UN ANÁLISIS ESTILÍSTICO DEL POEMA “LLANTO POR IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS” DE FEDERICO GARCÍA LORCA. Federico Rivero Scarani

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías 

Federico García Lorca 

A mi querida amiga 
Encarnación López Júlvez 

 

 

 

 

   A las cinco de la tarde. 

 

Eran las cinco en punto de la tarde. 

 

Un niño trajo la blanca sábana 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Una espuerta de cal ya prevenida 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Lo demás era muerte y sólo muerte 

 

a las cinco de la tarde. 

 

   El viento se llevó los algodones 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Y el óxido sembró cristal y níquel 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Ya luchan la paloma y el leopardo 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Y un muslo con un asta desolada 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Comenzaron los sones del bordón 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Las campanas de arsénico y el humo 

 

a las cinco de la tarde. 

 

En las esquinas grupos de silencio 

 

a las cinco de la tarde. 

 

¡Y el toro solo corazón arriba! 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Cuando el sudor de nieve fue llegando 

 

a las cinco de la tarde, 

 

cuando la plaza se cubrió de yodo 

 

a las cinco de la tarde, 

 

la muerte puso huevos en la herida 

 

a las cinco de la tarde. 

 

A las cinco de la tarde. 

 

A las cinco en punto de la tarde. 

 

   Un ataúd con ruedas es la cama 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Huesos y flautas suenan en su oído 

 

a las cinco de la tarde. 

 

El toro ya mugía por su frente 

 

a las cinco de la tarde. 

 

El cuarto se irisaba de agonía 

 

a las cinco de la tarde. 

 

A lo lejos ya viene la gangrena 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Trompa de lirio por las verdes ingles 

 

a las cinco de la tarde. 

 

Las heridas quemaban como soles 

 

a las cinco de la tarde, 

 

y el gentío rompía las ventanas 

 

a las cinco de la tarde. 

 

A las cinco de la tarde. 

 

¡Ay qué terribles cinco de la tarde! 

 

¡Eran las cinco en todos los relojes! 

 

¡Eran las cinco en sombra de la tarde! 

 

 

En el lenguaje literario el contexto extraverbal y la situación dependen del lenguaje mismo, el lector no conoce nada acerca de ese contexto ni de esa situación antes de leer el texto literario. [1]  

El lenguaje literario constituye un discurso contextualmente cerrado y semánticamente orgánico el cual configura una verdad propia.  

El lenguaje connotativo es característico de la obra literaria, sin embargo no es exclusivo de esta. “Fenómeno de incidencia estilística y semiótica, se produce cuando el autor logra transmitir una serie de datos complementarios, dotando al discurso de un significado polivalente”. [2] 

En lo que refiere al lenguaje literario o poético, Aguiar e Silva asegura: “… para designar esta característica del lenguaje literario: plurisignificación. El lenguaje literario es plurisignificativo porque en él el signo lingüístico es portador de múltiples dimensiones semánticas y tiende a una multivalencia huyendo del significado unívoco que es propio de los lenguajes monosignificativos (discurso lógico, lenguaje jurídico, etc.)”. [3]  

Cuando el “yo lírico” en el poema “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico García Lorca, repite el verso “a las cinco de la tarde”, utilizando una anáfora para recalcar el tiempo, a su vez se producen “hechos” relacionados a la muerte de su amigo: es decir, el uso de esa figura retórica es propia del contexto del poema señalando, entre otras cosas, el tiempo interno en el poema, y esa “plurisignificación” que conduce a la serie de fenómenos que se producen a la hora de la muerte. 

No todo el poema citado contiene expresiones connotativas, aunque en su totalidad así sea; el lenguaje literario trasciende la literariedad como en el caso del verso que dice: “Lo demás era muerte y solo muerte”; aquí la palabra /muerte/ se expresa en su más amplio sentido denotativo o literal. Con respecto al contexto del poema, las palabras que se tejen en los versos, dan lugar a un contexto, pero también hay un contexto extraverbal: la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, la cual se convierte en el tema del poema de García Lorca. Esta forma lírica es una Elegía, o sea, “una composición poética en la que se lamenta un acontecimiento digno de ser llorado”. [4]  

Esta elegía se produce ante la cogida del toro y la consecuente muerte del amigo torero del “yo lírico”. La estructura del poemario “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, (el cual contiene cuatro poemas), desde la perspectiva semántica es de cuatro partes: 1- la cogida del toro y la muerte, 2- la sangre derramada, 3- cuerpo presente, 4- alma inspirada en la muerte del amigo. [5]  

  

En el poema aparecen elementos populares y cultos a la vez: “Un niño trajo la blanca sábana”, “Comenzaron los sones del bordón”. En este último verso se aprecia la “plurisignificación” de la que hace referencia Manuel Aguiar e Silva, y se produce en la palabra /bordón/; este “cultismo” del que hace gala el poeta, adquiere varios significados: “m. Bastón más alto que la estatura de un hombre, con una punta de hierro y en el medio de la cabeza unos botones que la adornan (…) Verso quebrado que se repite al fin de cada copla // Voz o frase que inadvertidamente, por hábito vicioso, repite una persona en la conversación (…)” [6] ¿A qué hará referencia el “bordón?”, ¿a ese bastón similar al rejón con el cual se da muerte al toro?, ¿o a la repetición anafórica en el poema? El hecho es que se abre a una interpretación abierta.  

