CRÓNICA DE UNA SEPARACIÓN. Raúl Guerrero

1

Moría la muela, vieja compañera, doliendo a abandono—

una desgana incrustada a la encía. Última vez mía,

como techo maltrecho contra el huracán tiempo.

Exagero: La gran muerte nada importa,

son las pequeñas traiciones las que matan,

y apunta especialista el matador a cuentagotas.

2

¡Oh, soledad de baño!

¡Oh, moribunda muela,

camarada de frutas infantiles y de nueces,

destapar botellas a los quince y mordedera de pezones!

Coño, chico, labios mordedores, uno entiende, ¿pero muelas y pezones?

Reconozcamos, amiga, manías acrobáticas tenías…

3

Entonces llegó la carie con su calce de platino.

No quiero ser mina, protestaste. No soy yo.

Y fuimos cambiando como cambian las cosas,

de la noche a la mañana,

un túnel de acero me cruzaba las arterias

y siete grapas de alta cirugía me sellaron un rincón de los cojones.

4

Igual, nunca imaginé que me dejaras.

Pues no te dejaré escapar en las pinzas de un dentista.

Si es irte lo que buscas, que mi mano te acolite,

y extirpada me lleves mutilado.

5

Abrí la boca. Insinuaste trémula ya es hora.

Corrí al armario por la tenaza.

Tiré con toda el alma, pero opusiste poca resistencia.

Ensangrentado ocupó el espejo

el hueco oscuro de mal gusto que moraste.

6

Adivino el obituario (minimalista, claro):

Objeto inanimado de marfil.

Desconocido de repente envejece.

Y el puente de regreso han incendiado.

7

Y ahora, ¿dónde te entierro?

Google lista cementerios de aberrados y de loros, pero no de muelas.

Acerco la oreja a la puerta: carcajadas, más allá el ruido de una moto,

el silencio de la luna y el jardín de mi mujer en la ventana.

Cuatro cirios alumbran la espera. Esperaremos la quietud ajena.

8

A lo lejos, Alexa me escucha. A lo lejos, Alexa desata trompetas de fúnebres borracheras.

En tu ataúd de puño te camino el piso de cemento. Hay luto en el ventanal de luna llena.

Vieja compañera, muela mía, para ti el más bello macetero,

dormirás eterna entre domésticas orquídeas.

De peluca raíces y tierra.

9

O, te conozco—la forma menos racional de saber—

¡que me pares una flor ignota en los anales de las flores!

Y, quizás, porque son así los caprichos de la vida,

y la santidad es ley de milagros comprobados,

el sortilegio de parirme tu flor de muela santifica,

y un santo declara el Vaticano, ¡San Raul del sur de la Florida!

10

Aclaración: El requisito esencial en la investidura de los santos es la comprobación de por lo menos dos milagros. “Los milagros, Sancho,” dijo Don Quijote, “son cosas que pasan solo de vez en cuando.”

© All rights reserved Raúl Guerrero

Raúl Guerrero, escritor, director del Downtown Arts + Science Salón (DASS) y el periódico Downtown News.

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