LA POLIFONÍA, UNA ESTÉTICA DE LA SOLIDARIDAD. Graciela Perosio.

 

      Estas páginas que acerco hoy a mi columna La aldaba del desierto configuran lo que voy a llamar un texto híbrido. No sería correcto clasificarlo como una reseña porque desborda ese molde, hubo aquí un libro sobre el que hice, hace un tiempo, una contratapa y después se me invitó a presentarlo. Pero lo que surgió se parece a un diálogo socrático —salvando las distancias— porque hay una voz —la mía— que utiliza el pedido, para reflexionar sobre una realidad mayor ante un público que, tanto puede calificarse de amigos y amigas como de alumnos y alumnas. Como en los prestigiosos diálogos del origen de nuestra Filosofía Occidental, uno de ellos, el autor del libro, responde ciertos interrogantes, pero la finalidad de este encuentro es la reflexión profunda sobre la totalidad. En nuestro caso partió del libro y de Argentina para expandirse hacia la realidad global de este momento regido aún por el neoliberalismo y sus «valores», en fin, creo que debiera escribir «intereses», es más honesto.

Escribí la contratapa de Volver a principios del 2020, por supuesto antes de que se editara y ahora, su autor, Eduardo Pocztaruk, insistió en que fuera también yo quien hablase en esta presentación postpandémica. Así que, en fin está visto que hay que ¡volver! En aquel momento el verbo «volver» se asociaba con el regreso al poder del peronismo ¿Y hoy a dónde quiere el autor que vuelva yo respecto de su escritura? Porque Eduardo —su libro lo demuestra— es un gran intuitivo.

Se puede comentar este libro haciendo pié en la historia personal del poeta, en su recuperación de infancia, su fidelidad al barrio, a los afectos primeros. Pertenece a una tradición, podríamos asociarlo con el sencillismo de Carriego, se puede volver con él a Baldomero Fernández Moreno, aludido en un poema muy fuerte referido a la salud y sabemos que Baldomero era médico y después entrar a los´60 con las citas de Gianuzzi que aparece en los textos y también en uno de los epígrafes, aludiendo a la valoración de los vínculos familiares por la observación del crecimiento de la hija. Pero creo adivinar que Eduardo no quería que yo llegara allí y me detuviera. Quería que avanzara más. Este trabajo es un fin de etapa y vaticino un cambio de aquí en más en él, en su forma de escribir y de leer. Cuando al leerlo por primera vez, le indiqué que buscara más adelante las reflexiones de Eduardo Romano sobre las letras de tango y sobre la canción popular, especialmente el análisis sobre el personaje de Sandro que construyó Roberto Sánchez, me encontré con que él se zambulló inmediatamente en esto, o sea, estaba sediento de algo y quería ver qué le podía ayudar. Además, lo dice en el libro, fíjense que «casualmente» el ultimo poema se titula Mariposa y ésta en la tradición literaria es el símbolo por excelencia de la metamorfosis. Y yo me preguntaba como el texto entonces ¿por qué igual te vas y te vas? O sea, el libro alude al pasado, lo homenajea, obviamente, pero anuncia y necesita un futuro con nuevos caminos a recorrer. Al releerlo me detuve a reflexionar sobre los epígrafes de canciones que forman un verdadero intertexto porque están siempre acompañando al poema. Consulté con el autor y le dije ¿pero no partiste de esas citas, eso es posterior, verdad? Efectivamente, me contestó Eduardo, una vez terminados los  poemas empecé a darme cuenta de que se relacionaban con momentos en que alguna canción se había vuelto significativa en mi vida y me puse a buscarlas. Es decir, Eduardo frente al corpus sintió que no lo conformaba porque había algo más que tenía que descubrir y lo buscó de esta manera. El poemario insiste en mostrar que esta historia personal que se cuenta está inserta en una historia comunitaria, él cuenta una vida de alguien de un sector social medio judío, pero se siente al leer el libro que toda la clase media argentina se incendió por completo como la propiedad de la familia del que escribe. Juan Gelman solía decirme que la clase media porteña sufre de cierta esquizofrenia, no sabe quién es ni con quiénes se puede asociar y con quiénes no. Estos poemas también muestran esa búsqueda de identidad, en la página 57 leemos Quién soy que lleva la cita de la banda rockera Intoxicados: Hace tiempo que no sé quién soy. / Buscando algo para estar mejor. / ¿A quién preguntar?/ ¿Quién sabrá decirme la verdad?

Entonces, Pocztaruk adoptó este criterio compositivo: sumó a su voz, otras que sonaran al unísono con la suya y lo transformó en un texto polifónico. En doble eje. Polifonía sincrónica y diacrónica.

Y aquí necesito detenerme sobre el sonido como fenómeno físico. Es el único fenómeno físico donde lo individual se puede fundir con otras individualidades sin modificar su ser. En un coro, puedo escuchar la sumatoria de sonido de las voces pero si me acerco a un coreuta oigo su voz perfectamente igual, sin que se modifique respecto de cuando canta solo. Además, como lo adelanté en el título, el canto coral es una estética de la solidaridad donde los bajos y contraltos le prestan ciertos sonidos a los tenores y sopranos y viceversa para todos juntos cubrir una escala sonora que cada uno solo no podría. Me gusta agregar que la polifonía es un modo de construir nación, allí no existen brechas insalvables ni despersonalización debida a las alianzas y apuesto a que no es casual que cada vez que sube un ministro de educación neoliberal, pretenda sacar las horas de música de la escuela primaria para reemplazarlas por computación. ¡Jamás lo permitan! No es una cuestión naive.

