microcuentos sobre la coronamiseria-19. Eduard Reboll

El sujeto asido

Mis zapatos de charol en el piso. Al cuello, un pañuelo de hilo níveo sobre una camisa de algodón. En la boca, aún sigue la mascarilla quirúrgica cubriendo un halo y mi figura. El hidroalcohol, entre las yemas de mis dedos.

La intención es halar el pomo y abrir la portezuela al recelo de la calle; sí, la calle.

Título gubernativo

He salido de mi loft para comprar el periódico. Tomar un café. Y disfrutar mi primer día de liberación oficial. El confinamiento ha terminado en el país. Lo han bautizado con un sintagma que algunos desdeñan bajo la sorna. Otros, en este caso el que escribe, lo aplaude por su atributo, se llama: la nueva normalidad.

 

 Una pregunta coronaria

¿Qué nos depara de dolor o solución esta nueva etapa?

Fuera, en las aceras de la calle, la gente aún sigue cabizbaja. Acompañando a un sol de sábado. O cogidos de la mano con su pareja. Algunos padres animan a los niños en sus minúsculas bicicletas a detenerse a la orden de “¡Alto!”. Los párvulos se detienen en el cruce. La policía sigue vigilando las conductas incívicas, mientras que el transporte público, lleva a escasos pasajeros a ningún lugar.

Hoy es festivo.

Georges Floyd y sus émulos aquí

En mi interior domina una misma fotografía con distintos personajes. Cambian de escena o estética bajo la pobreza. Según el día o el lugar, hay un vestuario real que acompaña a los sujetos bajo un verbo propio. A través del Huawei P20, una y otra vez, releo las imágenes. Y me dispongo a sacar apuntes, mientras tomo, un orujo cristalino como la misma realidad de este lunes.

La ciudad …es plural en razas, género y disgustos

Mudez

Esta pandemia tiene otro virus congénito que está circulando entre las venas urbanas de cualquier ciudad de occidente. Un detonante interior que agudiza lo triste del hogar. Lo corpóreo está presente, incluso, en su condición humana circulando entre muletas o a pie. Lo recóndito emerge. Etéreo, todo el olor a cemento y a carne pervive en esta metrópoli se encuentra bajo el silencio.

En estos días, la nada… también viaja.

© All rights reserved Eduard Reboll

Eduard Reboll Barcelona,(Catalunya)

 

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