LA COSTRA TRAS DE LOS PÁRPADOS. Xalbador García

La vida no es más que una sucesión de instantes amalgamados por el dolor. Ningún actuar, ninguna emoción, ninguna hazaña puede mantenerse en la periferia de lo que supone el sufrimiento. Podría incluso reescribirse la historia de la humanidad a partir de la perspectiva que cada civilización ha cultivado de la pesadumbre que implica la existencia. En cada época, discursos religiosos, sociales e individuales fueron labrándose alrededor del dolor y sus claroscuros.

En la Antigüedad las desgracias eran percibidas como hechos inevitables, castigos de los dioses cuyo objetivo consistía en purgar un acto reprobatorio. Los individuos tenían que soportar estoicamente el castigo divino, como lo hace Aquiles en el séptimo canto de La Odisea, cuando le recuerdan: «Sabes perfectamente, extranjero, que Zeus desde su Olimpo, reparte felicidad tanto a los villanos como a los nobles, lo que él quiere para cada cual: si te ha dado estos males, debes soportarlos».

En cambio, y además de purificar, el dolor para los cristianos lleva un rasgo que une al hombre con lo divino. El martirio de Jesús es sagrado y por eso mismo deja de ser pura pérdida. Sin extraviar ninguno de sus rasgos de pesadumbre, el dolor de los cristianos abre la posibilidad de admitir matices positivos en el sufrimiento. El sacrificio es en sí mismo sacro: «¿Y de qué vale la vida si no es para darla?», señala Anne Vercors, cuando muere su hija Violane en La anunciación a María, texto dramático y una de las obras maestras del escritor católico Paul Claudel.

Frente a estos ejemplos hay una gran diferencia con la cultura del siglo XXI, en la que se percibe la necesidad, no sólo salubre sino hasta con pliegues económicos, por negar las maneras del sufrimiento. La «tendencia a ocultar el dolor o el intento de ‘anestesiarlo’ con su puesta en escena en los medios de comunicación, es índice de una humanidad encogida, sin libertad para afrontar un aspecto importante de la experiencia del vivir, una humanidad pobre y temerosa», menciona el poeta Davide Rondoni.

Sin embargo, desde finales de 2019 un tsunami de dolor se ha instalado en nuestra civilización. Una cultura como la nuestra que le temía al sufrimiento se enfrenta a la muerte diaria en la soledad de los hospitales o en las habitaciones entre tinieblas muchas veces sin compañía. La mácula se extiende entre las casas gélidas y durante el café en soledad, donde la enfermedad o el desconsuelo por la pérdida desnudan al individuo y lo muestran tal y como es.

En ese dolor nos reconocemos, nos acompañamos, nos hermanamos. Y entonces lo hemos comprendido: por más que se maquille en redes sociales o frente a los otros, hay sangre entre los dientes, hay sangre entre los pliegues del alma. Se trata del dolor que germina justo antes de dormir, donde no hay máscara cuando los malestares aquejan al cuerpo y, si nos atenemos a un discurso religioso, tampoco hay máscaras cuando la amargura taladra al espíritu. Es el dolor que también padeció el inglés Cyril Conolly, a quien hoy nos convoca la sangre: «Yo soy uno de esos seres a los que el sufrimiento ha vaciado y hecho frívolos: cada noche en mis sueños arranco la costra de una herida; cada día, presa de la banalidad y la costumbre, dejo que se vuelva a formar».

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XALBADOR GARCÍA (Cuernavaca, México, 1982) es Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y Maestro y Doctor en Literatura Hispanoamericana por El Colegio de San Luis (Colsan).
Es autor de Paredón Nocturno (UAEM, 2004) y La isla de Ulises (Porrúa, 2014), y coautor de El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015). Ha publicado las ediciones críticas de El campeón, de Antonio M. Abad (Instituto Cervantes, 2013); Los raros. 1896, de Rubén Darío (Colsan, 2013) y La bohemia de la muerte, de Julio Sesto (Colsan, 2015).

Realizó estancias de investigación en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad del Ateneo, en Manila, Filipinas, en la que también se desempeñó como catedrático. En 2009 fue becado por el Fondo Estatal pJara la CulturPoesía, ensayo y narrativa suya han aparecido en diversas revistas del mundo, como Letras Libres (México), La estafeta del viento (España), Cuaderno Rojo Estelar (Estados Unidos), Conseup (Ecuador) y Perro Berde (Filipinas). Fue editor de la revista generacional Los perros del alba y su columna cultural “Vientre de Cabra”, apareció en el diario La Jornada Morelos por diez años. 
Actualmente es colaborador del Instituto Cervantes de España, en su filial de Manila y mantiene el blog: vientre de cabra.

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