Aun cuando me avergüence admitirlo, pertenecía a esa camada de niños que descartaban la lectura de libros que no fueran ilustrados, aquella que exigía libros con “muñequitos” antes siquiera abrirlos. La biblioteca de mi padre, para mi fortuna, contaba con variados libros, con ilustraciones de aviones, animales y mapas. Pero en la sección de literatura, … Continuado