La plurisignificación se valora también en el siguiente verso: “luchan la paloma y el leopardo”; estos dos animales adquieren un valor simbólico en el poema, ya que representan en su connotación al torero luchando contra el toro. En lo que se refiere al contexto, ya se dijo que hay uno creado por la poesía y el valor simbólico de las palabras: no obstante, también existe un contexto extraverbal que hace una referencia indirecta al gesto que tuvo Sánchez Mejías cuando apoyó económicamente un acto en el Ateneo (lugar donde se reunían poetas y pintores), en la fecha de conmemoración del poeta del Siglo de Oro español y referente para la Generación del 27 Luis de Góngora, lo que sirvió como un acta fundacional para un grupo de poetas que manifestaron su rebeldía ante la Academia. 

Aguiar e Silva asegura que “… el espacio literario es indisociable del mundo de los símbolos, de los mitos y de los arquetipos, y en él cobran las palabras dimensiones semánticas especiales”. [7] Federico García Lorca tenía sus propios símbolos personales: se manifestaron, muchos de ellos, en su libro “Romancero gitano”; por ejemplo el /verde/ era símbolo de /muerte/, la /luna/ también; el /caballo/ simbolizaba la fuerza atávica y la libertad, y así con otros. El manejo por parte de Lorca de las figuras retóricas es una constante: es así que se puede apreciar una “hipérbole” o exageración: “Las heridas quemaban como soles”: esta figura es compleja ya que dentro del verso que la constituye se aprecia una “comparación”: /como soles/. El poeta parece que sintiera el dolor: lo hace suyo y lo versifica. 

El crítico Camilo Valverde expresa: “El llanto es un lago de versos plagados de imágenes en que florecen la fuerza del símbolo y la pletórica imaginación de Lorca en continuas metáforas”. [8]  

El constante devenir de imágenes tan particulares manifiestan en el estilo del poeta, una inclinación estilística hacia el Surrealismo. Este movimiento literario liderado por André Bretón, ha influido en Lorca quien en su libro “Poeta en Nueva York” hace gala de esa estética. Un ejemplo en el poema dedicado a Sánchez Mejías es: “Y el óxido sembró cristal y níquel”. Desde la perspectiva de la forma de esta elegía, se puede decir que está estructurada en versos endecasílabos, y el octosílabo que se reitera como leit motiv, es decir, como un motivo constante. 

La transformación que hace el escritor con respecto al lenguaje usual es de relevancia porque al escribir o recitar puede ser hermético y oscuro en la composición literaria. En el lenguaje literario o poético se valora que los signos lingüísticos no solo valen por su significado; el significante también es primordial porque se aprecia el aspecto sonoro y rítmicos de las palabras y las expresiones. Si bien el valor semántico que adquiere la palabra en este poema, el poeta no deja de lado el aspecto auditivo.  

Desde una perspectiva del contenido, se aprecia en la elegía el uso de expresiones que connotan muerte: “pálida niebla”, “pálidos azufres”, “blanca sábana”, “espuerta de cal”, “sudor de nieve”. La palidez y la blancura se explayan entre los versos para significar la muerte irreversible. 

Estilísticamente el poeta utiliza un adverbio de tiempo: /cuando/, para referirse a la presencia de la muerte:  

“Cuando el sudor de nieve fue llegando 

a las cinco de la tarde, 

cuando la plaza se cubrió de yodo 

a las cinco de la tarde, 

la muerte puso huevos en la herida”. 

El yo lírico describe la muerte de su amigo por una cornada en el muslo. También ese instante perpetuo “a las cinco de la tarde”, (refleja una agonía), es poetizado con la imagen de un niño: “un niño trajo la blanca sábana”; se deja entrever que puede tratarse del ángel de la muerte expresado en ese niño que trae una sábana blanca como si fuera un sudario. La espuerta, una carretilla con cal, se utilizó para transportar el cuerpo del torero.  

Para finalizar es de destacar que se intentó un análisis literario en relación con algunos postulados del crítico portugués Vitor Manuel de Aguiar e Silva y su obra teórica “Teoría de la Literatura”. También se ha servido para dicho análisis de dos sitios web con el fin de abarcar la interpretación del poema “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico García Lorca, 5 de junio de 1898, 18 de agosto de 1936. 

 

[1] Aguiar e Silva, Víctor Manuel, Teoría de la Literatura, Ed. Gredos, Madrid 1999, pág. 16. 

[2] Ayuso, Victoria, Sagrario Solano, Diccionario Akal de Términos Literarios, Ed. Akal, 1990, pág. 78. 

[3] Aguiar e Silva, op. cit. págs. 19-20. 

[4] Diccionario de la Real Academia Española, Espasa-Calpe S.A., Madrid 1989, pág. 598. 

[5] www.universolorca.com 

[6] Diccionario, op. cit., pág. 226. 

[7] Aguiar e Silva, op. cit. pág. 25. 

[8] www.gibralfaro.uma.es 

 

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