LA ÚLTIMA PINTURA. Emilio Palomino

Allí, desde la frontera del horizonte enrojecido por los gases sulfurosos, camina un diminuto explorador, analizando el terreno desértico en donde pronto se librará la última gran batalla de su especie. A lo lejos, sobrevolando la zona, se puede escuchar el zumbido constante del ejército enemigo, preparándose también para luchar hasta la muerte.

Unas horas más tarde, la tierra es sacudida por las vibraciones de una marea inacabable de soldados color café, armados solo con sus exoesqueletos y con sus antenas. Las cucarachas han llegado y, del otro lado del campo de batalla, las avispas también. Ambos ejércitos se detienen para verse una vez más mientras sus generales cierran las filas. La tierra arde, el viento quema y entonces comienza…

Cientos de miles de cucarachas corren rumbo al enemigo mientras las avispas vuelan sobre ellas y descienden para reventarles las cabezas con sus aguijones. Cientos de cucarachas mueren tras el primer ataque, pero pronto la defensa real inicia. Las avispas son más fuertes, pero la coraza colectiva de un ejército es diferente. Años y años de ser víctimas de las torturas de las avispas las han preparado para defenderse entre sí. Cuando una avispa desciende sobre su objetivo, es recibida por las patadas lacerantes de las cucarachas aledañas penetrando sus cuerpos y perforando sus alas hasta perder el vuelo y ser consumidas por la marea.

Las cucarachas parecen invencibles, pero las avispas develan su arma secreta: activan a sus infiltrados. De pronto, la antes impenetrable fortaleza móvil se disgrega mientras los cientos de parásitos, durante días insertadas en las cabezas de sus enemigos, provocan el caos desde dentro. Separadas, las cucarachas se vuelven presa fácil y comienzan su defensa más desesperada. Así, al unísono, se giran sobre su espalda y patalean hacia el cielo esperando causar daño suficiente a sus enemigas antes de ser llevadas también.

Funciona. Las avispas no pueden por sí solas contra las docenas de pequeñas navajas erráticas de las cucarachas y empiezan a atacar de a dos en dos para poder enfrentarlas. Ahora, por cada cucaracha muerta, al menos una avispa pierda las alas o alguna extremidad y se ve reducida a arrastrarse, allí donde es superada por número y ninguna de sus compañeras irá a ayudarla.

Pero, sin previo aviso para los dos disminuidos ejércitos, el suelo comienza a sacudirse debajo de ellos y la tierra se hunde en socavones cada vez más grandes mientras ambas, cucarachas y avispas se sumergen en el infierno. Un infierno preparado por las millones de hormigas quienes emergen del subsuelo para recuperar lo declarado suyo por decreto divino: el dominio de toda la tierra aún tocada por el sol. Las avispas, ahora ínfimas en sus números, intentan retirarse, pero solo unas cuantas lo logran, mientras las demás son atrapadas por las millones de hormigas quienes, indiferente a sus vidas individuales, se cuelgan de donde sea posible y muerden poco a poco hasta asesinarlas a medio vuelo y caer, junto con ellas, de vuelta a la oscuridad.

Al final, de los dos ejércitos enfrentados no quedó nada. Solo un montón de extremidades cercenadas, y brochazos terribles de hemolinfa multicolor esparcida sobre la tierra.

Si alguien estuviera para verlo, quizás quedaría fascinado por el torbellino de colores inconcebiblemente bellos de la masacre apreciables solo desde el cielo. Aquellos trazos de sangre rojiza y azulada cuyas mezclas, al ser tocadas por los rayos del sol, transforman la tragedia en un paraíso.

Pero no queda nadie para verlo. Solo fragmentos diseminados de diminutos cuerpos, y la ocasional y heroica antena agitada por algo además del viento en un vano esfuerzo por sobrevivir. En fin, solo carne desprovista de esperanza, solo alimento putrefacto sobre la tierra desabrida donde pastarán algún día y nuevamente las ovejas radioactivas.

© All rights reserved Emilio Palomino

Emilio Palomino (San Luis Potosí, veintitrés años): escritor mexicano con más de treinta  publicaciones literarias de cuentos y poesías a nivel nacional, copywriter profesional a través de www.redaccionespalomino.com. Ha colaborado con organizaciones como UNESCO, Acción Por México y Campos de Conservación Yucatán, además de ser co-fundador de los colectivos Trazos Urbanos 2.0 por el arte y la cultura local y Apoya Yucatán por la soberanía alimentaria.

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