Al sentir los dedos de su hija palpar su barbilla, mi hermano, Daniel, empezó a llorar. Siempre lloraba cuando tenía miedo. Mi mamá se acercó a abrazarlo, intentando compartir el gozo de lo que confundió como lágrimas de felicidad. Crucé los ojos con los de Daniel un instante. Imagino me vio difusa a través de … Continuado