LEÓNIDAS LAMBORGHINI: «El croar de la época». Luis Benítez

«el croar de la época: un griterío,

que expresa nuestro horror que causa risa

y nuestra risa que provoca horror».

L.L.

 

 

Nacido en Buenos Aires el 10 de enero de 1927, Leónidas Lamborghini desarrolló una poética singular y rupturista, que tuvo desde sus inicios —con su ya icónico primer título, Saboteador arrepentido (1955)— tanto  encarnizados detractores como convencidos exégetas. A partir de los ’90 el reconocimiento de su poesía se generalizó, destacándose en ella el registro de época, la ironía, el afilado humor y los magistrales juegos paródicos que la identifican.

Falleció en Buenos Aires el 13 de noviembre de 2009, a los ochenta y dos años de edad, y sus restos fueron velados en la Biblioteca Nacional.

Para quienes aún no accedieron a la obra de este imprescindible autor del género, su poética se caracteriza por el empleo de la ironía y la comicidad para dar cuenta precisa del registro de la época, ya que el hombre entendido por Lamborghini no es una entidad al estilo de la metafísica alemana, flotante por encima de la historia, un arquetipo neoplatónico inmune a los cambios, las contradicciones y sofocones ocasionados a la condición humana por las luchas por el poder, las injusticias y la voracidad sectorial, la violencia política propia de todo tiempo y lugar, sino todo lo contrario.

Su Homo sapiens no siempre es del todo sabio, pero sí consciente de su tiempo y acusa en su fragilidad epocal, sin distancia de los sucesos que lo conmocionan, los efectos del relato contemporáneo cuya crudeza y manifiesta crueldad sortea echando mano del humor que varía de colores según la ocasión: en su ir y venir desde la apelación escatológica hasta la negrura más intensa, es Lamborghini un maestro de la ironía concentrada, invariablemente con fines de exploración y ahondamiento en las causas que originan el atentado generalizado contra el individuo contemporáneo.

Desde luego que el recurso paródico no deja de ser otro instrumento de su arsenal preferido, pero con un empleo que muy bien ha discriminado el ensayista, crítico literario y traductor argentino Mario Nicolás Rosa (1), refiriéndose específicamente al poemario titulado Odiseo Confinado: no parodia, hace de la parodia una trasfiguración religiosa, a medias gauchesca, a medias psicalíptica (…) Leónidas quiere convertir a la parodia en un gesto desaforado, parodiar un texto es arrebatarle sus entrañas, o lo que tiene de más entrañable, aunque el gesto no sea bondadoso. Aunque la tópica central de buena parte de sus poemas sea un drama específicamente argentino, el lector extranjero no dejará en percibir, emotiva e intelectualmente, cuánto los versos de Leónidas Lamborghini le hablan de otras crisis que ha vivido en carne propia o está próximo a tener que sobrellevar, por esa capacidad que posee el autor para proyectar lo micro, la anécdota, el clima general y el particular, la secuencia y el episodio, a la escala macro donde reaparecen en otras latitudes y temporalidades o son anticipados como un escalofrío.

Definitivamente el Homo de Lamborghini es un Homo ludens, el hombre que juega, pero que lo hace con el lenguaje y los hechos que abarca con su discurso sin dejar de lado que sus ironías, sus sarcasmos y singulares parodias transfigurativas son el prisma necesario para contemplar el horror sin rendirse definitivamente ante él. Conoce que está jugando lingüísticamente con el centro mismo de lo siniestro, das Unheimliche, lo ominoso que, debiendo permanecer oculto para que las cosas en apariencia sigan con su ritmo normal, se ha vuelto visible de un modo definitivamente insoslayable. Y eso —Leónidas Lamborghini lo supo siempre muy bien— es para siempre.

El autor

Quisieron las circunstancias que empeñosamente propicié, que tras su retorno a Buenos Aires pudiese yo entrevistarme con Leónidas Lamborghini en algunas contadas ocasiones. Primeramente en la hoy desaparecida confitería Richmond, de la calle Florida 468, entre Lavalle y la Avenida Corrientes, la misma donde solían encontrarse los escritores gestores de la revista Martín Fierro, y que por ello recibieron el nombre de Grupo de Florida. Tras esos breves encuentros iniciales, nuestros cónclaves se trasladaron a algunos restaurantes del centro de la ciudad, pero un factor común señaló siempre esas espaciadas reuniones: invariablemente Leónidas llegaba tarde, con un récord en cierta ocasión de 1 hora y 10 minutos. Resignado, lo que yo hacía era pedir un aperitivo y aguardar.

