LA POESÍA NORTEAMERICANA Y YO. Luis Benítez

Walt Whitman: Todavía en los 80 no disponíamos de suficientes antologías de poesía norteamericana reciente, en la Argentina, como para formarnos un juicio claro, los de mi generación, sobre las posibilidades que los nuevos autores habían abierto para el género. Mucho menos, había acceso a libros completos de autores estadounidenses que fueran nuestros contemporáneos. Lo más reciente se reducía a Allen Ginsberg, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti y un par más de los beats. Pero sí disponíamos de acceso a los clásicos norteamericanos, que leímos con atención.  Así fue, siguiendo el consejo de Borges, que releí Hojas de Hierba, de Walt Whitman, y fuera que yo estaba ya lo suficientemente maduro como para acceder al cosmos whitmaniano o quizá, porque como a Pound, me había llegado la hora de valorarlo mejor, me adentré en su universo y comprendí por qué Borges hablaba de «una epifanía».

De hecho, en mi relectura de Whitman descubrí muchos de los aspectos de su inmensa obra que no había advertido en mi adolescencia. Su extraordinario estilo, lírico y épico a la vez, su capacidad para la narrativa poética, el fenómeno —prácticamente extraño a la poesía que yo había leído atentamente hasta entones— de su optimismo, su vigor carnal y espiritual al mismo tiempo, su comunión con todas las criaturas y las cosas, me impresionaron vivamente, así como su canto a lo material, a la materia como la sustancia misma de todo lo que compone el universo. Estos fueron los puntos más relevantes de mi visión del mundo whitmaniano en aquel entonces y me animo a decir que, aunque desde aquellos tiempos mis lecturas de Whitman se han sucedido regularmente, siguen siendo los aspectos mencionados los que más me atraen.

Thomas Sterns Eliot: Desde mi primera lectura de The Waste Land, me atrajo el humor particularísimo de su autor, irónico hasta el sarcasmo, lo mismo que otro factor distintivo, su vanguardismo para la época en que fue escrito, tomando en cuenta cómo su intelectualismo enfrentó la presencia de obras líricas de los alcances de las de Wystan Hugh Auden o Dylan Thomas, por ejemplo. También el hondo sentido religioso de sus versos me atrajo, pero pienso que fue la combinación de estos tres elementos, cómo cada uno de ellos potencia a los demás en The Waste Land, lo que me hizo sentir un profundo deseo de emular a Eliot, cosa que desde luego, no he logrado en absoluto.

Sin embargo, tener presente que The Waste Land es una de las cumbres de la poesía universal alcanzada en el siglo XX me sirvió siempre como medida de comparación para discernir si un poema —mío o de otro— tenía más o menos kilates en su haber.

Particularmente, de las cinco partes de The Waste Land, las que más captaron —y creo que para siempre— mi atención son dos: A Game of Chess y Death by Water. Posteriormente me impactó fuertemente Four Cuartets, donde el factor de la meditación religiosa se acentúa grandemente.

Pese a que no soy un poeta religioso, la hondura abordada por Eliot  me cautivó por lo que interpreté como un intento suyo de amalgamar el pensamiento religioso con la visión descarnada de lo contemporáneo para un hombre del siglo XX, del mismo modo que la escolástica intentara, en su tiempo, amalgamar las escuelas antiguas de la filosofía grecorromana con la convicción cristiana. Desde luego, creo que tanto los escolásticos como T.S. Eliot fracasaron en el intento, pero que éste tiene una grandeza tal que deja su impronta inevitablemente.

Ezra Weston Loomis Pound: De Pound me deslumbró su fervoroso intento de hacer renacer la poesía de la antigüedad  a través de su reescritura moderna, así como su meta de brindar, en su poesía, una grandiosa imagen sincrónica del arte, la literatura, la mitología, la economía, la historia y, en definitiva, del conjunto de la cultura en su sentido más amplio. Su obra se abrió ante mí como un gigantesco fresco, como una suerte de Capilla Sixtina pintada por el imaginismo en verso libre. En este sentido, las sucesivas lecturas de los Pisan Cantos fueron una experiencia importante para mí y lo siguen siendo. Sin duda se trata de la obra más importante de Pound y aquella donde más se concentraron las características que antes mencioné, como aquellas que más me impresionaron y afectaron mi poesía.

John Orley Allen Tate: Absolutamente clásico y tal vez por eso mismo más moderno para mí cada vez que lo releo, Tate fue otro gran descubrimiento, con su aparente frialdad, decía de sí mismo que había tenido por único maestro a otro de los poetas reputados como «fríos» o «intelectualistas»: T.S. Eliot, su visión desdeñosa y sombría del mundo que le era contemporáneo, por su ancha veta filosófica y a la vez desgarradora.

Qué recibí de los poetas norteamericanos que acabo de nombrar  y estimo que quedó en mi obra: Básicamente, Whitman, Eliot, Pound y Tate me brindaron la visión de los elementos que señalé y quedó en mi obra la búsqueda de lo que ellos encontraron, así como una búsqueda mayor, la de combinar sus influencias si es que ello es posible. Una premisa que, me parece, es la única que podemos seguir en el camino hacia una voz que podamos llamar propia.

© All rights reserved Luis Benítez

Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay.

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