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Abril 2026

RETORNOS. Sobre la obra de Iván Castillo Lagrange. Gloria MiládelaRoca

Manejar el tiempo no es fácil. Nos proponemos una meta: sorprenden contratiempos, surgen imprevistos y en el camino, nos cambia la vida. Entonces nos planteamos ciertos cambios de estrategia, para lograr lo que buscamos, para la culminación de aquello que iniciamos. Cuando veo la obra escultórica de Iván Castillo Lagrange, se me presenta como un recordatorio de que todo –aunque parezca que es un ouróboro—tiene un inicio y su final.

El artista evoca con su obra la oscilación de olas, moldeando curvas arqueadas por medio de pliegues fluidos, a pesar de la rigidez de los materiales que utiliza y trabajando con la abstracción contemporánea. Al emplear los elementos formales del minimalismo, logra con esto transformar la narrativa de la obra en sí. El creador también emplea materiales industriales para abordar ciertas percepciones de la inmensidad estelar, desafiando ideas preconcebidas de lo que nos orbita en el espacio sideral y consiguiendo acercarlo al entorno urbano.

En algunas de las piezas, también podemos observar los colores vibrantes que utiliza el artista, aportando a las mismas una profundidad que evoca paisajes de nubes a la deriva y/o olas de agua, insinuando también ciertas revoluciones que desgarran la tranquilidad atmosférica al aparecer como elementos gráciles y adversos al resto de las obras aquí vistas, ofreciendo al espectador otro ejemplo de esculturas geométricas.

Opacas y translúcidas, pulidas y mate: estas esculturas, algunas de resina y otras de metal u otros elementos, son el ejercicio de opuestos que podemos observar en la obra de Iván Catillo Lagrange, quien aleja y otras veces acerca su ojo escultórico a otras dimensiones y permitiendo al observador atestiguar que sobre las masas aparentemente sólidas, se vean como ejes flotantes.

Estas formas se emplazan sobre una estructura de sostén, inspirándose en el equilibrio, la gravedad y otros principios, creando estructuras que responden a la levedad. Estas piezas exploran la fluctuación espacial de la escultura.

El artista utiliza materiales de cierta resistencia, lo que a su vez le permite combinar la escultura y la arquitectura con actos que reflejan el movimiento; una propuesta que delimita el espacio al cual integra de manera equilibrada, hasta transformarla en un elemento familiar del paisaje visual y ofreciéndonos ver sus obras desde una perspectiva diferente. Pero, ¿cómo definir el espacio disponible para la interacción con el espectador? Pues, articulando las envolturas espaciales de sus instalaciones y simulando el efecto lumínico que resulta sobre nuestra apreciación.

Las piezas del creador se reducen a formas simples. Al observar cada modelo, nos encontramos con asimetrías y al rodearla, nos damos cuenta de en cada curva podemos enfrentarnos a una pieza distinta, dando al objeto múltiples lecturas, de acuerdo a nuestra percepción. Estas piezas se expanden, regresan y se yuxtaponen, explotando la forma en que la inmovilidad podría activarse hacia la animación con sus propias pautas. El resultado es una obra de arte de ritmos depuradas e infinitamente provocadoras, donde la práctica artística gira en torno de conceptos futuristas y a menudo se traducen entre lo volumétrico y lo plano.

Entonces, me quedo observando todo el conjunto de cada escultura e imagino cuantas veces damos vuelta a las acciones y reacciones, para en conclusión tomar decisiones, acertadas o no, con tal de lograr las metas que he de proponerme día tras día y así lograr conquistar el ouróboro que todos llevamos dentro, tratando de no quedar en medio, ni al principio, y si al final, donde este se encuentre.

Gloria MiládelaRoca

Contacto con el artista:

Iván Castillo Lagrange

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iclstudio@icloud.com

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