¿POR QUÉ UN DOSSIER HOMENAJE A LILLIAM MORO? Héctor Manuel Gutiérrez

Lilliam Moro. Fotografía de Ernesto G.
Lilliam Moro. Fotografía de Ernesto G.

De mi época de estudiante universitario hace ya décadas, recuerdo una anécdota que me resultó simpática y didáctica a la vez. En una feria de las flores [eufemismo medieval para lo que hoy llamaríamos un festival de poesía] me tocó a mí presentar a la organizadora del evento, mi profesora favorita de aquel entonces. Con profundo respeto y admiración, dije tímidamente al micrófono: “Recibamos con un cálido aplauso, a la poetisa Diana Ramírez de Arellano”. Ostentando aquel apellido de alta alcurnia, no por matrimonio, sino como legado materno, la excéntrica y popular maestra de entusiastas futuros poetas salió al escenario y cariñosamente agradeció la presentación. Acto seguido, con su acostumbrado sentido del buen humor, me dijo [verbatim y con voz amplificada por los parlantes de un auditorio repleto de estudiantes y profesores]: “Héctor, la próxima vez que me llames poetisa, pues te llamo a ti también poetiso.”

Aquel momento quedó grabado en mi ínsula como una lección de luminosa gravedad. El tono jocoso de la educadora celaba, de modo sabio y sutil, importantes permutaciones conceptuales, en este caso, razones feministas que hasta ese momento no habían repercutido en mi cerebro. Como buena conocedora, la catedrática supo inculcarme además, las implicaciones lingüísticas del vocablo que, para mí y quizás para el resto de la audiencia, todavía no eran tan obvias. De ahí que desde ese entonces, las llame a todas, poetas, con la salvedad de la P mayúscula, signo que utilizo cuando me refiero a una “poeta poeta”, como describía mi amiga Lilliam Moro a los rapsodas de su preferencia.

“Todo se transforma,” dice la canción del uruguayo Jorge Drexler, y la percepción se aplica a tantas cosas, que más que un concepto teo-filosófico, es ya una entidad generalizada. Gracias en gran parte a los cambios utilitarios de los vaivenes de nuestra contemporaneidad, el surgimiento, modificación y adaptación de viejas y no tan viejas palabras, gana gran proliferación y con frecuencia se asocia a infinitos campos del entendimiento. Como consecuencia de la libertad de uso y abuso, más la inmediata aplicación en la praxis, significados y malentendidos se multiplican.  Y ni hablar de la adulterina interpretación. El fenómeno ya no nos sorprende, pues la increíble rapidez con que se extiende la aparición de nuevas palabras en los medios sociales es irrebatible. Desafortunadamente, con el auge cibernético, las transformaciones no son siempre profundas o trascendentes. Quiéranlo o no, con los avatares socio-económicos que impulsa la tecnología mediática de nuestros tiempos, la lengua de Cervantes también se deteriora o, en el menor de los casos, se sofistica. Si tiene usted alguna duda al respecto, hágale una visita a las arcas de las academias de la lengua española y verá que la evidencia de este principio es avasalladora.

Lo que abordo más arriba nos lleva al término dossier, galicismo comúnmente aceptado en cuestiones relacionadas con archivos de documentos y otras unidades sistémicas de uso variado. Originalmente significó un paquete de papeles, derivado de la palabra francesa dos, que significa “detrás.” Esto se refiere a las etiquetas que se fijan a la parte posterior o “columna vertebral” de los archivos. La versión más aceptada es, y cito: “un documento escrito, en soporte físico o en versión digital, que presenta información sobre varios aspectos de un individuo o una institución, ya sea de carácter público o privado. El término, si bien no parece pertenecer a nuestra lengua, muchos diccionarios de español lo adoptan como un giro ya instaurado que no necesita de una traducción específica para que otra persona entienda de qué se está hablando. Asimismo, dossier, si quisiéramos traducirlo, significa expediente o ‘informe.”  [Fin de la cita].

Sin embargo, en el universo de la literatura, el giro asume otra dimensión y —¿por qué no?— otra exclusividad. Y es esa exégesis genérica, la opción parlamentaria a que me refiero. En un dossier de esta naturaleza, se ensamblan nombres de escritores y poetas con el común denominador de evaluar la labor de colegas conocidos a nivel personal o a través de sus obras.

En nuestro caso en particular, concebirlo, planearlo y hacerlo realidad, resultó ser un experimento lleno de desafíos. Fue una tarea que, debido a la tiranía global de la pandemia y a situaciones relacionadas con la distancia [en ocasiones en el sentido metafórico], no estuvo exento de dificultades. Mas los inconvenientes perdieron relevancia, a medida que la empresa se nutría del amor, calor y disponibilidad de los contribuyentes que se sumaron al llamado del editor.

