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Julio 2026

GRACIAS, INSOMNIO. [PARTE I] Héctor Manuel Gutiérrez

Volkswagen, Automóvil alemán ensamblado en México

Empiezo a escribir el presente texto, justo en el Estadio Azteca, con las altas y bajas de la novedosa ceremonia.

Comprendo las leyes del balompié y disfruto los juegos. Como crecí en un ambiente en el que el béisbol —anglicismo para «juego de pelota»— es el deporte nacional, estoy más familiarizado con este último. En realidad, no soy «hincha» de ningún equipo, pero resulta que el entusiasmo generalizado para este año se inicia en los Estados Unidos Mexicanos, país por el cual siento un profundo cariño. La ocasión me ofrece la oportunidad de remontarme a un pasado ya lejano.

Desde temprana edad yace en mi subconsciente una peculiar voluntad que he mencionado en otros textos. Es un fenómeno psíquico que sugiere —y a veces me impone— un extraño impulso preñado de curiosidad. Este síndrome viene usualmente acompañado de otra condición cerebral que afecta la necesaria rutina de sueño. Me cobijo en una de las definiciones que tanto abundan en libros y otros medios: «esta condición se presenta estrechamente ligada a una afección que altera los patrones normales del sueño». En lo que a mí respecta, es realmente una condición cuasi innata. A pesar del deseo interior de encontrar una respuesta convincente, no logro averiguar el porqué de la existencia de este dúo de patrones de comportamiento que de alguna manera se conectan. Supongo que a un analista en el campo de la psicología le será fácil estudiar la serie de inquietudes que me definen. Yo, francamente, no estoy capacitado para emprender, con la ayuda de algún método científico, un estudio de mis deseos, aspiraciones, traumas, desafíos, gustos o logros.

Como sucede con el ejemplo del fútbol americano, el mundo de la ciencia nunca me ha llamado la atención. Pienso que quizás es por esta razón que no logro desentrañar la misteriosa conexión o confabulación interior a la que aludo en el párrafo interior.

En ocasiones, cuando los períodos de desvelo son muy largos, se me inserta una preocupación muy peculiar, particularmente los fines de semana, quizás anticipando que tengo que ir a trabajar el lunes, día que marca el comienzo de la semana laboral. De ahí nace el término «Lunitis», que en tono de broma incluyo en mis conversaciones. Aclaro que me encanta mi trabajo como docente. Lo que en realidad me afecta es la anticipación de que alguien bajo mi supervisión falte el lunes y se disloque un poco la esperada secuela de elementos laborales que hacen posible la buena impartición de la docencia —algo que sucede muy a menudo y no por coincidencia—.

De modo que, en mí es común ser azotado por uno o más temas—sean o no preocupantes— que simplemente aparecen… o, en ciertas instancias, yo mismo provoco. Por suerte, me acompañan en esas horas mi afición a la lectura y mi afán de escribir. Al final, mi hermana la madurez y yo arribamos a la conclusión de que la vida se encarga de regalarnos situaciones inesperadas, nos coquetea con preguntas que no hallan respuestas o misterios que, al fin y al cabo, en realidad nunca logramos resolver.

Afortunadamente para mí, muchas de ellas se quedan conmigo; el impacto que alguna vez causaron, perdura o revive y, como sugería aquel antiguo método que Sócrates llamó mimesis, cuando las escribo, se transforman en otro ente.

¿Cómo olvidar, por ejemplo, los motivos que me obligaron a abandonar, como tantos emigrantes, el lugar donde nací y me criaron?

Me aventuré a dejar mi entorno isleño, gracias a una llamada telefónica que, tras múltiples intentos de salida, por fin me permitió escabullirme y sentir los olores de otras tierras. Esta especie de hégira personal se produjo bajo tristes circunstancias que, al menos por ahora, no creo oportuno revelar, un 13 de agosto de un año que prefiero enclaustrar en el olvido. Reconozco que la fecha es un legítimo día festivo para mí. Sin embargo, aclaro que esta motivación no nace por razones que son obvias para muchos de los miembros de la metrópolis donde resido desde hace décadas, por dos razones. La primera es que precisamente aquel día mi madre celebraba su cumpleaños. La segunda, es que sigo y respeto profundamente el amoroso consejo que me planteó cuando me despedí: «Mi hijo querido, de ahora en adelante no te preocupes más por mi cumpleaños. Recuérdalo como la fecha en que lograste sentirte libre de las torturas del entorno. Eso a mí me hará más feliz, aunque no estés en casa».

En efecto, certifico que siempre traté de seguir aquellas palabras que, además de amorosas, escondían una profunda sabiduría. Aunque la vida desde aquel viaje inicial no fue siempre fácil, nunca me olvidé de su día de cumpleaños. Lo he celebrado siempre, año tras año, aún después de su muerte. Su recuerdo me ha acompañado, «tanto en las buenas como en las malas». En cuanto a mis desvelos, con el tiempo aprendí a agradecerlos. Más adelante, sin abandonar la intencionalidad mimética de mi escritura, compartiré algunas de las anécdotas que le darán sentido al título de mi ensayo.

FIN PARTE I. CONTINUARÁ.

© All rights reserved Héctor Manuel Gutiérrez

Héctor Manuel Gutiérrez, Ph.D, es instructor de español avanzado y literatura hispana. Funge como Lector Oficial de Literatura y Cultura Hispánicas en el programa de evaluación superior Advanced Placement, College Board/ETS. Colaborador mensual de la revista musical «Latin Beat», Gardena, California. Miembro/fundador de la revista literaria «La huella azul», FIU, Miami, Florida. Editor de contribuciones, «Revista Poetas y Escritores Miami», Miami, Florida. Colaborador «Revista Suburbano», Miami, Florida. Colaborador/ columnista, «Nagari Magazine», Miami, Florida. Colaborador «Linden Lane Magazine», Fort Worth, Texas. «Insularis Magazine», Miami, Florida. Es autor de los libros: «Cuarentenas», «Cuarentenas: Segunda Edición», «Cuando el viento es amigo», «Dossier Homenaje a Lilliam Moro» y «De autoría: ensayos al reverso». Les da los toques finales a «Encuentros a la carta: entrevistas en ciernes», a publicarse en 2026, «La utopía interior: estudio analítico de la ensayística de Ernesto Sábato», a publicarse en 2027, y la novela «El arrobo de la sospecha», a publicarse en 2028.

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