gusta más al intelectual que discurrir … Continuado