
Tres personalidades literarias en una playa cubana: Enrique Labrador Ruiz, Pablo Neruda y José Gómez Sicre.
En esta fase final de mi análisis, si pudiéramos diseñar un bosquejo de las claves sugeridas por el autor a través del texto, para que nosotros lectores descifremos su —nuestro─ laberinto, el bosquejo luciría de esta manera:
Aplicación de un empirismo científico, subjetividad del hacedor, subjetividad del lector, habitación en el mundo de los sueños, evocación de la vida que se fue, lo ido y que no vuelve, experiencia en las instancias de la realidad humana a través de intuiciones poéticas aunadas a discernimientos filosóficos y, finalmente, idea de la liberación del ser.

Un Wiskaso en su nombre, Don Enrique.
En un constante discernir, saltamos de un tema a otro, de un escenario a otro, de un nivel metafísico a otro, de un plano psicológico a otro. Para esto el autor se vale de una rica fuente de recursos que se convierten en texto. Las epístolas, por ejemplo, son parte del discurso «real» o imaginario: «lunes, 9. Querido amigo: Acabo de recibir tu negativa. ¿Cómo es eso? Por lo demás te reitero que tengo literatura: cuentos, historias, versos. Nota: No sé cómo es posible que me devuelvas el recibo en blanco, sabiendo que, de todos modos, ese recibo será para ustedes. (Laberinto 89) La inclusión de diálogos a lo Cortázar o a lo Macedonio, no sólo abre las puertas a otras dimensiones del propio discurso, sino que también amplía la manifestación del fluir de la conciencia: «—El amo continúa cazando. A las horas más intempestivas hace los despojos. —Es horrible. ¿No se cansa? —Lejos de eso; caza párrafos enteros. —Vaya un gusto. ¿A que no sabe usted una cosa, compañero? —Decid. —El amo roba descaradamente en los clásicos. No perdona uno. Los clásicos son aquellos libros viejos que nadie toca: él sí… ¡Y qué manera de fusilar a los clásicos!» (Laberinto, 92).

Considerando estos puntos diseminados a lo largo del presente estudio, abrazo entonces la tesis de que el discurso de la invocación al lector, siempre presente en la trama, es fundamental en el proceso creativo de este autor. Vemos que es un vehículo eficaz para ponernos en contacto con las ideas vanguardistas que don Enrique quiere desplegar en su creación literaria: «──Yo estaba trabajando, yo estaba trabajando para mis sueños. Yo estaba trabajando como un herrero con su fuerte tajadera y un artesano con su redonda gubia. Saber rebelarse ─me decía— he ahí el secreto. Saber rebelarse contra la voluntad del destino, contra la nunciatura de las leyes, contra las obligaciones y los cánones establecidos; saber rebelarse contra uno mismo porque en uno mismo está la sumisión y la docilidad: saber rebelarse en su punto y de una vez… Si esta muchedumbre se rebelase, la vieja moriría, de seguro; el niño moriría, de seguro; pero un gesto de belleza fuera posible y un chorro de limpia luz haría armoniosas para siempre estas caras contrahechas. Saber rebelarse: he aquí el secreto». (Laberinto, 92) El recurso es también una de las manifestaciones de la intención filosófica que encierra la novela que nos ocupa; con mi nueva visita al texto veo que se nos presenta como ejemplo ecuánime de una nueva forma de escribir.

En este discurso alusivo están las bases del tono inquisitivo que nos transporta en un viaje metafísico y da las pautas a la posibilidad de descifrar el «laberinto» genérico y universal que quizás todos confrontamos. Así, lo espontáneo y lo auténtico, que son rebeliones primas del temperamento por contraste a lo enrevesado y lo artificioso; así, el modo personal opuesto a la manera común, eso que por ser de todos es amaneramiento y hábito. Camino áspero, senda inextricable, laberinto, laberinto de sí mismo, ¿qué cosas sois sino una rebelión contra todo lo que está trazado a escuadra premeditado, preconcebido, preconizado?» (Laberinto, 93) Esa rebelión en lo filosófico también se manifiesta en lo poético: de ahí la insistencia en un lenguaje que si bien es hermético por su complejidad, nos sirve sin embargo de amplificador de las ideas del autor y del tratamiento lingüístico que Labrador Ruiz da a su discurso, en su anhelo desmitificador ante lo que hasta ese momento había sido el lenguaje narrativo en el tratamiento de realidades: «Allá afuera anda un mar obtuso, el mar que yodifica y ceba el pulmón de primera caverna, metiendo ruido… Y yo pienso en él buscando símiles tajantes con qué embellecer de algún modo sus vagidos parturientos y la cara de puérpera que pone porque ya no hay quién le invente imágenes ni le fabrique armonías. Este monstruo se alimenta de confituras». En esta exposición de ideas que nos llegan fragmentadas en una especie de coloquio ulterior, se explota una miríada de posibilidades de potenciación en un personaje que por momentos se nos escapa y por otros parece insertarse en la conciencia del lector. Esta particularidad le da a la novela de don Enrique un acento marcadamente moderno, contemporáneo. Cabe aquí recordar la naturaleza trazadora del presente enfoque. En pleno siglo XXI, estoy consciente de que debemos abordar la obra de Enrique Labrador en una visión obligadamente retrospectiva. Como descifradores en el correr del tiempo, podemos ser testigos de la manifestación de un arriesgado creador que se adelanta a su tiempo y demuestra que conoce las implicaciones de poseer autoría de novela.
En conclusión, se ha dicho que EL LABERINTO DE SÍ MISMO no es más que una larga disquisición sobre la vida y la muerte, y espero lo confirmen los fragmentos textuales que he escogido.
Quod scripsi, scripsi.
FIN PARTE III.
© All rights reserved Héctor Manuel Gutiérrez
Héctor Manuel Gutiérrez, Ph.D, es instructor de español avanzado y literatura hispana. Funge como Lector Oficial de Literatura y Cultura Hispánicas en el programa de evaluación superior Advanced Placement, College Board/ETS. Colaborador mensual de la revista musical «Latin Beat», Gardena, California. Miembro/fundador de la revista literaria «La huella azul», FIU, Miami, Florida. Editor de contribuciones, «Revista Poetas y Escritores Miami», Miami, Florida. Colaborador «Revista Suburbano», Miami, Florida. Colaborador/ columnista, «Nagari Magazine», Miami, Florida. Colaborador «Linden Lane Magazine», Fort Worth, Texas, Colaborador, «Insularis Magazine», Miami, Florida. Es autor de los libros: «Cuarentenas», «Cuarentenas: Segunda Edición», «Cuando el viento es amigo», «Dossier Homenaje a Lilliam Moro» y «De autoría: ensayos al reverso». Les da los toques finales a «Encuentros a la carta: entrevistas en ciernes», a publicarse en 2026, «La utopía interior: estudio analítico de la ensayística de Ernesto Sábato», a publicarse en 2026, y la novela «El arrobo de la sospecha», a publicarse en 2027.