LUMBRE DE MARFIL. El faro ígneo azulado de Cappa

El título de este libro hace referencia a esta dura y blanca pátina recubierta de esmalte entiéndase este último término, propio del marfil, como un método de conservación de la obra cuando el inconsciente cotidiano escupe a través de los versos: lo que el yo te sugiere en un poema. Sea desde el fuego arrollador, o bajo lo cerúleo del sosiego ante un retiro propio.  

 

A través de él, brotan en su inicio «chispas» de marfil que incendian aquellas cuestiones de orden filosófico que todo ser humano se plantea a sí mismo: «Poesía para responder aquello que no tiene pregunta». Incluso, en el registro de esta etapa del libro, aborda citas que son dignas de mencionar como la de Carl Sandburg. 

 

La poesía es el diario de un animal marino 

que vive en la tierra queriendo volar por el aire. 

 

Reflexiones que demuestran que, en el quehacer y ante su «pétrea» soledad, está la meditación y su ontología vital, tal como nos lo relata en el primer poema Entre el tiempo y el olvido 

 

/mi destierro 

como un cabalgar sin rumbo 

en la ladera del silencio/ 

 

Herramientas poéticas ligadas a las imágenes coma-a-coma. O desde el verso cerrado bajo la repetición en escala dentro de la estrofa. Sin negar por ello, el valor auténticamente lírico y hondo que se cierne en ellas como en Maldita palabra bendita 

 

/Áspera, incisiva, luminosa, desbordante. 

Un recuerdo entre mil sombras. 

Una esperanza ante mil grietas. 

Un destino con mil escamas/ 

 

En Lo que quedó, el rostro aparece bajo unos «ojos desnudos y radiantes». En Hoy, el final del poema es una «definitiva palabra». «Truenos de miseria y espanto», como verso, arrancará en Semilla. Mientras que un «pálido espejismo tiembla» en La vigilia.Y En Llamas …la luz es marfil. 

 

Como diría su autor en el El último bastión: al poeta… 

 

/ todavía le queda un bolígrafo azul, 

un cuaderno en blanco 

y su innegociable deseo de encender antorchas 

 

Conclusión: que el rayano incendio que cultive, deje sus cenizas entre nosotros, mientras un séquito de lectores, espere su próxima obra en cualquier mar que él determine. Al fin y al cabo, La Poesía 

 

/… son espejismos 

que desatan su voz 

y recorren un oasis de papel 

donde por un momento 

cada imagen cobra vida, 

donde por un instante 

las palabras bailan con la eternidad/ 

 

Eduard Reboll 

  

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