DANTE EN EL SÉPTIMO CENTENARIO DE SU MUERTE. POPULE MEUS QUID FECI TIBI? Alberto García Gutiérrez

El 2021 es el año del séptimo centenario de la muerte de Dante Alighieri. Para el autor nacido en la República de Florencia en 1265, un probable 30 de mayo, es posible que le sorprendiera y acaso le disgustara que su ciudad le siguiera homenajeando en el siglo XXI. Dante amó a la República Serenísima pero también le guardó un rencor eterno. Como ser humano, dejando a un lado su laurel inmortal en las letras, es justo esbozar su vida y la relación de amor y odio con su patria, una ciudad estado que quería asemejarse a la antigua Atenas con aires de la Roma republicana de antes del imperio de los césares…porque es causa de las desdichas del autor florentino y a la vez de su mayor creación literaria.

De familia comprometida con la ciudad de la Toscana y con la idea del Imperio Sacro Romano, detentado por los monarcas electos germanos, los Alighieri estuvieron en las Cruzadas, fueron caballeros del imperio y miembros del patriciado florentino.

Durante, el verdadero nombre de Dante en realidad, tuvo como maestro en las artes de las letras y la retórica a Brunetto Latini, el cual formó al futuro poeta siendo además consejero aúlico del joven Dante Alighieri en su cursus honorum posterior en la Florencia de la época. De la sólida formación del joven patricio es la prueba Vita Nuova, que compuso en plena adolescencia.

Desde 1273 el autor de la Divina Comedia comienza su vida pública al servicio de Florencia, tanto en lo civil como en lo militar. En su juventud al servicio de lo público aparece su amor platónico, Beariz de Portinari, a la que idealiza, simboliza y crea como icono del amor, la belleza y la virtud. La muerte de Beatriz empujará a Dante a la filosofía como consuelo y remedio contra la melancolía… Beatriz será eterna gracias a los poemas del joven Dante que ha perdido su primer amor.

En 1295, casado con Gemma Donati, y con una familia que se compondrá de cuatro hijos, comienza su ascenso a la responsabilidad de la res pública florentina. Miembro del partido güelfo, a favor del poder temporal imperial y contrario al poder terrenal del pontífice romano, hacia 1300 comenzará un declive en lo político que conllevará al final el destierro, la proscripción y la pena de muerte teniendo que huir de Florencia con su familia al ser condenado por negarse a que el romano pontífice junto con Carlos de Valois dominaran de forma directa e indirecta a la república florentina.

Dante abandonó la Toscana, se le impuso multa y se le confiscaron sus bienes y se le condenó a no ejercer jamás cargo público. Empieza una sucesión de tránsitos por la Italia de la época en las ciudades estado al servicio de príncipes comerciantes, condottieros y demás poderes en la Italia fragmentada de aquel siglo XIV. Padece miseria y se sabe condenado por defender la libertad de su ciudad estado que prefiere ser satélite papal a ser libre y señora de sus destinos. Verona, Lucca, misiones diplomáticas y ser consejero aúlico de nobles o patricios permiten que la mente de Dante no naufrague en el océano de todo condenado al ostracismo.

La lucha entre el poder temporal, el imperio, y el espiritual en lo terrenal, el papal, en 1310 volverá a resurgir en el tablero italiano y Dante Alighieri toma partido por el imperio. Sus escritos a favor del emperador Enrique VII, sus cartas para hacer entender a sus compatriotas que la soberanía florentina ha de ser restaurada bajo la protección del imperio son la gota que colma el vaso de los líderes resentidos propapales florentinos que le excluyen de toda amnistía futura y le renuevan su condena a muerte, incluyendo a sus cuatro hijos, si osa pisar la ciudad a la que ama.

Seis años después, en 1316, la vergüenza de ser perdonado, si así lo aceptaba el poeta, por el Podestá florentino en público en el templo de San Juan Bautista junto con el pago de una fuerte penalización económica fue rechazada por un Dante que ya era considerado no solo en la troceada Italia sino en buena parte de la Europa cristiana como un genio de las letras y símbolo de lo que se conoce como Renacimiento. El peregrinaje continuo por suelo italiano cesará cuando Guido Novello da Polenta, familiar directo de la gran Francesca de Rimini, le acoja en sus dominios y en ellos Dante Alighieri componga La Divina Comedia.

Para su protector fue en misión diplomática a Verona en 1320 y a Venecia en 1321. En la ciudad esposada con el Mar Mediterráneo enfermó y próximo a la muerte fue trasladado a la ciudad de Rávena donde el 14 de septiembre de 1421 pasaba a la inmortalidad. Como otros florentinos insignes y geniales, caso de Nicolás de Maquiavelo o Leonardo Da Vinci, el destierro y la persecución política o científica fueron el pago por el amor a una de las ciudades más bellas del Renacimiento italiano.

Dante Alighieri nos legó su poesía, y de toda ella La Divina Comedia. Colosal historia simbólica que entronca con el pasado de la cultura occidental, con La Eneida de Virgilio, con La Odisea y La Ilíada de Homero, pues al igual que ellas es un canto épico que ensalza al ser humano, que lo pone en el centro del escenario del Universo y le dota de grandeza, de sentido, de un Destino Manifiesto y de esperanza. La Divina Comedia rescata figuras, simbología y personajes del mundo clásico greco romano, los une con los símbolos y personajes cristianos y la imaginería de la Edad Media que está entrando en lo que será el Renacimiento y conforma una trilogía en su interior de visualización de los males cometidos tanto a nivel individual como colectivo del individuo y la raza humana, los pecados y su castigo en el Infierno, una purificación y liberación de ellos, en el Purgatorio, y una elevación del espíritu o alma pura y libre en el Paraíso o el reino celestial. La Divina Comedia es una obra en la que pesa la autobiografía de Dante, él es uno de los protagonistas junto con su guía, Virgilio, y es causa como digo del dolor de la pérdida de su Florencia natal, de su distancia al poder papal, que era en aquella época la base del imago mundi existente en la Europa que transitaba de la Edad Media al Renacimiento, y de la añoranza por el mundo perdido de Dante.

Ah, por cierto, Dante Alighieri dejó como última voluntad que sus restos jamás fueran llevados a la ciudad a la que amó, que hubo de dejar por la voluntad de sus compatriotas en un destierro que lo amargó hasta el fin de sus días y que le supuso ser un peregrino sin solaz propia. En su tumba está escrito: Honrad al más alto poeta.

Honradlo leyendo su épica historia, su Divina Comedia, y así comprenderéis el dolor, la tristeza y la esperanza, y el llanto por la tierra amada, perdida del poeta entre los poetas que supo conjugar sus tristezas con sus anhelos de redención y paz.

© All rights reserved Alberto García Gutiérrez

Alberto García Gutiérrez. Barcelona, España, 1974. Escritor, articulista, divulgador y creador del programa de radio y luego podcast Verne y Wells Ciencia Ficción. Consultor, asesor e introductor para la Editorial Gaspar & Rimbau.

Obras más recientes:

Guía de Seres Elementales y Otros Seres Fantásticos, Editorial Apache Libros.

Cuentos en el Espacio y el Tiempo, Editorial Gaspar & Rimbau

Introductor a las colecciones Recuerdos del Futuro y Recuerdos de la Tierra de los Sueños de la Editorial Gaspar & Rimbau

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