El ritual, tras su llegada, indicaba que inicialmente se mostrara reservado, para que luego, paulatinamente, desgranara sus abundantes respuestas acerca de lo que fuese yo a preguntarle. De su exilio mexicano, entre 1977 y 1990, por ejemplo, no guardaba los mejores recuerdos, no solamente por el hecho objetivo de que había tenido que dejar forzadamente nuestro país, sino también porque allá en el norte no encontró terreno propicio para la publicación y difusión de su poética, por completo diferente de lo que se estilaba en ese entorno y en aquellos tiempos. La referencia a este período era recurrente en él y le achacaba esa suerte de «exilio dentro del exilio» a la omnipresencia del Premio Nobel Octavio Paz y su modo particular de entender el género, según su opinión acatado por la mayoría de los autores del país y  que nada tenían que ver con las propuestas estéticas afines a Leónidas. Así lo explicaba: el asunto era que en México estaban acostumbrados a un sistema de autoridad piramidal, desde antes de la llegada de los españoles, que posteriormente continuó vigente hasta el mismo presente en diversos órdenes de la actividad humana, incluyendo la literatura. En cierta ocasión y a ese respecto, le recordé que la palabra náhuatl tlatoani, uno de los títulos de los antiguos gobernantes aztecas, significa «el que habla» y le agradó la asociación de ideas con lo que me estaba volviendo a referir, que inevitablemente se clausuraba con el recuerdo del conocido dicho: en México la poesía está en Paz.

Hombre de una amplia cultura —de la que sin embargo no hacía gala adrede, como sucede con tantos otros, sino en las ocasiones en que la conversación así lo ameritaba— era asimismo propietario de una sorprendente lucidez política y capaz de análisis brillantes, con argumentos de una solidez incontrastable. A ello sumaba chispazos, siempre espaciados, de un humor aplastante, que variaba desde lo chistoso propiamente dicho hasta el sarcasmo contundente y hondamente esclarecedor, en sí mismo, de aquello a lo que se estaba refiriendo.

Nuestro autor nació el 10 de enero de 1927 en el barrio porteño de Villa del Parque, hijo de un floreciente ingeniero y empresario industrial. En 1946 comenzó sus estudios en la Facultad de Agronomía, los que abandonó en 1949 para desempeñarse como obrero tejedor y luego como encargado de telares. En 1955 ingresa como redactor en el diario Crítica y su vida se vuelca definitivamente hacia el periodismo y la poesía, con la publicación ese mismo año de una plaquette: Saboteador arrepentido, que por un lado recibió el apoyo ferviente de figuras como Leopoldo Marechal, Oliverio Girondo y Juan Laurentino Ortiz, y por el otro violentas críticas por parte de aquellos que, sin comprender la novedad que esas pocas páginas traían al género, hasta lo acusaron de «mancillarlo». En Argentina 1955 es un año clave, el de la caída del peronismo, seguido por una feroz represión de todos sus seguidores, incluyendo a los escritores de esa filiación.

Dos años después, con treinta en su haber, Lamborghini publica su segundo poemario, Al público. Años difíciles: desempleado, vive en una casilla de chapas y cartón en Llavallol, Provincia de Buenos Aires. Contra viento y marea continúa escribiendo, mientras en el país se alternan frágiles gobiernos democráticos y otros de facto. En 1973, bajo la presidencia de Héctor J. Cámpora, el mismo año en que se produce el retorno de Perón a la Argentina, se integra a la Secretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires. Con la llegada al poder de la sangrienta dictadura militar en 1976, un año después el poeta tomaría el camino del exilio, residiendo en México D.F. durante trece años y ganándose la vida como publicista. Su retorno al país en 1990 fue acompañado por el pleno reconocimiento de su obra singularísima, tanto por la crítica académica como por el interés de los lectores en conocer más y mejor una de las trayectorias poéticas más personales y originales del género local.

Leónidas Lamborghini falleció en Buenos Aires el 13 de noviembre de 2009, a los ochenta y dos años de edad, y sus restos fueron velados en la Biblioteca Nacional.

Publicó en poesía: Saboteador arrepentido (1955), Al público (1957), Las patas en las fuentes (1965), La estatua de la libertad (1967), Coplas del Che (1967), La canción de Buenos Aires (1968), El solicitante descolocado (1971), Partitas (1972), El riseñor (1975), Episodios (1980), Circus (l986), Verme y 11 reescrituras de Discépolo (1988), Odiseo confinado (1992), Tragedias y parodias (1994), Comedieta (1995), Las reescrituras (1996), El jardín de los poetas (1999), Personaje en penehouse (1999), Carroña última forma (2001), Mirad hacia Domsaar (2003), La risa canalla (o la moral del bufón) (2004), Encontrados en la basura (2006), El jugador el juego (2007), El solicitante descolocado, poema en cuatro tiempos (2008), Siguiendo al conejo, Following the rabbit (2010), Últimos días de Sexton y Blake (2011), El macró del amor (2012). Las novelas Un amor como pocos (1993), La experiencia de la vida (1996), Trento (2003) y la obra teatral Perón en Caracas (1999). En ensayo, son suyos los títulos: Risa y tragedia en los poetas gauchescos (2008) y Mezcolanza (2010). Su obra recibió el reconocimiento del Premio Leopoldo Marechal (1991), el Boris Vian (1992), el Diploma al Mérito Konex (2004) y en 2005 el Premio Arturo Jauretche.

NOTA

 (1) Rosa, Nicolás. Los confines de la literatura o los hermanos sean unidos, pág. 201, en: Veinte episodios de la historia de la literatura argentina del siglo XX, VV.AA., compilación de Martín Prieto, Centro de Estudios de Literatura Argentina, Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina, 2020.

© All rights reserved Luis Benítez

Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay.

Leave a Reply