Cinco digresiones sobre José Donoso y el boom y post-boom latinoamericano (1). Luis Benítez

José Donoso en 1981 fotografía Elisa Cabot, Wikipedia

Digresión primera

En el volumen titulado Aquellos años del boom (Editorial RBA, 2014), del periodista español Xavi Ayén, la superagente literaria Carmen Balcells Segalá, la «Mama Grande» del fenómeno y su principal impulsora junto con el propietario de Seix Barral, Carlos Barral y Agesta, afirma: El invento de la palabra boom no fue para constituir una fraternidad de amigos, para relacionarse afablemente e irse de excursión al campo con las familias. No, no, no… Aquello era un lobby, algo que tiene que ver con el poder literario. Con vender, ¿comprende? Vender. Y, tantas décadas después, aún funciona el invento. Venden millones de ejemplares, le dijo Balcells a Ayén.

Como mínimo, el boom ofrece dos caras, como el dios Jano: una construcción cultural y a la vez comercial, facetas que se complementan, interceptan, interactúan, se interpelan y se modifican recíprocamente. Sin la una no hubiese existido la otra. En ocasiones la lógica del capitalismo genera eclosiones culturales enriquecedoras, en el doble sentido de la misma expresión.

Digresión segunda

Como construcción cultural innovadora, el boom debía establecer una modificación del canon internacional, abriendo paso a una vanguardia latinoamericana, argumentación todavía posible en los ’60, tiempos previos a la posmodernidad que disolvió la potencia del término. Sin embargo, las vanguardias (término de origen militar) necesitan de una retaguardia (mismo origen) que asegure su avance en la escala de lo temporal, a fin de no agotar su permanencia y en tanto y en cuanto se acepten las jerarquías preestablecidas. Los generales del boom fueron los luego archiconocidos Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes. Los mandos medios no ofrecen una definición tan clara ni aceptada y hasta hubo que publicitar un post-boom para solidificar la afirmación anterior, al tiempo que se garantizaba la continuidad de las ganancias de editores y agentes literarios. La curiosa maniobra permitió inclusive asociar al boom propiamente dicho a antecesores y continuadores, brindándole a todo el conjunto una instalación todavía más concreta en la cultura. Juan Rulfo, Elena Garro, María Luisa Bombal, Clarice Lispector, Augusto Roa Bastos, entre otros, fueron asignados a la condición de precedentes. La continuidad, el post-boom, fue establecida gracias a la asociación de otras obras y otros nombres: Luisa Valenzuela, Giannina Braschi, Cristina Peri Rossi, Elena Poniatowska,​ Isabel Allende, Antonio Skármeta, y Gustavo Sainz, también entre otros. El chileno José Donoso aparece cabalgando entre ambos períodos, de igual modo que el argentino Manuel Puig: ambos atravesaron la fiesta literaria y comercial del boom y hasta publicaron algunas de sus mayores obras ya terminado este. Llamativamente, el período de los antecesores y el de los continuadores del fenómeno son los únicos que incluyen escritoras, asegurando el rol de los masculinos asignados al papel principal e «indiscutiblemente canonizado» del boom propiamente dicho.

Digresión tercera

La obra de Donoso, tan celebrada como estudiada, que coincide con el estallido del boom y recibe su impulso es su novela corta El lugar sin límites, publicada por la Editorial Joaquín Mortiz, en México, 1966, el mismo sello que un año después publicó la novela Cambio de piel, de Carlos Fuentes, ganadora del Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral en España. Como ya sabemos, la diégesis de El lugar sin límites tiene por protagonista a Manuela González Astica, un homosexual travestido que regentea un burdel en la remota localidad chilena de El Olivo, propiedad casi exclusiva del poderoso diputado y terrateniente local Alejandro Cruz, Don Alejo, de quienes prácticamente todos sus pobladores dependen, directa o indirectamente. Tal como lo resalta Severo Sarduy en su obra Ensayos generales sobre el barroco (Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1987), la inversión central, la de Manuela, desencadena una serie de inversiones: la sucesión de éstas estructuran la novela. En este sentido, El lugar sin límites continúa la tradición mítica del mundo al revés (…). El significado de la novela, más que el travestismo, es decir, la apariencia de inversión sexual, es la inversión en sí: una cadena metonímica de vuelcos, de desenlaces transpuestos, domina la progresión narrativa. Inversión que desplaza en la novela de Donoso el tradicional rol protagónico del varón heterosexual, sí figura central en las obras de Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa y Carlos Fuentes, los cuatro mosqueteros del boom, por la de un travesti, madame de un prostíbulo, en un sitio tan sórdido como El Olivo, carente en absoluto de los mágicos encantos de Macondo, París, u otros carismáticos ambientes como los pergeñados en ocasiones por Vargas Llosa o Fuentes. Y lo hace Donoso en 1966, hace más de medio siglo ya.

