JUGANDO AL PUNTO CRUZ CON MARÍA ELENA WALSH. Graciela Perosio

Nadie sabe mi nombre

y mi paciencia rara vez figura

santificada en los museos.

María Elena Walsh: “Punto cruz”

              

                                                                                                    

   En lo personal, no puedo quejarme del 2020. Hubo varios sucesos profesionales relevantes. Voy a destacar hoy uno: participar en la filmación para la Fundación María Elena Walsh de una serie de entrevistas con personas que habíamos construido en vida una amistad con María Elena.

     Creo recordar que mi relación personal con ella, se inició en 1988 a raíz de que Jorge Lafforgue, quien por ese entonces dirigía la Colección “Los Poetas” del Centro Editor de América Latina, me encargó escribir el fascículo sobre la poesía “para adultos” de María Elena. Yo vivía aun en Puente Saavedra del lado de la provincia de Buenos Aires. Y partía, de tanto en tanto, a ver a la poeta y juglaresa, trepada a como fuera en el colectivo 60, sin imaginar ni por lejos, que poco tiempo después, terminaría mudándome a tres cuadras del departamento que ella compartía con Sara Facio.

     No olvidaré jamás esas charlas sobre lo que ella esperaba que yo habría de hacer. Bueno, hay diferentes etapas en mi poesía y no se trata de alabar los poemas… ¿para qué? Habló un poco más, pero no demasiado, y concluyó: El modelo de ensayo en mi cabeza es como —y se detuvo un poco tomando impulso—, Otras Inquisiciones de Borges, por ejemplo. “¿Vos querés que me vuelva a mi casa y desaparezca?”- Le contesté.

     En ese momento, junto a Susana Poujol y a María del Carmen Colombo asistía a un taller de ensayo coordinado por Tamara Kamenszain. “Lo que te puedo ofrecer”, musité, bastante dudosa, “es que Tamara supervise mi trabajo.” Así quedamos y el escrito fue y vino de casa a la clase de taller unas cuantas veces, Tamara fue especialmente insistente en este caso, claro, había dado su palabra a MEW y era muuuuy seria en esas cosas. Cuando estuvimos las tres conformes también quiso María Elena revisar con qué criterio había yo seleccionado el grupo de poemas que formarían el cuerpo principal del fascículo. Pero fue allí, cuando ya estaba todo cocinado, que María Elena al tener una conversación con Boris Spivacov, el Director de Centro Editor, no estuvo de acuerdo respecto del tema de derechos de autor… La conversación no parece haber culminado amablemente y ni siquiera recuerdo quién fue el encargado de decirme que la publicación no iba a salir. Recuerdo, sí, una tarde posterior a esta noticia, estar tomando el té en casa de MEW con Jorge Laforgue y una de sus hijas que entonces aún asistía a la escuela primaria y estaba entusiasmadísima con conocer a María Elena. Y me parece ver a Jorge sentado delante de mí diciendo “yo ni siquiera he visto este trabajo de Graciela”, lo cual era verdad. ¿Hubiera querido MEW que saltara —aprovechando la ocasión—? y dijera, lo que hubiera sido pertinente: “pero acá tenés el trabajo que me encargaste y es justo que yo reciba mi paga” No lo hice y jamás de los jamases MEW y yo volvimos sobre ese asunto. De modo que su deseo nunca lo supe ni lo sabré. No obstante, hay otras anécdotas en mi amistad con ella que me permiten inferir que María Elena esperaba que las personas tomáramos el camino de la defensa de nuestros derechos y el crecimiento que eso implica, sin tener ella  que señalárnoslo en lo más mínimo. Ya para ejemplo, contábamos con su vida como guía eficaz de lo que podía hacerse.

     Actuaba a la manera de un maestro zen inclusive usando la contradicción para llevarte al lugar donde tuvieras que admitir por tu propio juicio, que aun muchas veces bien y mal, correcto/incorrecto dependen de la circunstancias y no hay recetas válidas para vivir. Si algo era imprescindible aprender para poder interactuar con MEW reside en las palabras flexibilidad, libertad, responsabilidad, criterio propio y multívoco. Lo unívoco o el discurso único,  no tenían cabida alguna en aquella casa ni en una amistad real con María Elena.

