Entrevista con Alexandra Di Stefano Pironti, autora de El sueño de una sombra. Jesús Martínez

Compatibilidades

«Los pasos de mis padres se cruzaron por primera vez en un museo de la calle 23 en Nueva York.»

Así comienza la editora Katharine Graham su biografía Historia personal. Sobre cómo alcancé la cima del periodismo en un mundo de hombres (1997).

Una vida paralela a la influyente propietaria del Post podría ser la de la periodista Alexandra Di Stefano Pironti (Eixample, Barcelona, «te digo mi edad pero no la publiques»).

Ella también ha escrito sus memorias, tituladas El sueño de una sombra (Ediciones Carena, 2021). Empiezan de esta forma: «Cuando murió mi bisabuela, yo tenía nueve años y me imaginaba que, si marcaba el número de teléfono de su casa, que era el 2537528, podría hablar con ella».

Con matices, coinciden en lo sustancial Alexandra –rasgos orientales, sedosa voz, mística– y Katharine –insobornable, femenina, cabalística.

En palabras del poeta Walt Whitman («No te detengas»): «No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario».

Veamos.

El marido de Katharine se suicidó, y el hermano de su padre murió en el naufragio del trasatlántico Titanic.

La madre de Alexandra intentó cortarse las venas. Hoy vive retirada en una finca extremeña.

El padre de Katharine se planificaba la vida, por lo que la vida de Katharine acabó siendo una vida planificada.

Alexandra siempre tomaba notas: «Era mi manera de desahogarme».

De pequeña, a Katharine le repetían: «Ten por seguro que todo pasará».

La infancia de Alexandra fue «triste y pesada», ahogada por una sofocante sensación de incertidumbre. Pasó.

La madre de Katharine conoció al pintor Pablo Picasso en París.

Alexandra ha vivido rodeada de arte, y su casa se asemeja a una pinacoteca, con los óleos de su bisabuelo Eliseo Meifrén, paisajista «introvertido y arisco» con vocación de marinero. En las entrevistas, se salía del guion: «Diga usted que nací en Barcelona. Esto es cierto. Después, añada usted lo que quiera».

La madre de Katharine anota en su diario: «No puedo ocultar que mis aficiones son más profundas [y] mis intereses más serios que los de la mayoría de estas mujeres».

Si la madre de Alexandra hubiera escrito un diario, habría puesto exactamente lo mismo. Ella se rodeó de un ambiente «espiritual y esotérico» que siempre ha acompañado a nuestra autora, que da clases de meditación en el Espai de Gent Gran Maria Aurèlia Capmany: «Durante muchos años, he estado desestabilizada. La meditación te enseña esto: foco-concentración-atención».

Katharine nunca tuvo intención de dedicarse al periodismo, que le venía de familia, ni aun estando tras la barrera. Entendía el periódico como un «bien público al servicio de las personas en una democracia».

Alexandra estudió Filología Árabe, aunque le tiraba mucho la Filosofía. El periodismo también le venía de familia, por ello tomó una decisión que el tiempo estropearía: «No quiero ser periodista».

Para Katharine, ser reportero equivalía a «perseguir el objeto de cualquier pasión repentina». La idea no es tanto contar la verdad como intentarlo. Entre sus scoops, los Papeles del Pentágono (1971) y el Watergate (1972).

Para Alexandra, el periodismo ha de ser reivindicativo, imbuido quizá de esa conciencia cósmica: «Ser menos materia y más divinidad». Ella cubrió los casos de niños secuestrados en Dubai y de prisioneros políticos en Indonesia, algo que todavía la perturba.

Katharine negaba la existencia de la objetividad: «El mero hecho de decidir qué es noticia y qué no lo es implica ya un juicio».

Alexandra piensa que la bondad y la belleza pesan tanto en el ser humano como sus pensamientos.

Katharine disfrutaba de sus vacaciones en las Bahamas.

Alexandra concibe el viaje como una «experiencia de conocimiento»: «He vivido fuera con añoranza, con el corazón en Barcelona y el alma desparramada».

Katherine habría odiado las redes sociales. Creía en la prensa libre, que no es anonimato.

Alexandra detesta las nuevas aplicaciones.

Katharine Graham, de Historia personal, es Géminis.

Alexandra Di Stefano Pironti, de El sueño de una sombra, es Escorpio.

Según el horóscopo, son compatibles Géminis y Escorpio. Se llevan bien.

© All rights reserved Jesús Martínez

Jesús Martínez (Barcelona, 1975). Reportero. Doctor en periodismo por la Universitat Ramon Llull (URL). Licenciado en periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). De las frecuentes visitas al vecino y escritor Francesc Candel, guarda sus consejos periodísticos, que se reducen a la honestidad en el oficio. Formado en las revistas locales La Marina dels barris de Zona Franca y L’Informatiu de Sants, Hostafrancs i La Bordeta, ha colaborado en las ediciones dominicales de El Periódico de Catalunya y La Vanguardia. Ha ganado el premio de periodismo Manuel Alcántara, que otorga Diario Sur. Desde el 2000, guionista del programa cultural de TVE Saber y ganar. Máster en reporterismo por la Universitat Ramon Llull. Imparte clases de grado y posgrado en la UAB, en la URL y en la Universitat Abat Oliba. Actualmente, trabaja en Ediciones Carena. Autor de una veintena de libros, reportaje y crónica.

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