Me inventas por la mañana. Bajo los aleros del ático, cuando la luz se tira hacia un lado a través de la ventana sucia, me haces con tus cuchillos y tu cuidadoso desarmador. Los tablones desnudos del piso están cubiertos de pequeños rizos de lo que era antes. —Aquí estás —me susurras en mis orejas recién talladas—. Aquí estás. Tus dedos son largos y rápidos, las uñas mordidas hasta … Continuado