     La persona que me contactó para hacer la filmación, previa amable consulta de Sara Facio, es Graciela García Romero quien trabaja incansablemente y a destajo, en la Fundación María Elena Walsh. Ella coordina esta tanda de documentales donde se requiere el relato de los momentos y trabajos compartidos con MEW. La propuesta se consustancia con la  conservación de patrimonio intangible e inclusive se alinea con otros conceptos que defendí al sostener la necesidad de reflotar los proyectos de Casa de Poesía Argentina. A saber, hubo dos extremadamente breves: uno en el ámbito nacional, otro en la esfera municipal de la ciudad de Buenos Aires. La poesía, más aún que otros géneros literarios, precisa de un apoyo especial para que el corpus de escritura no se pierda pasados los años, muertos los autores. Y por supuesto, también es importante conservar todo elemento que ayude y aporte a la investigación de esas obras. Vuelvo a destacar acá como lo hiciera en las mentadas intervenciones anteriores, la valiosa labor de las editoriales independientes cuando encaran la obra reunida o incluso, la obra completa, de algunos de nuestro/as grandes poetas. Como el caso de Ediciones en Danza respecto del sanjuanino Escudero, del pampeano Bustriazo Ortiz o la cordobesa María Teresa Andruetto, también voy a mencionar el esfuerzo importante de Ediciones del Dock al reeditar la obra de Viel Temperley y son sólo algunos ejemplos porque hay unos cuantos más. Tarea en la que también se van implicando algunas Universidades, como ser la Universidad Nacional de Entre Ríos, con la obra completa de Francisco Madariaga bajo dirección de Roxana Páez, o la reciente Obra Poética de Miguel Angel Federik titulada Geografía de la fábula, con prólogo de Sergio Delgado y coordinación de Guillermo Mondejar. Otro caso a destacar es la Universidad Nacional de Tucumán con la edición del maravilloso libro En la Casa-Barco, obra reunida de Inés Aráoz, al cuidado de Sofía de la Vega y Ezequiel Nacuse bajo coordinación de María Jesús Benites.

     No es porque sí que hablando de María Elena Walsh, derivamos en este tema de la conservación y estudio del corpus de la Poesía Argentina. Uno de los proyectos que no alcanzó a concretar fue la creación de un sello editorial de poesía y la organización de algún concurso que estimulara tanto la creación poética como su difusión y enseñanza. Como son temas que habló particularmente conmigo, cumplo con dejar asentada su inquietud, en este juego-bordado de las conversaciones que cruzamos en tantas tardes compartidas. Elijo muy especialmente la figura del “punto cruz” porque María Elena siempre supo honrar la condición artesanal, el trabajo apartado de todo exitismo, la labor hecha con gusto y sinceridad, fuera de ningún cálculo.

    En cuanto a las entrevistas filmadas quiero contarles que a esta serie   fueron convocadas distintas figuras del quehacer cultural nacional: Susana Rinaldi, Teresa Parodi, Jairo, Paz Martínez, Pedro P. García Caffi, Liliana y Lito Vitale. Esperemos poder disfrutar pronto de estos documentales con testimonios que descontamos, valiosos.

    Agradezco además a las personas que tuvieron a cargo la filmación de mi entrevista, en los jardines del Círcolo Italiano a donde supe almorzar varias veces con la querida María Elena Walsh. Como corresponde, anotemos sus nombres. En la dirección: Cinthia Rajschmir, en las cámaras: Carolina Rolandi, Wanda López Trelles, Lucía Weisz en la producción y Mercedes Amenabar en el maquillaje.

    Ojalá La Fundación María Elena Walsh se consolide como bastión del patrimonio poético y musical de Argentina.

© All rights reserved Graciela Perosio

Graciela Perosio. Bs. As (1950) Escritora. Prof. Universitaria en Letras. Recibió la Beca Nacional de Investigación del Fondo Nacional de las Artes para estudiar la obra del poeta argentino Carlos Latorre. Publicó ocho libros de poesía: del luminoso error (1982 de autor), Brechas Muro (1986, Tierra Firme), La varita del mago (1990, Tierra Firme), La vida espera (1994, Del Dock), La entrada secreta (1999, Grupo Editor Latinoamericano), Regreso a la fuente (2005, Del Copista), Sin andarivel (2009, Del Copista), Balandro (2014, Paradiso), la antología Escampa, el corazón (Editorial Ruinas Circulares 2016) y El privilegio de los años, (Editorial Leviatán 2016)

Su obra ha motivado puestas escénicas multimediáticas, esculturas, pinturas y otras obras literarias. Muchos de sus poemas se han difundido por la red en sitios nacionales y extranjeros mereciendo juicios elogiosos de críticos y colegas. Un poema de su autoría fue seleccionado para realizar un afiche con ilustración de Alexiev Gandman que se presentó en las veredas de la Ciudad de Buenos Aires.

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