Digresión cuarta

La inversión de valores, escenarios y protagonistas operada por Donoso en su novela posee múltiples facetas, una de las cuales es bien señalada por la Doctora en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, Miriam Pino, en su trabajo Modernidad, cultura de latifundio y cultura minoritaria en El lugar sin límites (1966) de José Donoso, cuando refiere: La historia de la travesti Manuela González Astica permite acceder al modo en que se entiende América Latina, la heterogeneidad y la modernidad enraizadas en no pocos casos, a través de enclaves corporativos donde la cultura del latifundio conjuga sometimiento, patriarcado y género. Entiendo esta tríada como una unidad altamente problemática que es recreada y cuestionada a partir de producciones artísticas. El lugar sin límites fue publicado en el período bien conocido como el ‘Boom’ de la literatura latinoamericana y muchas veces fue considerado por los críticos como un mero ejercicio de su siguiente novela El obsceno pájaro de la noche. No obstante, un análisis más profundo nos permite inferir que se trata de una pieza clave de la producción donosiana mediante la que es posible discernir una crítica al Estado moderno chileno de la década de los sesenta, al resaltar dimensiones socioeconómicas del derroche y reconocer sujetos ‘fuera de lugar’. Patriarcado, sometimiento y género bien enraizados en el mensaje y metamensaje transmitidos por obras anteriores, contemporáneas y posteriores al boom latinoamericano, a los que la inversión manifiesta en El lugar sin límites hace algo más que lesionar: la novela de Donoso abre desde un sitial de prestigio y difusión el juego de inversiones que décadas más tarde, con la evolución de la cultura, deparará la mayor publicación y divulgación de los antes «sujetos fuera de lugar»: textos que en factura de novelas, relatos y cuentos, atenderán a referir las peripecias de protagonistas LGBT, ya visibilizados y aceptados como sujetos literarios por el canon y no relegados a las áreas marginales y/o censuradas, barridos fuera del campo de lo admisible.

Digresión quinta

Desde luego que estas meras especulaciones en cuanto a la calidad propia y la proyección alcanzada por El lugar sin límites de José Donoso no agotan, ni por asomo, cuanto puede decirse respecto de su obra, esta novela corta en sí, ni la relevancia de su aporte en fecha tan lejana como los años ’60, durante el boom latinoamericano, para favorecer el ingreso de un nuevo tipo de textos en el canon actual, cuando se multiplican los títulos y lanzamientos editoriales de similar espectro. Antes  bien, atienden a establecer un posible punto de partida para discusiones y debates posteriores.

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(1) Una versión abreviada de este mismo texto fue leída por el autor en el marco de The Gronthee «Latin American Literature» Talk, concretado el pasado 27 de marzo de 2021, a las 2 P.M. hora de Londres, vía Zoom, que contó además con la participación de los autores Sajjad Sharif (Bangladesh), Tapodhir Bhattacharjee (India), Roberto Echavarren (Uruguay), Luis González-Barrios (España), Enrique Bernales Albites (Perú), Ana López H. (Colombia), Romina Freschi (Argentina), Carlos Reyes Manzo (Chile), Rossana Camarena (México) y Gaby Sambuccetti (Argentina/Reino Unido). La organización estuvo a cargo de la Saudha Society of Poetry & Indian Music, la revista La Ninfa Eco y la Radha Raman Society, con la coordinación general del poeta Ahmed Kaysher (Bangladesh /Reino Unido).

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© All rights reserved Luis Benítez

Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay

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