Poemas de YO NO VINE A HACER AMIGOS. Ériq O Rulo Sáñez

Busco en el congelador unos filetes de pescado. Imagino los glaciares y las islas en que el frío los convirtió, como se hace glaciar lo que uno olvida mucho tiempo. Para hacer ese filete deberá descongelarse poco a poco pues meterlo al microondas es un error de novatos. No. más respeto a este pescado, que se caiga de él la costra de su frío mar de nevera. Entonces viene la sartén, el preparado. Condimentar sólo lo necesario para regalarle a ese pescado esa piel que ya no tiene y un aceite de bronceado. De algún modo  yo me siento en comunión con el pescado. El pescado no es un pez, es artificio de las aguas. Lo que vemos, lo que saboreamos, lo que se descongela tan fácil y se cocina tan veloz, es un legado del pez, ese que sigue en el océano. Acaso sea su obra maestra el entregarse, el ser pescado, después de desalojarse. En esa entrega de su cuerpo hacia el banquete mucho queda de admirar. Cómo quisiera hacer igual, como quisiera un día salir, desalojarme de mi cuerpo, ser un pez a la deriva y no un pescado en la sartén.

Las luminarias de la calle, cuando niño, tenían aspectos especiales para mí, primas mayores, se agachaban a mirarnos en las afueras de las fiestas de los grandes. Las madrugadas cubrían todo con su cobre y con el brillo remojado de su vaho. Lejos del ruido de la música de cumbia, junto a los coches, en los toldos, se iba el tiempo. Muy poco había que hacer, charlábamos, decíamos cosas turbias; parece que a la luz de ciertas horas, los niños se comportan, vagamente, como los adultos que serán.

Porque hoy me ha tocado levantarme del lado derecho de la vida, sé que soy ambidiestro; porque puedo decir que no hay un abismo al otro lado. Pero no puedo decir que ambos senderos de ser hombre los haya cruzado diestramente. Mis dos manos toman torpes el deseo cuando se estrechan y él se escapa entre mis dedos. Mi letra es inconstante y las palabras dejan manchas de su sangre al escribir, manchas de tinta que se corre entre mis manos y el cuaderno. A veces olvido con qué parte de mí mismo me he acostado y con cuál debo despertarme pero al centro, levantado, siempre queda algo de mí.

 

¿Cómo será que le llaman al viento

los pájaros con ganas de volar?
¿Con qué nombre lo invocan a alojarse
en esa casa abierta de sus alas?
¿Cómo será que le llaman al viento
los soldados que parten a pelear?
¿A qué mujer le rezan quedamente
con la esperanza de poder amarla?
Y el hombre de ciudad, entre los cables
y viejos edificios encorvados,
¿con qué nombre busca calmar su asfixia?

¿Cómo será que le llaman al viento
esos hombres con ganas de besar?

Quisiera yo saber cómo llamarle

sin invocar un huracán.

Aquí seguimos los desmadrugados

queriendo extender el día anterior.

Mirando ventanas en internet

ajenos al dominio de la noche.

Aquí extendemos la luz blanca y sola,

aquí empuñamos nuestra soledad,

aquí intentamos cazar los minutos

con el pretexto de un insomnio falso.

Alongamos al tiempo con el ansia,

con el hambre de encontrar un día fresco

y no perdernos su rayo de sol.

Queremos ser quienes abran las nubes,

quienes acaben dándoles calor

hasta volverlas un día provechoso.

*Estos poemas pertenecen al libro Yo no vine a hacer amigos (Amazon Kindle, 2021).

© All rights reserved Ériq O Rulo Sáñez

Ériq O Rulo Sáñez (Ciudad de México, 1986) Premio Nacional de Cuento Julio Torri, Premio Nacional Punto de Partida y finalista del Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor. Es egresado de la SOGEM y estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Ha publicado en El Universal, Letras Libres, Revista Este País y Círculo de Poesía, entre otros. Autor de “La Novela Zombi. Ficciones” y “Yo No Vine A Hacer Amigos”.

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