LA PLASTICIDAD DEL TIEMPO. Elidio La Torre Lagares

En su libro The Vertical Interrogation of Strangers, Bhanu Kapil Rider eleva una serie de preguntas ordenadas bajo el título «Doce preguntas», y que, en el continuo sin tiempo del universo poético, resuenan con el cuestionario de Marcel Proust. El autor francés estaba convencido de que, al responder al cuestionario de la manera más honesta, el entrevistado individuo encontraría su verdadero ser.  

 

The Vertical Interrogation of Strangers es un texto híbrido entre poesía en prosa y novela que, a pulso de collage, hila las respuestas de personas extrañas con las respuestas de la propia Khapil Rider. Las preguntas que forman la base del «interrogatorio» son las siguientes:  

1. ¿Quién eres y a quién amas?
2. ¿De dónde vienes / cómo llegaste?
3. ¿Cómo comenzarás?
4. ¿Cómo vivirás ahora?
5. ¿Cuál es la forma de tu cuerpo?
6. ¿Quién fue el responsable del sufrimiento de tu madre?
 7. ¿Qué recuerdas de la tierra?
8. ¿Cuáles son las consecuencias del silencio?
9. Dime lo que sabes sobre el desmembramiento.
10. Describe una mañana en la que te despertaste sin miedo.
11. ¿Cómo te prepararás/te has preparado para tu muerte?
12. ¿Y qué dirías si pudieras? 

 

Lo que discurre en el libro de Kapil Rider, entre sus respuestas y las de sus entrevistados, pertenece a la lectura que uno hace del libro, por supuesto. La lectura de The Vertical Interrogation of Strangers es experiencial y no admite intermediarios ni compendios. Por ello, lo que propicia mi reflexión presume de sentido de culpa. Es decir, la persistencia de las preguntas sobre mí me lleva ineludiblemente a querer poetizar mis propias respuestas. Igual le pasará a cualquier lector con ojo de escritor. La única manera de contestar las preguntas es desde el tiempo, desde lo vivido y no desde el por-vivir.  

 

No debe quedar dudas de que el lenguaje incide en la manera que percibimos el tiempo porque el lenguaje en sí mismo es tiempo. El tiempo puede ser corto -¿diríamos reducido?- o largo -¿diríamos amplio?-, pero en todo caso lo que predomina es la noción que es algo así como un vaso que solo se puede llenar de vida.  

 

No quede duda de que, a la séptima pregunta, «¿Qué recuerdas de la tierra?», yo contestaría: «La risa de mi hija». O «¿Cuál es la forma de tu cuerpo?», diría que pudiese ser la forma del viento, o la forma de los días de mi niñez. En sí mismo, el esparcimiento del tiempo implica la multiplicación o proliferación de formas de temporización en momentos no coincidentes.  

 

La plasticidad del tiempo, como Catherine Malabou le ha llamado, se hace espacialización de cada cosa que hacemos: cada cucharada de azúcar en el café, cada libro despechado sin terminar, como los poemas que uno comienza y no termina. El poema no se acaba, dice Octavio Paz, sino que se abandona.  

 

Pero otra cosa es dejarlo así, trunco, por temor a que se acabe y nadie lo lea. Que es como callar. «¿Cuáles son las consecuencias del silencio?», interroga Kapil Rider. Pues, eso. «Caña de Indias, te veo», contesta la poeta. La caña de Indias es rizomática. Prolifera en el tiempo. «No soy una línea recta», agrega.  

 

Lo circular tiene su encanto cuando se adviene al tiempo: el movimiento de los planetas (más bien elíptico), los cuentos de Borges, el reloj; pero lo lineal se presenta desde su existencialismo. El tiempo lineal es un presente que se alarga. Pero el tiempo también es plasticidad absoluta -no circular y no lineal- se impone desde el desplazamiento, desde lo fugaz y de lo que se aleja. 

 

Esto, a pesar de que, en muchos sentidos, desarticulamos el tiempo cíclico, por ser redundante, y el tiempo lineal, por ser aburrido. «Lo que vi: una flor brotando en cámara lenta». La ralentización del movimiento es una simple manera burda de querer detenerlo.  

 

Pero el tiempo ocurre. Viene hecho de memorias y de ahí su plasticidad- su maleabilidad sin relativismo. Ahí es que nos percatamos de cosas que quisimos haber dicho en algún momento y no lo hicimos. Nos jugamos la vida todo el tiempo.  

 

La forma del tiempo plástico es la bifurcación. La temporalidad se fractaliza. Presenciamos una involución insondable donde las múltiples formas de temporalidad exceden la capacidad de un sujeto para aprovecharlas como momento y construir una secuencia lineal. Preguntas como «¿Cómo comenzarás?» o «¿Cómo vivirás?» refieren a una selección dentro de un universo de posibilidades, todas simultáneas y en igualdad de condiciones, porque no han ocurrido, aunque de sondearlas nada más ya existen. 

 

No hay fantasma ni dios en la máquina. Solo se trata de un sistema adaptativo de una complejidad tan increíble que genera nuevas formas de complejidad o capas adicionales de plasticidad. A veces también se le llama poesía. 

 

Entonces, ocurre lo inesperado: el interrogatorio de Kapil Rider me invita a crear mis propias preguntas. Por ejemplo:  

 

  1. ¿Qué cosa quisiste decir a alguien en algún momento y no lo hiciste?
  2. ¿Qué palabra vive sin pagar renta en tu mente?
  3. ¿Qué serías si no fueras tu?
  4. ¿Dónde guardas los secretos?
  5. ¿Qué sueño te visita con frecuencia?
  6. Si fueras un aroma, ¿a qué olerías? 
  1. ¿Qué forma toma tu voz?
  2. ¿Qué recuerdo te recuerda? 

 

¿Habría más preguntas? 

 

Tal vez mis contestaciones, como las de Kapil Rider, tomen años en llegar. O tal vez la contestación les paso de largo. Pero por lo pronto, me gustaría escuchar tus respuestas.  

© All rights reserved Elidio La Torre Lagares

Elidio La Torre Lagares es poeta, ensayista y narrador. Ha publicado un libro de cuentos, Septiembre (Editorial Cultural, 2000), premiada por el Pen Club de Puerto Rico como uno de los mejores libros de ese año, y dos novelas también premiadas por la misma organización: Historia de un dios pequeño (Plaza Mayor, 2001) y Gracia (Oveja Negra, 2004). Además, ha publicado los siguientes poemarios: Embudo: poemas de fin de siglo (1994), Cuerpos sin sombras (Isla Negra Editores, 1998), Cáliz (2004). El éxito de su poesía se consolida con la publicación de Vicios de construcción (2008), libro que ha gozado del favor crítico y comercial.

En el 2007 recibió el galardón Gran Premio Nuevas Letras, otorgado por la Feria Internacional del Libro de Puerto Rico, y en marzo de 2008 recibió el Primer Premio de Poesía Julia de Burgos, auspiciado por la Fundación Nilita Vientós Gastón, por el libro Ensayo del vuelo.

En la actualidad es profesor de Literatura y Creación Literaria en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Ha colaborado con el periódico El Nuevo Día, La Jornada de México y es columnista de la revista de cultura hispanoamericana Otro Lunes.

 

 

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