ULISES Y EL CORAZÓN DE LA MATERIA: sobre la novela de Joyce. Elidio La Torre Lagares.

Una novela se desplaza sin prisa por un presente extendido. Un presente como una rosa es una rosa es una rosa (así lo vio Gertrude Stein) y que se hace atributo de todas las novelas modernas. Una novela que no aspira a rescatar un pasado nacional y heroico sino a hacer de la inmediatez un vórtice de experiencias.

Es decir, una novela que parodia la forma clásica de la epopeya, la devasta, la fagocita y la carnavaliza mientras desafía las narrativas maestras para existir en lo que es, no en lo que fue.

La novela es el Ulises de James Joyce, que probablemente es el libro que más gente presume de leer sin haberla leído.  Y Ulises es un ser siendo.

Al aproximarnos al centenario de su publicación, el Ulises continúa irreverente en el discurrir de ese 16 de junio eterno en el que ocurre la novela y que de pronto se nos torna irónico.

A Joyce no le interesa la eternidad. Esa es su manera de ser inmortal.

Ulises salió de prensas por primera vez en París un 4 de febrero de 1922, el día en que Joyce cumplía cuarenta años. En deuda con los favores de il miglior fabbro, Ezra Pound, la novela había encontrado lectores en el jornal estadounidense The Little Review entre 1918 y 1920. A pesar del respaldo del poeta nacional irlandés, W. B. Yeats, quien influyera en la publicación de Retrato de un artista adolescente años antes en la revista The Egoist, Ulises no encontró casa publicadora en Irlanda debido a la notoriedad consecuente a la publicación de uno de sus capítulo, «La Naussica», pieza que se genera desde los delirios sexuales de Leopold Bloom, protagonista de la novela junto a Stephen Dedalus y Molly Bloom. De hecho, la novela se mueve a veces con tumescencia sexual; otras veces, asume movimiento peristáltico; en sus mejores momentos, es un Aleph donde todo es simultáneo.

Luego de años de rechazo y censura, los críticos de la Joyce la desmerecieron la novela por considerarla pornográfica, valoración que perseguiría a la novela durante las décadas del ‘20 y el ’30. Tras intensas pulsaciones y litigios legales, James Joyce se convirtió en un paria en el mundo editorial. Al final, Ulises se satura de la angustia resultante en un artista incomprendido que se busca en una historia de amor impotente en una ciudad atrapada por el pasado.

Es la novela como artefacto. La presunción de la futilidad del lenguaje en igualdad de condiciones con su posibilidad. Debe ser un movimiento entonces, una actualización de lo posible como posible, musita Stephen Dedalus. Como el alma para Aristóteles. La forma de las formas.

El genio de Joyce permanece inalterado hoy día. Como monumento escriturario, Ulises es una forma de escritura en sí misma, una novela sobre la pulpa de todas las novelas. De eso no hay duda. La pregunta es, a casi cien años de su publicación, si Ulises tendrá nuevos lectores.

Mi parecer es que Ulises, en su complejidad, y por su carácter inmanente, tiene la capacidad de reformularse en el tiempo. El sol es un futuro cubierto por nubes grises en Joyce. El pasado es horroroso para Bloom. Viene de la tierra árida, del desnudo desierto. Del Lago volcánico; del mar muerto: sin peces ni plantas acuáticas, hundido en la tierra. Desolación. Un gris horror le deseca a carne a Bloom. Bueno, estoy aquí ahora, dice Bloom.

Aquí. Ahora. Justo en el momento en que el tiempo se vacía del espacio.

Joyce logra hacerse de un presente constante desde los diversos planos existenciales de sus personajes.  El presente solo puede generar presente y Joyce se vale de el monólogo dramático, la epifanía, el corte paralelo y la interpolación de escenas concurrentes que parte siempre desde el ahora del tiempo narrativo. A fin de cuentas, ¿no es esa la manera en que vivimos hace un año? ¿Un presente alargado, constante, como una partitura silenciosa de John Cage?

Hace poco alguien me comentó que, luego de su lectura de Ulises, consideraba que la novela volvería al realismo, que es como decir a lo lógico y consecuente. Indistintamente de los valores adquiridos como el gusto, pienso que, precisamente, nuestra realidad padece de realismo. El mundo es crudo y poco tierno. Si los realistas, por un lado, se saltaban los eventos que no consideraban importantes y abundaban en aquello que sí lo eran, nuestro mundo post-pandemia vive en lo inane, en lo insignificante y minúsculo. O sea, nuestro mundo ha alcanzado la dimensión de Joyce, quien revierte el modelo de la novela realista y hace lo insignificante valioso. Vivir, señoras y señores, es de proporciones épicas.

Así, Joyce se remonta al pasado traumatizado y vislumbra su futuro sin destino por medio de analepsis (flashback), prolepsis (flashforward) y la repetición como operaciones del presente. De dónde vengo y adónde voy en rotación continua.

Joyce atomiza las prisas y magnifica las lentitudes. ¿Adónde vamos?

Lo importante es el viaje, el ritmo. El gran perdedor es el pasado, el cual resulta en la inevitabilidad y con el cual solo podemos aspirar a reconciliarnos, dado su carácter fijo. Ulises cuestiona el tiempo al subjetivizar la experiencia narrativa por medio de una tecnología cambiante, transformadora y transformable, que es el lenguaje.

La información es el corazón de la materia. Como que una rosa es una rosa que seguirá siendo rosa.

© All rights reserved Elidio La Torre Lagares

Elidio La Torre Lagares es poeta, ensayista y narrador. Ha publicado un libro de cuentos, Septiembre (Editorial Cultural, 2000), premiada por el Pen Club de Puerto Rico como uno de los mejores libros de ese año, y dos novelas también premiadas por la misma organización: Historia de un dios pequeño (Plaza Mayor, 2001) y Gracia (Oveja Negra, 2004). Además, ha publicado los siguientes poemarios: Embudo: poemas de fin de siglo (1994), Cuerpos sin sombras (Isla Negra Editores, 1998), Cáliz (2004). El éxito de su poesía se consolida con la publicación de Vicios de construcción (2008), libro que ha gozado del favor crítico y comercial.

En el 2007 recibió el galardón Gran Premio Nuevas Letras, otorgado por la Feria Internacional del Libro de Puerto Rico, y en marzo de 2008 recibió el Primer Premio de Poesía Julia de Burgos, auspiciado por la Fundación Nilita Vientós Gastón, por el libro Ensayo del vuelo.

En la actualidad es profesor de Literatura y Creación Literaria en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Ha colaborado con el periódico El Nuevo Día, La Jornada de México y es columnista de la revista de cultura hispanoamericana Otro Lunes.

twitter: @elidiolatorre

 

Leave a Reply