LA MODELO: ética y estética de una cárcel. Fotógrafías: Duaita Prats y Espe Pons

El arte contemporáneo deviene necesario cuando tenemos tendencia al olvido. La búsqueda de la verdad es tan necesaria como la búsqueda de lo sensible.

Vicenç Altaió

(Sota la llum del mar)

Dos exposiciones fotográficas, Deconstruint La Model (Deconstruyendo la Modelo) Duaita Prats y Sota la llum del mar (Bajo la luz del mar) Espe Pons, inauguraron el año anterior: la historia, el horror y la arquitectura carcelaria de un popular centro penitenciario en Barcelona.

Una razón personal se encadena a la hora de escribir este artículo: la combinación de haber sido un preso político durante la dictadura franquista en el Penal Militar de Carranza del Ferrol del Caudillo durante el año 1976/77. Y hoy, desde la crítica cultural, se sumaría, además, una causa a este interés: La mirada de dos mujeres que, no habiendo estado oficialmente en una penitenciaría por ser delincuentes o presas políticas, toman sus respectivas cámaras para indagar: El hábitat del lugar. Las huellas impresas de aquellos reos en sus respectivas celdas. Y una visión personal y ética            —razón por la que aparece esta palabra en el título—  a la hora de tratar el tema desde la denuncia y la memoria histórica.

Deconstruyendo la Modelo. Duaita Prats.

Cimentar una narrativa desde la fundación de La Modelo —inaugurada en 1904— hasta su cierre en el año 2017 a partir de reunir información sólida e imágenes contundentes de su estado tres días después de su liquidación, bien podría ser un resumen expositivo ubicado en un lugar más que simbólico para la ciudad: El ICAB (I.lustre Col.legi d’Advocats de Catalunya). La exposición está dividida en tres apartados.

Arquitectura.

«Cuando me paseaba por este espacio, me sentía inmersa en un pasado arquitectónico que me transportó a las ‘Prisiones Imaginarias’ de Piranesi». Duaita Prats se sincera. Y no niega cierta atracción por lo imaginario y lo real, al ver el vacío y las estampas ungidas en la pared. La intriga que le provoca el verse inmersa paseando por los pasillos, es un hecho. Sumergirse bajo una bóveda común —el panóptico— que permitía la vigilancia oficial de las seis galerías que componen todo el edificio, ha sido una experiencia. Las escenografías que escoge, son nítidas y gélidas al mismo tiempo.

 

Habitar La Modelo

 Lo humano está aquí presente. Sin embargo, la ausencia de sus figuras, es una realidad. Ni presos, ni funcionarios, ni agentes de seguridad ocupan el espacio, ni aparecen en sus fotografías. Su testamento, en cambio, sí. Sea a partir de la literalidad del deseo o la mohína de sus inquilinos en el entorno. Desde la seriación numérica de cada mazmorra. O ante los epígrafes ubicados, en cada una de las áreas del ámbito penitenciario. El patio, omite el supuesto descanso que hubiera. Las cabinas telefónicas evocan su significado. Las ventanillas de visita delatan su función frente al doble vidrio protector. Historias que se suman desde su inicio ante la buena voluntad de reformar a los internos en su fundación: «Abrid las escuelas y las prisiones se cerrarán», decía la penalista, escritora y pionera en el feminismo Concepción Arenal (1820/1893) a finales del siglo XIX. Sin embargo, allí también circularon en masa los políticos que el régimen franquista condenó: El paso del presidente Lluís Companys antes de ser fusilado en 1940. Salvador Puig Antich, el último anarquista ejecutado por el método «garrote vil» en España. El popular delincuente Juan José Moreno Cuenca, alias El Vaquilla. O el conocido y corrupto empresario, Javier de la Rosa.

El tiempo detenido

Su creadora, entra en la estancia penitenciaria tres días después de haberse cerrado el centro en 2017. A través de su cámara fotográfica, le hechiza la realidad silenciosa, lúgubre o supuestamente poética del lugar. Tal como he sintetizado en los otros apartados, muestra un hito emblemático de sucesos dentro de los autores del crimen. Pero también describe la injusticia política durante la era de Franco en aquel tiempo. «Nadie sabe, desde cuando las agujas del reloj se paralizaron a la 1.04 am en La Modelo».

