Desabrida, pensó él. ¿Quién me manda a estar aquí? Quiero fumar un porro, pensó ella, arrugando los pliegues de su parte del mantel. Pero ah, no. No vaya a ser que el suegrito se nos muera, pensó él, levantando la vista en busca de la sal. Como si no quisieran que se … Continuado