Pero les decía que en este libro hay dos ejes de polifonía, el de la simultaneidad más o menos cercana en el tiempo, eje sincrónico. Y otro diacrónico porque algunas de las letras son de principios del siglo XX. Es interesante reflexionar sobre las posibilidades de este recurso que nos permite superar las fronteras espaciales y temporales. Ahora bien, ¿a quiénes eligió E. P. para que acompañen sus versos?  Fíjense: hay una cita de una banda española, hay mexicanos, portorriqueños, Violeta Parra, chilena, Silvio Rodríguez, cubano, al menos dos uruguayos, más todos los autores nacionales de folklore tradicional como Atahualpa, de difusión del folklore como Peteco Carabajal, de letras de tango, de letras de canciones de la inmigración italiana ya afincada en nuestro país, del rock… ¿Ven la nación hispanoamericana en el mapa que traza?

Y aquí viene la otra cuestión fundamental: y todo esto ¿no llega un momento que nos hace perder nuestra propia voz? Me preguntan. Eso que Harold Bloom llamó la angustia de las influencias. Bien, les contesto: una cosa es alimentarse y otra empacharse o, mucho peor, intoxicarse. Creo que EP, con gran intuición da una clave cuando elige sobre todo ese material al tango Volver para dar el título al poemario. Escuché a Susana Zugman, médica psiquiátrica que trabaja con la meditación budista, señalar el baile del tango como  herramienta especial para practicar la meditación entre nosotros, los rioplatenses. Fíjense que lo primero que hay que aprender para bailar tango, es a caminar, no una marcha, sino un caminar gentil, ni demasiado rápido ni demasiado lento, con los pies peinando el piso, logrando entera y a la vez, delicada, conexión con la tierra, la columna erguida en posición de mucha dignidad y el pecho abierto. El bailarín de tango pone el pecho a la vida y mira hacia delante, frente en alto, no demasiado que se convierta en gesto soberbio, no porque, además, debe sostener la conexión con su pareja. Esa velocidad permite contactar el afuera a la vez que acomodo mi respiración al ritmo cardíaco, el 2 X 4, el primer ritmo que escucha el feto: el latido del corazón materno junto al propio. Afuera, adentro y soplo se armonizan en el tango. Entonces, me retiro a un cuarto, sola, camino, pongo el pecho, llevo lo leído al corazón, lo armonizo con mi soplo. Ese es el camino para encontrar el punto entre lo que tomo del afuera y comprobar cómo lo voy asimilando. La clave está en ir y…VOLVER. Volver con la frente marchita las nieves del tiempo platearon mi sien, sentir que es un soplo la vida,… Resumiendo, Alfredo Lepera nos da el modo de trabajar la solidaridad de la polifonía construyendo nación, apoyándome en la tradición literaria que sostiene pero sin impedir que desarrolle mi creatividad desde el hoy hacia el futuro. Y en la segunda parte de la letra nos habla de los miedos y peligros. El gran enemigo de toda identidad es que el olvido que todo destruye/ haya matado mi vieja ilusión. Pero, entonces, nos brinda nuestro mantra por derecho propio, sólo por haber nacido rioplatenses. Un mantra es una frase sagrada en la que cada partícula es importante y que se repite muchas veces como protección de la mente ya que logra calmarla. Y nuestro mantra es: Guardo escondida una esperanza humilde/ que es toda la fortuna de mi corazón. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, un mantra de la resistencia.

Cuando Eduardo Pocztaruck sintió que no era suficiente con sus versos buscó lo coral y así salió de sí hacia la tradición y volvió a sí y tituló Volver porque la intuición lo hizo visionario y supo una vez más que se nos estaba llamando desde lo más hondo de nuestros amores ¡a resistir!

Graciela Perosio

Buenos Aires, diciembre de 2021

 

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Graciela Perosio. Bs. As (1950) Escritora. Prof. Universitaria en Letras. Recibió la Beca Nacional de Investigación del Fondo Nacional de las Artes para estudiar la obra del poeta argentino Carlos Latorre. Publicó ocho libros de poesía: del luminoso error (1982 de autor), Brechas Muro (1986, Tierra Firme), La varita del mago (1990, Tierra Firme), La vida espera (1994, Del Dock), La entrada secreta (1999, Grupo Editor Latinoamericano), Regreso a la fuente (2005, Del Copista), Sin andarivel (2009, Del Copista), Balandro (2014, Paradiso), la antología Escampa, el corazón (Editorial Ruinas Circulares 2016) y El privilegio de los años, (Editorial Leviatán 2016)

Su obra ha motivado puestas escénicas multimediáticas, esculturas, pinturas y otras obras literarias. Muchos de sus poemas se han difundido por la red en sitios nacionales y extranjeros mereciendo juicios elogiosos de críticos y colegas. Un poema de su autoría fue seleccionado para realizar un afiche con ilustración de Alexiev Gandman que se presentó en las veredas de la Ciudad de Buenos Aires.

 

 

 

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