NOCHE DE LLUVIA. María José Peña

EL LABERINTO DE ARIADNA, UN PUNTO DE ENCUENTRO

Bienvenidos a esta sección, que abre sus puertas a los poetas de El Laberinto de Ariadna, colectivo literario que organiza tertulias en Barcelona (España) desde el año 2001. Durante su larga trayectoria esta asociación ha desplegado una gran actividad en su entorno, con el objetivo de fomentar y divulgar la poesía, la literatura y la cultura en general.

Las tertulias organizadas por El Laberinto de Ariadna se caracterizan por la diversidad de estilos y temáticas, como habrá ocasión de ver en los sucesivos números de Nagari. Y es que en su afán integrador, siempre ha prevalecido el amor por la belleza poética en un sentido amplio, generoso y sin cortapisas.

Fundamentalmente las actividades del colectivo se basan en presentaciones de libros, recitales poéticos, conferencias, charlas, intercambios con asociaciones afines, mesas redondas, performances y, en definitiva, en todo aquello que estimule el conocimiento y la creatividad. Asimismo, durante estos diecinueve años de existencia, se han editado pliegos poéticos y antologías con los trabajos de los socios: Tardes del Laberinto, Las voces de Ariadna (audiolibro), etc. También se promueven y organizan festivales poéticos, así como encuentros literarios y artísticos.

A través de esta sección en Nagari, la intención es dar a conocer este verdadero Laberinto literario, tocado por la inspiración de las musas Calíope y Erato. Su multiplicidad, su diversidad, la creación personal y auténtica de los que lo integran, son parte de su esencia.

“El Laberinto es el mejor lugar para perderse”, dijo un día uno de los socios. Esperamos que muy pronto tú también opines así, pues creemos firmemente que el gozo de crear se multiplica al traspasar fronteras, al compartir y difundir.

Web: https://ariadna-web.org/

Canal de YouTube: El laberinto de Ariadna tertulias

Correo de contacto: info@ariadna-web.org

 

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NOCHE DE LLUVIA

Era noche cerrada. Y la lluvia azotaba la oscuridad. Y a mí.

Con mi maleta en la mano, y el pequeño bolso de viaje al brazo, en aquella noche negra como mi vida, aguardaba empapada que algún coche o taxi se aproximara a aquel lugar desierto en que me dejó el autobús en el que había hecho tan largo trayecto, a la entrada de aquel desconocido pueblo.

Las luces de los faros me deslumbraban unos instantes para inmediatamente pasar de largo sin atender a mis gestos de parada ni a mi aspecto devastado, empapada bajo la lluvia.

Cuando me atrevía a dejarla acera y salir casi al medio de la calzada intentando parar a alguno de los escasos vehículos que transitaban aquella noche de lluvia inmisericorde, estos me esquivaban sin disminuir la velocidad dejándome otra vez sola bajo la lluvia y la noche.

Finalmente, después de dudar, paró un taxi unos metros más allá. Sin percibir los rasgos del conductor, me aproximé a la portezuela empujando la maleta. No se movió ni dijo palabra alguna. Después de introducirla en el maletero, abrí la puerta trasera y subí. Un hombre de rostro oscuro, desagradable en su sequedad, observaba impasible por el espejo retrovisor mis movimientos y la desolación que debía asomar en mi mirada. Con una voz en la que no me reconocí, le di la dirección mientras a duras penas trataba de apartar el agua de la lluvia que empapaba mi rostro y mi pelo. No se movió.Sin saber su idioma y presumiendo que él no conocería el mío, le enseñé a través de la mampara transparente que nos separaba el papel arrugado y en parte mojado donde constaba la dirección de destino. No pronunció palabra alguna y, en silencio, acompañados tan solo por el ruido intenso de la lluvia al estrellarse contra la calzada y contra el parabrisas del coche, se puso en marcha.

Partimos.

La noche y la lluvia seguían golpeando mi vista y mis oídos, y, más adentro aún, mi alma. Torcimos por calles desiertas, anchas e inhóspitas, que en algún momento habrían sido cálidas y habrían tenido presencia humana, y cuyos desagües de lluvia escupían ahora chorros que sobrepasaban en altura las aceras. Parecía una ciudad fantasma, una ciudad desierta.

Pronto nos alejamos de las luces mientras la lluvia, ajena a nosotros, a todo, seguía azotando la noche y las almas. Quizá también mi vida.

Nos adentramos en un paisaje inquietante, un bosquecillo de árboles delgados que se balanceaban impulsados por el viento y el peso de la lluvia en sus copas y ramas.. Una luna difusa iluminaba débilmente los pequeños claros que entre las copas de los árboles escapaban a la negrura de la noche. Yo no sentía nada más que frío en el alma.

Ya no se divisaba luz alguna en la lejanía. Pronto llegamos a un páramo sin vegetación. Un tapia baja se alzaba próxima sin que yo pudiera adivinar a qué pertenecía aquel recinto solitario en la desnudez del paisaje.

El conductor paró por fin. La lluvia seguía cayendo torrencial y apenas me dejaba ver qué había tras la ventanilla, pero sabía que, al fin, había llegado a destino. El conductor no se movió ni dijo palabra alguna mientras me señalaba el importe que figuraba en el taxímetro. Pagué. Inmediatamente bajé del coche y, en medio de los golpes de lluvia y viento, abrí el porta maletas y saqué mi equipaje. Nada más cerrar la portezuela, el conductor se puso en marcha y se alejó veloz entre la niebla y la lluvia. En un instante desapareció. Di la vuelta para aproximarme a la puerta principal del edificio y entonces lo vi: “Cementerio”.

© All rights reserved María José Peña

Mi nombre es María José Peña y tengo…bueno, unos cuantos años. Nacida en Granada y residente en Barcelona, he pasado de la pasión de mi vida, la lectura, a compartirla con otra pasión última, la escritura. Licenciada en Derecho por la Universidad de Barcelona, ese campo fue mi profesión hasta que me jubilé. Licenciadatambién en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona, ese fue el campo de mis sueños y ensueños.Pero soñé más leyendo a los grandes de la literatura, y sentí devoción por la Historiay el Cine. Y así transcurrió mi vida.Una cree conocerse, pero un día, con gran parte del camino recorrido, se descubre distinta a como cree, y siente que necesita expresarse y comunicarse con los demás de manera diferente a como hasta entonces lo ha hecho.Eso me ocurrió a mí. Y así, un día, no hace demasiado, busqué vivir con algo más que se impuso como necesidad: escribir.Y a ello me puse.He participado con mi relato “Cuentas”en el libro colectivo sobre la pandemia “Otra vez ayer. Relatos desde la pandemia”, 2020. He publicado el libro de relatos “Miradas”, 2022, y, entregada con pasión a la escritura, preparo un nuevo libro de relatosbrevespara muy pronto. Vivo mi última pasión.

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