The Guy Who Is Always at the Next Table at Panera. El hombre que está siempre en la mesa de enseguida en Panera. Mary Grimm

The Guy Who Is Always at the Next Table at Panera.

He is wearing a green hat and having a Jesus meeting with an old man. The old man is telling him a rambling story about a movie on Paul the Apostle, which he says gave him a whole new idea about when Paul was in prison. Paul was a bad ass, he says, and I thought you’d appreciate it, with your own life experiences.

Green hat guy has a bagel he hasn’t touched. He says he was in prison because he was an addict, which is probably not what happened with Paul. Somehow people there knew that he was an addict. They brought the stuff in and he took it. He had a fiancée, he says, and they both took drugs and he couldn’t leave her. When he was in prison he had prayed to god to separate him from her, because he couldn’t do it.

The old man has a prophet beard. Are you still with her, he says and green hat guy says that she’s dead. It happened when he was in prison. Her friend left her to die. This friend knew his fiancée was going to die but she left her. It was bad, he says.

You are still with your fiancée, the old man says. He sips from his coffee, which is the flavored kind. She is still in your soul, he says.

There’s this drug that looks like heroin, green hat guy says, but if you took the same amount of it as you would with heroin it would kill you, and that was what happened to his fiancée. There are four individual packs of honey on his place, each torn at the end and oozing.

What did you want to tell God when you were in prison, the old man says.

He picks up the coffee stirrer and points it at green hat guy. When Paul the Apostle was in prison, he had a great many things he wanted to tell God, you know.

Green hat guy says that he would have told god that he wanted not to be himself, that he wanted to be another person. There were drugs in prison, he says.

The guards brought stuff in all the time. I don’t like going to stores now, green hat guy says, because there’s so much there, so much. I don’t want it but I don’t like seeing it.

Christian contentment is walking through a mall and wanting nothing, the old man says. You live with your parents?

In their basement. I need to have contentment, green hat guy says, but I get mad all the time, I get mad about things. He picks up his bagel and puts it down again.

You think God is out to get you, like he has a hammer he’s going to bring down on you. But that’s your wild self talking.

I just had four teeth pulled, green hat guy says. I’m only taking aspirin for the pain, because of the addiction. He has been clean for three years maybe, he says, and he wishes his fiancée knew, although that might be bad, because if she was alive he wouldn’t be able to leave her.

Paul said that women should be silent in the churches, the old man says, raising his eyes to the ceiling. Woman must not have any say-so over a man, that is what he taught us. Was it the drugs that made you stay with her, he asks, or the sex.

Green hat guy says that it was love. The coffee machines are making that noise they make that is like something from a bad science fiction movie. Whenever they were together there were drugs, he says, but it was love.

El hombre que está siempre en la mesa de enseguida en Panera  

Lleva una gorra verde y tiene una cita para hablar acerca de Jesús con un viejo. El viejo le cuenta una historia incoherente acerca de una película sobre Pablo el apóstol, y dice que esta le dio una idea por completo diferente de cuando Pablo estuvo en la cárcel. Pablo era un tipo duro dice él y pensé que, por las experiencias de su vida, Ud. la apreciaría.

El tipo de la gorra verde tiene un bagel que no ha tocado. Dice que estuvo en la cárcel porque era adicto, que probablemente no fue eso lo que pasó con Pablo. De alguna manera

la gente allí sabía que era adicto. Traían cosas y él las tomaba. Tenía una prometida, dice, y ambos se drogaban, y él no podía dejarla. Cuando estaba en la cárcel, le rezaba a Dios para que lo apartara de ella, porque él no podía hacerlo.

El viejo tiene una barba de profeta. – ¿Sigues con ella? – dice, y el tipo de la gorra verde dice que ella está muerta. Sucedió cuando estaba en la cárcel. Su amiga la dejó morir. Esta amiga sabía que su prometida iba a morir, pero la dejó. Eso estuvo mal, dice.

– Aún estás con tu prometida, dice el viejo. Da un sorbo de su café, que es aromatizado. – Ella sigue en tu alma, dice.