Un homenaje visual y necesario a un tiempo y a un espacio que, desde la posición de outsider, adquirió la imperiosa curiosidad como persona ligada al campo periodístico de escribirlo en imágenes. Una meditación sobre lo visto: entre la biblioteca donde se expone y los letrados que allí acuden, a estudiar sus causas, antes de ser juzgados sus clientes.

Bajo la Luz del Mar Espe Pons

Esta muestra fotográfica se exhibió en la Fundació Vila Casas y en el castillo de Montjuïc en 2021. Es un ensayo visual y cronológico de la tragedia que vivió el tío abuelo de la autora a finales de la Guerra Civil Española. Tomás Pons, murió en un maléfico lugar, conocido como El Camp de la Bota, en la ciudad de Barcelona. Donde cerca de dos mil personas del bando republicano fueron fusiladas en los años 40 en «nombre» del nacionalcatolicismo franquista.

Espe Pons toma como reto personal la investigación en archivos oficiales. Lectura de cartas. Fotos de la época. El boca a boca, entre los miembros de su familia. Y asiste, en persona, a los lugares que revelan el tránsito del protagonista a través de esta historia. Hasta llegar al fatídico momento de su condena en el muro; detrás, una maltrecha playa y el Mediterráneo. Entre estos espacios temporales … su estancia en La Modelo.

 

La obra muestra ante todo un mutismo deliberado del recinto. Una afonía que no cesa cuando contemplas la puerta de una celda con su epígrafe 447 en el dintel, sin personas que la habiten. Desde el patio carcelario, toma fotos de las rejas de los ventanales como si un mismo símbolo numérico se repitiera; como una retahíla de «iguales». Hace una foto directa a infinidad de nombres tecleados desde una máquina de escribir de la época en formato de lista. Las duchas, sin sus cuerpos desnudos y masculinos. Los ventanales, sin más perspectiva que un cielo entumecido al cruzar la mirada.

Pero dos piezas han marcado mi lectura personal por experiencia propia y estética vivida en la cárcel: la foto de un sinfín de papeles amontonados para interpretar que aquél era el archivo de Tomás Pons. Y los cuatro rincones de un calabozo rectangular bajo una luz húmeda en el yeso de sus paredes. Aún no ha muerto mi asombro, a comprender cómo ha podido captar la experiencia que debió vivir su tío abuelo —y el que escribe—  cuando lo encierran en una celda de castigo. ¡Bravo! por el detalle cuadrangular en un mismo plano y aquella baja irradiación en los muros cuando la noche se acerca.

En el mes de noviembre, asistí a la presentación de su obra en la misma cárcel; hoy convertida en espacios de cultura y función social. Un impecable libro de artista, premiado en la Feria Arts Libris te atrae por su luz/no-luz y su omisión escrita. Al punto que carece de título en la portada. En el epílogo, dos críticos dan soporte a su trabajo: Cynthia Young: «Sus fotografías nos interpelan a recordar. Debemos leer y conectar con las historias mientras miramos las imágenes» y Vicenç Altaió:  «El trabajo de Espe Pons, fiel a su ética, reconstruye la biografía de una persona cercana que merece su reparación».

Sus tomas bajo el silencio de la naturaleza, los muros de los edificios bombardeados o las trincheras donde supuestamente defendió la República del golpe de estado, nos sumerge en una historia aún bajo heridas por cerrar. Y como punto final, la imagen de la fosa abierta entre las canteras de la montaña de Montjuïc. Un cementerio público, donde reposan los cuerpos de muchos presos políticos que habitaron la Modelo en tiempos donde Francisco Franco y sus secuaces, reinaban impúdicamente en este país.

Agradecer a Espe Pons y Duaita Prats su labor visual y bien merecida para que la memoria histórica de nuestro país no se diluya. Y más, en estos momentos donde, paralelamente, crece otro virus al margen del covid-19. Su nombre: fascismo.

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