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Octubre 2026

EL VUELO. Erendira Paz López

Hoy salí a caminar junto al Grand River. Contemplar la naturaleza ha sido siempre mi manera de regresar a ese lugar de mí que la prisa, las obligaciones y el ruido van cubriendo sin que me dé cuenta. Frente al río, algo comienza a aquietarse. Nada parece tener urgencia y, sin embargo, todo sucede: el agua avanza, las ramas ceden, la luz cambia de sitio. La vida sigue su curso sin pedirle permiso a nadie.

Cerca de la orilla, una garza permanecía erguida sobre sus largas patas. Su quietud podía parecer indiferencia, pero en ella había una vida entera pendiente del río. Esperaba con el cuerpo inmóvil y los sentidos despiertos. Me quedé mirándola. Tal vez porque yo había llegado hasta allí con la cabeza llena de asuntos por resolver y ella parecía conocer algo que a mí se me olvidaba: no todos los instantes nos piden movimiento.

Entonces desplegó las alas. El cuerpo que un momento antes parecía tan frágil se sostuvo en el aire con una fuerza serena, sin brusquedad. Sus largas patas quedaron detrás de ella y, al tomar altura, el cuello se recogió sobre el pecho. Su figura cambió ante mis ojos. Lo que en la orilla le había permitido esperar encontraba ahora otra forma para continuar.

Volaba con un ritmo amplio, sin gastar toda su fuerza en cada movimiento. Batía las alas y después dejaba que el aire la llevara un poco más lejos. Cuando la corriente cambiaba, ella cambiaba con la corriente. No abandonaba su rumbo ni hacía del viento un enemigo. Al verla, pensé en cuánto cansancio nos cuesta insistir en atravesar la vida siempre de la misma manera.

Hay días en que respondemos a todo, incluso a lo que apenas merece una mirada. Explicamos decisiones que nos costó tomar, sostenemos conversaciones que nos dejan temblando por dentro y seguimos diciendo que sí cuando ya no encontramos dónde descansar. Nos acostumbramos tanto a estar disponibles que cualquier pausa empieza a parecernos una falta.

La garza recogía el cuello mientras volaba. Aquel gesto, tan sencillo, me conmovió más que la amplitud de sus alas. Había en él una forma de cuidado. Comprendí que también yo podía volver hacia mi centro sin desaparecer de la vida de nadie; podía guardar una parte de mi fuerza para seguir mi camino. Contraerse no es desaparecer. A veces es la forma más profunda de permanecer.

Seguí su vuelo sobre el río. No parecía empeñada en llegar antes ni más alto. Avanzaba a su propio ritmo y, por momentos, el viento y sus alas parecían compartir un mismo movimiento. Su blancura fue perdiéndose entre las nubes hasta quedar reducida a una claridad apenas visible.

Permanecí un rato más junto al Grand River. Escuché el caudal y sentí que algo dentro de mí había dejado de apretarse. El río siguió su curso; la garza desapareció entre las nubes, pero el vuelo permaneció conmigo.

 

 

© All rights reserved Erendira Paz López

 

 

Erendira Paz López. Psicóloga clínica egresada de la Universidad Autónoma de Sinaloa (2006–2011), con especialización en salud mental, psicoterapia humanista, género y adicciones.

Ha trabajado en instituciones como el Hospital Pediátrico de Sinaloa, clínicas de rehabilitación y programas de formación con CEPAVIF y SEMUJERES.

Colaboradora en medios como TV Azteca Culiacán, TVP, Grupo ACIR y la revista Gente Sinaloa.

Cuenta con certificaciones otorgadas por CONOCER, CONADIC y la CNDH en violencia, derechos humanos y atención psicosocial.

Entre 2019 y 2022 coordinó en Culiacán las acciones de la Ley Sabina, enfocadas en la defensa de los derechos económicos y judiciales de madres e infancias.

Actualmente reside en Canadá, donde ejerce como terapeuta, acompañando a mujeres migrantes en sus procesos de empoderamiento, reconstrucción emocional y fortalecimiento.

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