Me mandaron a arreglar un par de asuntos del trabajo a Coahuila y Durango porque mi jefe no quiso ir. —Ve tú, que no tienes familia —me dijo. Supongo que no pude ocultar mi indignación, porque de inmediato trató de arreglarlo: —O sea, no tienes hijos, alguien que dependa de ti. No me convenció pero … Continuado