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Puede 2024

LA VEJEZ DEL TIEMPO. Xalbador García

I

Las ciudades suelen morir por las mañanas, cuando apenas sueltan sus primeros bostezos. Entre los edificios se va dibujando la muerte. Susurra su presencia en naranja, entre la niebla, por los huecos de los edificios gigantes de una metrópoli salida de la imaginación de un dibujante del siglo pasado. No dice nada. Ni el tiempo ni la muerte suelen decir mucho. Amanece temprano para morir a buena hora.

He sentido esa presencia.

Un taxi nos conducía por una carretera que serpenteaba hacia la nada. Luego de una noche de olvidos y esperanzas no comprendimos que moríamos junto a esa ciudad en ese instante marcado por el cansancio en Oriente. El pestañeo de una conversación hacía soportable la elegante agonía. Era posible incluso olerse, pero nosotros sólo buscábamos dormir. Qué lentitud, la de la muerte del tiempo: se nos confunde con la vida.

II

“Libre” y “solo” son los adjetivos que más acomodan al viajero, al verdadero viajero, no al turista. Libertad y soledad, sus armas, pero también sus lastres, lo que una noche —una noche de mil años–— no se acomoda en la almohada.

Se fue un día para saber los secretos de las líneas de sus manos. Regresó con las mismas líneas, algunas de las mismas preguntas, pero ahora las palmas registraban veredas, caminos, huellas de lo andado. Pese a las apariencias, nada podía seguir igual.

Cuando le tocaban el rostro cerraba los ojos contemplando el paisaje sembrado dentro de su pecho. Nadie podía verlo. Luego de algunos años, nuevamente despedimos al viajero. De sus manos sangrantes iban brotando historias jamás contadas. Él era más viejo que el tiempo. Aún hoy me hacen falta sus palabras.

III

Las Teorías de la Relatividad Especial y General de Einstein transgredieron la idea del tiempo como una constante universal. La situación se complica si estas teorías se pretenden congeniar con las de la física cuántica (que gobierna el dominio de lo diminuto), así lo expresa Simon Saunders, filósofo de la física de la Universidad de Oxford. Otros, como Carlo Rovelli, físico de la Universidad del Mediterráneo en Marsella, señalan que la mejor forma de expresar la realidad posiblemente sea percibiendo al Universo como atemporal.

En este sentido: no hay tiempo del tiempo. El segundero no puede avanzar porque ni siquiera tenemos segundero. Varados en una realidad sin principio ni final, desnudos de todo andamiaje temporal, habría que andar despacio. Sin saberlo, ya hemos llegado. Aquí y allá es lo mismo. No hay fronteras ni intersticios. Las pieles se reconocen. Habrá que susurrarlo. Hermosa palabra: susurro.

IV

Te esperaba en ese café, en esa ciudad, justo en esa herida de la tarde. Había nacido para ese instante. Los años frente a la sombra de un amor disecado, el sabor de las caderas tatuadas en los labios, la clemencia de las caricias infantiles, el recuerdo envejecido por el odio, los senos comprados a las damas de ceniza. Todo ello fue tan sólo una preparación para estar junto a ti. Tu sonrisa se hizo el camino de la madrugada para hallarte más desnuda que todos los llamados del abismo.

En tu reloj había otra hora; otra tierra, en tu piel. El café y las sonrisas, la noche y los tragos, hicieron desparecer aquellas distancias de tiempo y geografías. Nos negamos a que la mañana y el mañana llegaran. Entre las sábanas puede comprenderse el peregrinaje del tiempo. Como las llagas bajo la carne, también hay tequilas, besos y amores eternos.

 

 

 

 

© All rights reserved Xalbador Garcia

XALBADOR GARCÍA (Cuernavaca, México, 1982) es Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y Maestro y Doctor en Literatura Hispanoamericana por El Colegio de San Luis (Colsan).
Es autor de Paredón Nocturno (UAEM, 2004) y La isla de Ulises (Porrúa, 2014), y coautor de El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015). Ha publicado las ediciones críticas de El campeón, de Antonio M. Abad (Instituto Cervantes, 2013); Los raros. 1896, de Rubén Darío (Colsan, 2013) y La bohemia de la muerte, de Julio Sesto (Colsan, 2015).

Realizó estancias de investigación en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad del Ateneo, en Manila, Filipinas, en la que también se desempeñó como catedrático. En 2009 fue becado por el Fondo Estatal pJara la CulturPoesía, ensayo y narrativa suya han aparecido en diversas revistas del mundo, como Letras Libres (México), La estafeta del viento (España), Cuaderno Rojo Estelar (Estados Unidos), Conseup (Ecuador) y Perro Berde (Filipinas). Fue editor de la revista generacional Los perros del alba y su columna cultural “Vientre de Cabra”, apareció en el diario La Jornada Morelos por diez años. 
Actualmente es colaborador del Instituto Cervantes de España, en su filial de Manila y mantiene el blog: vientre de cabra.

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