Aquella cotidianidad del pastel . . . Eduard Reboll

Pudieran preguntarse la razón del título. Muy bien; aquí su porqué: hurgar en la memoria de uno sabiendo que, el jet lag en Miami, te ha despertado a las 5.34 am. No tienes un artículo para el mes de Julio. Y el olvido es imposible, gracias a decenas de wasups de tu familia o un sinfín de messengers de tus coetáneos.

Hoy deberías soplar las velas en público y aún no sabes ni quién eres ni con quién lo vas a compartir. Sólo confirmo: la vejez en mi haber.

…cotidianidad en el pretérito

 

Un niño gordito con una bata de rayas en un colegio jesuita (…esto no es cierto, pero como me gusta mucho imaginar cuando estoy solo como ahora; se queda así. De hecho, la orden religiosa era Los Maristas). En mi pupitre, La historia sagrada en el momento que Moisés abre las aguas del Nilo. Una pluma sobre un tintero azul por rellenar. La vista mirando los deberes de mañana, en una pizarra de yeso verde. Un ansia por salir al patio y decir a viva voz a mis compañeros: “¡Soy mayor …ya tengo doce años. Y no soy un niño!”. En casa de mis padres me espera un pastel de vainilla y almendras, un círculo de miradas mientras soplo mi edad. Y cierta suma de dinero que iré depositando dentro la barriga de un cerdito de barro.

A cierta edad me he reunido con Eugenia en un restaurante conocido. Tengo la mano derecha sobre su izquierda encima de la mesa y el mantel nos lee, la emoción de estar enamorados. “Gracias. No me esperaba esta sorpresa”. Vino de Oporto en una copita de cristal, una plata con veintidós bombones de chocolate negro para confirmar la juventud y los años. Y de fondo, la guitarra de Carlos Santana en su álbum Abraxas.

Voy en bicicleta. Josefina Turull y yo llevamos siete meses por España pedaleando el país y aquella geografía humana. Sus paisajes nos llenan de dicha, y vacío a la vez, por descubrir lo que no tenemos cuando bajas las escaleras de la casa en tu ciudad. Nos

detenemos en el barranco de Formigal. “33 …como Jesucristo”, me dice ella mirando río abajo. Sí, la edad del hijo de Dios. Hago treinta y tres palmadas y a continuación, resuenan como un trombo hacia nuestro alrededor como una bendición de la naturaleza. Saco una botellita de 250 ml de champán Freixenet y seguimos pedaleando.

El curso escolar en Palm Springs se ha clausurado con éxito y buen hacer. Hemos hecho un resumen de los cumpleaños de los alumnos que lo conmemoran entre junio y agosto. Cerca a los alumnos pródigos, un servidor con 52 que lo hubiera celebrado el 29 de junio. Conclusión: pastelitos de guayaba y queso, galletas de hojaldre, coquitos, jugo de manzana, y una velita eléctrica que, al compás de la canción archiconocida y evocada por Marylin Monroe, nos despedimos.

…la cotidianidad en el hoy

He llegado de Catalunya hace tres días. Mi mujer adriática me ha dicho que en Miami seré feliz. Que allí está la gente donde yo me identifico y he convivido durante largo tiempo. Mis amores prohibidos, según ella. Mis objetivos literarios conseguidos y los ligados al mundo de la cultura. Mi paisaje floridano nada más salir de casa.

Voy a decir algo estúpido …Después de 25 años de vivir en esta ciudad es la primera  vez que celebro mi aniversario aquí. Siempre viajaba a mi país por estas fechas. A pesar de todo, es fácil deducir que un Jappy Verdei tu yu en spanglish será coreado en una mesa de algún restaurante latino de la capital de las Américas, mientras un trozo de tarta sea devora entre varios de mis floridanos.

Lo que ocurra hoy con 66 años, desafortunadamente, no se localiza en el último párrafo de este artículo.

Love you guys.

© All rights reserved Eduard Reboll

Eduard Reboll Barcelona,(Catalunya)

 

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