Hay una droga que se parece a la heroína, dice el tipo de la gorra verde, pero si tomas la misma cantidad que tomarías de heroína te mata, y eso fue lo que le pasó a su prometida. En su plato hay cuatro paqueticos individuales de miel, cada uno de ellos roto por el extremo y goteando.

Qué querías decirle a Dios cuando estabas en la cárcel, dice el viejo. Coge el mezclador de café y lo apunta hacia el tipo de la gorra verde. Cuando el apóstol Pablo estaba en prisión, tenía muchas cosas que quería contarle a Dios, ya lo sabes.

El tipo de la gorra verde dice que le habría dicho a Dios que no quería ser él mismo, que quería ser otra persona. Había drogas en la prisión, dice. Los guardias traían cosas todo el tiempo. Ahora no me gusta ir a las tiendas, dice el tipo de la gorra verde, porque hay muchas cosas, muchas. Aunque no las deseo, no me gusta verlas.

La satisfacción cristiana es caminar por un centro comercial y no desear nada, dice el

viejo. ¿Vives con tus padres?

En el sótano de ellos. Necesito estar contento, dice el tipo de la gorra verde, pero me enojo todo el tiempo, me enojo por las cosas. Coge su bagel y lo vuelve a dejar.

Piensas que Dios te tiene en la mira, como si tuviera un martillo y lo fuera a hacer caer sobre ti.

Pero tu yo delirante es el que habla.  

Me acaban de sacar cuatro muelas, dice el tipo de la gorra verde. Sólo estoy tomando aspirinas para el dolor, debido a la adicción. Ha estado sin drogas durante tres años tal vez, dice,

y le gustaría que su prometida lo supiera, aunque eso sería malo, porque si estuviera viva, no podría dejarla.

Pablo decía que las mujeres debían guardar silencio en la iglesia, dice el viejo,

levantando los ojos hacia el techo. La mujer no debe tener ninguna influencia sobre el hombre, eso es lo que él nos enseñó. ¿Eran las drogas lo que te hacía quedarte con ella, pregunta, o el sexo?

El tipo de la gorra verde dice que era el amor. Las máquinas de café están haciendo ese ruido, como el de una mala película de ciencia ficción. Siempre que estaban juntos había drogas, dice, pero era amor.

Traducción al español de Ximena Gómez

© All rights reserved Mary Grimm

Mary Grimm has had two books published, Left to Themselves and Stealing Time. Her stories have appeared in The New Yorker, Antioch Review, and Mississippi Review, and her flash fiction in places like Helen, Berlin Fiction Kitchen, and Tiferet. Currently, she is working on a historical novel set in 1930s Cleveland. She teaches fiction writing at Case Western Reserve University.

Mary Grimm ha publicado dos libros, Left to Themselves y Stealing Time. Sus relatos han aparecido en The New Yorker, Antioch Review y Mississippi Review, y sus microrrelatos en revistas como Helen, Berlin Fiction Kitchen y Tiferet. Actualmente trabaja en una novela histórica ambientada en el Cleveland de los años 30. Es profesora de escritura de ficción en Case Western Reserve University. 

© All rights reserved for translation Ximena Gómez

Colombian poet Ximena Gómez’s books include Habitación con moscas (2016), Último día / Last Day (2019), and Cuando llegue la sequía (2021). She is the Spanish translator of Jacqueline Woodson’s Brown Girl Dreaming, George Franklin’s Among the Ruins / Entre las ruinas, and contributing translator to Hyam Plutzik’s 32 Poems / 32 Poemas.

Entre los libros de la poeta colombiana, Ximena Gómez, figuran Habitación con moscas (2016), Último día / Last Day (2019) y Cuando llegue la sequía (2021). Es la traductora al español de Brown Girl Dreaming, de Jacqueline Woodson, y de Among the Ruins / Entre las ruinas, de George Franklin, y co- traductora de 32 Poems / 32 Poemas, de Hyam Plutzik.

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