El Río burbujeante inicia su recorrido cotidiano. Se estira y contornea, colándose por la puerta de la cocina. Va creciendo y ocupa la sala, lamiendo las migajas de la pizza devorada frente al televisor la noche anterior, serpenteando sigiloso por el pasillo donde arrasa con los juguetes olvidados de Miguelito. Se escurre en la habitación … Continuado