Para desaparecer le bastaban un par de monedas. Tomar el tren, dejarse ir por el camino trazado de antemano, elegir un destino al azar mientras se viaja. Las imágenes pasaban por la ventana recordándole esa peregrinación de pequeñas agonías de las que está compuesta la vida. Mientras se iban desgranando las estaciones, observaba casi siempre … Continuado