A estas alturas, establecida y re-visitada la noción que nos ocupa, puedo responder con espontánea lealtad a la pregunta del título. Existen sólidas y bien fundamentadas razones para crear un documento que conmemore la presencia de la poeta Lilliam Moro en nuestro contorno cultural. Además de ser un gesto de apreciación y admiración, sería un acontecimiento justo, necesario, a la vez crucial y festivo. De ahí que, por legítima propiedad, lo llamemos dossier, con todo el rigor que se merece esta autora.

Para robustecer el tema, permítanme traer a colación su reacción a una pregunta incluida en una breve entrevista que publiqué no hace mucho. Entre otras cosas, en ésta me interesaba percatarme de sus reflexiones existencialistas, después de haber “regresado” de un largo estado de coma: “El mito del Ave Fénix —me decía Lilliam— simboliza la capacidad del ser humano de pasar de su total destrucción a una profunda regeneración. Una vez que se ha cruzado el umbral de lo Desconocido, ya no se es la misma persona. El agradecimiento por una segunda oportunidad te obliga a la benevolencia con el resto del mundo, a manejar la realidad con más flexibilidad, tratando de soltar las amarras de la rigidez de ciertas verdades absolutas. En mí no se produjo un giro de ciento ochenta grados, sino un fortalecimiento de mi actitud de fluir con los acontecimientos, el aceptar que todo lo que sucede tiene un propósito, aunque nunca logremos saber cuál es, que el azar no existe y que no podemos competir con Dios porque, en definitiva, estamos inmersos en un Misterio que es imposible de interpretar. No hay mayor incógnita que el Amor, pues no se puede explicar, solo dejarse poseer por él y ser su canal de expresión. El Amor es la metáfora de Dios.”

Con estas palabras lapidarias, como las que nos acostumbró a escuchar, puedo concluir que el proyecto es, y seguirá siendo, un esfuerzo más en la serie de acercamientos que, en sus intentos de recordar a la poeta, la reviven y renuevan. Hago constancia de que ese Amor con letra mayúscula a que alude, se extendía a su afición a la escritura. Sus últimos dos libros, que concibió ya consciente de que no tendría la oportunidad de escribir más, son pruebas fehacientes de su dedicación. Los familiarizados con el espléndido imaginario de Lilliam, su órbita creativa y halo espiritual, encontrarán en esta compilación, además de una cuidadosa selección poética, una interesante variedad de estilos y perspectivas entretejidos por un abrazo familiar, quizás un íntimo y consolador apretón de manos o una sonrisa de camaradería. Para los que no la conocen, las ofertas de los colegas representarán una retribución a sus inquietudes de lector; serán una puerta abierta y útil a un mundo por descubrir.

Nota: Dossier. Concepto definición de, Redacción. (Última edición: 30 de julio del 2019). Definición de Dossier. Recuperado de: //conceptodefinicion.de/dossier/. Consultado el 19 de enero del 2021.

© All rights reserved Héctor Manuel Gutiérrez

Héctor Manuel Gutiérrez, Miami, ha realizado trabajos de investigación periodística y contribuido con poemas, ensayos, cuentos y prosa poética para Latin Beat Magazine, Latino Stuff Review, Nagari, Poetas y Escritores Miami, Signum Nous, Suburbano, Ekatombe, Eka Magazine y Nomenclatura, de la Universidad de Kentucky. Ha sido reportero independiente para los servicios de “Enfoque Nacional”, “Panorama Hispano” y “Latin American News Service” en la cadena difusora Radio Pública Nacional [NPR]. Cursó estudios de lenguas romances y música en City University of New York [CUNY]. Obtuvo su maestría en español y doctorado en filosofía y letras de la Universidad Internacional de la Florida [FIU]. Es miembro de Academia.edu, National Collegiate Hispanic Honor Society [Sigma Delta Pi], Modern Language Association [MLA], y Florida Foreign Language Association [FFLA]. Creador de un sub-género literario que llama cuarentenas, es autor de los libros CUARENTENAS, Authorhouse, marzo de 2011, CUARENTENAS: SEGUNDA EDICIÓN, agosto de 2015, y CUANDO EL VIENTO ES AMIGO, iUniverse, abril del 2019. Les da los toques finales a dos próximos libros, AUTORÍA: ENSAYOS AL REVERSO, antología de ensayos con temas diversos, y LA UTOPÍA INTERIOR, estudio analítico de la ensayística de Ernesto Sábato.

12 responses to “¿POR QUÉ UN DOSSIER HOMENAJE A LILLIAM MORO? Héctor Manuel Gutiérrez

  1. De humanismo, admiration y carino, estan llenas cada una de tus palabras. Magnifico homenaje a esta gran escritora cubana. Agradecida estoy porque las mias tambien lleguen a donde ella habita, donde siempre habito; donde un verso, un renglon nunca la dejaron sola. Las nocturnidades en vigilia dispuestas para el Dossier, tienen como resultado un trabajo de amor y de rigor merecidos. Muchas gracias, Hector.

  2. Gracias por tu trabajo, Héctor para que la obra y sonrisa de Liliam sigan su cauce, tal y como lo hemos visualizado .

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