VICENTE QUIRARTE O LA BÚSQUEDA DE LA ESCRITURA AUSENTE. Xalbador García

Qué es la escritura sino una partida constante contra la muerte. Vencer el silencio, ser escuchados en ausencia, matizar lo efímero de la vida humana. Si posarse frente a la hoja en blanco significa un salto al acantilado, llevar hasta el límite el acto de creación verbal para expresar —por medio de signos— ideas, pasiones, razonamientos, fobias, inquietudes, se vuelve un acto de salvación. Las dudas se disipan, las carencias se ennoblecen, las miserias se hacen más llevaderas. Hay un puerto seguro tras el punto final. Puerto que simboliza, al mismo tiempo, llegada y promesa de partida.  

Pero qué sucede cuando el acto de escritura se resquebraja. Cuando el mutismo es el cáncer que carcome a quien intenta crear. Cuando las palabras no brotan, sino que se quedan al interior de un alma cuya máxima aspiración es expresarse. ¿Cuánto silencio puede aguantar una vida? Vicente Quirarte ensaya una respuesta: “Crear es respirar y no crear equivale a morir. Crear es vivir y dejar de hacerlo es una muerte más larga que la muerte”.  

En La invencible (Joaquín Mortiz, 2012), el poeta y catedrático mexicano nos conduce a los rincones más oscuros, más dolorosos, más sangrantes del silencio que se resuelven en la muerte. Libro-bazuca, libro-daga, libro-guillotina, no hay palabra en sus líneas que nieguen la honestidad. En los ensayos que componen el libro, Quirarte se vuelca a responder dos preguntas tan profundas como imprescindible: ¿De qué artilugios existenciales está nutrida la creación literaria?, y ¿por qué su padre, el historiador y catedrático Martín Quirarte, se quitó la vida cuando el silencio nubló sus proyectos de escritura?  

Desde estos dos polos, el personal y el literario, el libro es un recorrido luminoso de tan agreste, cálido de tan honesto, lóbrego de tan humano. Línea a línea es un texto que habita en los estantes de la literatura que exige inteligencia, sensibilidad, reflexión. Nadie queda a salvo. Sus palabras ahondan en nuestros demonios, al mismo tiempo que nos regalan promesas de misericordia: “El suicida es el mayor de los ególatras, pero también el más justificado: luego de superar todos los miedos encuentra que la existencia es absurda y no reconoce más la mediocre recompensa del diario transcurrir”.  

La invencible es un texto fundamental para quienes buscan comprender la creación literaria, pero también para quienes han sido infectados por la bella costumbre de formar universos con palabras: “Cuando yo era niño, mi abuela me decía que si me miraba demasiado en el espejo se me iba a aparecer el diablo. La frase está llena de sabiduría y de símbolos pero en esos años fue para mí la más terrible de las maldiciones. El escritor es el más solitario de los seres y por tanto el más expuesto a convocar al diablo. El recurso natural, biofílico, es la creación que exorciza y purifica, aunque toque lo más deleznable y corrupto. Quien no puede estar a solas consigo mismo no debe intentar escribir”.   

Tratado de escritura, manifiesto de orfandad, búsqueda del padre, los ensayos de Quirarte visitan las perspectivas de diversos autores que se han enfrentado a la criatura de la creación y a la criatura del suicido. Si en algún momento expresa: “Los hijos del suicida conocemos una ruta de salida. Nuestro doble trabajo consiste en explorar otros senderos”. En otro de los apartados propone: “Toma lo que puedas para enfrentar lo que puede destrozarte”. 

Y ahí una de las claves del libro. Salvarse es la consigna. Salvarse del silencio, por supuesto, pero también salvarse que significa mirar de frente a la realidad de puto espanto y montarle una sonrisa. Porque, como bien lo explica Quirarte, sólo de las zonas más oscuras del ser humano nacen las verdaderas propuestas de salvación. 

La invencible se erige como un recordatorio de que la literatura, la verdadera literatura, la única literatura, está alejada de modas del mercado o estridencias académicas; se fragua en otras geografías donde el reconocimiento entre seres humanos se alimenta de esa especie en extinción que es la compasión por el dolor ajeno. Se trata de un libro que trascenderá por sus significados y propuestas, por su valentía y coraje. Las palabras de Vicente Quirarte nos salvan y, con ello, vencen al siempre inquietante mutismo de la fugaz existencia.  

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XALBADOR GARCÍA (Cuernavaca, México, 1982) es Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y Maestro y Doctor en Literatura Hispanoamericana por El Colegio de San Luis (Colsan).
Es autor de Paredón Nocturno (UAEM, 2004) y La isla de Ulises (Porrúa, 2014), y coautor de El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015). Ha publicado las ediciones críticas de El campeón, de Antonio M. Abad (Instituto Cervantes, 2013); Los raros. 1896, de Rubén Darío (Colsan, 2013) y La bohemia de la muerte, de Julio Sesto (Colsan, 2015).

Realizó estancias de investigación en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad del Ateneo, en Manila, Filipinas, en la que también se desempeñó como catedrático. En 2009 fue becado por el Fondo Estatal pJara la CulturPoesía, ensayo y narrativa suya han aparecido en diversas revistas del mundo, como Letras Libres (México), La estafeta del viento (España), Cuaderno Rojo Estelar (Estados Unidos), Conseup (Ecuador) y Perro Berde (Filipinas). Fue editor de la revista generacional Los perros del alba y su columna cultural “Vientre de Cabra”, apareció en el diario La Jornada Morelos por diez años. 
Actualmente es colaborador del Instituto Cervantes de España, en su filial de Manila y mantiene el blog: vientre de cabra.

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