—Ra Horakhty… —susurró— Ra. Apenas entreabrió los ojos esmeralda, los cubrió con las patas delanteras formando un corazón. Seshat restregó el rostro en las mejillas aterciopeladas del minino. Como un camaleón, su pelaje trocó en un elegante gris al tiempo que la Titánida esparcía por el éter sonrosadas risas. Rodeaban el nenúfar capullos de tulipanes … Continuado