HISTORIAS DEL BRUC, CUARTA PARTE. Jesús Martínez

IV

Los matemáticos

Crónica sobre una visita a la biblioteca del cuartel del Bruc

Entrar en el cuartel del Bruc con un ejemplar de los Ensayos de Emerson es como volver a la Normandía de la Segunda Guerra Mundial.

Los cinéfilos recordarán el pasaje de la película Salvad al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998) en el que el cabo Timothy E. Upham (Jeremy Davies) y el capitán John H. Miller (Tom Hanks) citan al pensador norteamericano: «La guerra enfrenta a los hombres en tan íntima conexión en los momentos críticos que el hombre es la medida del hombre».

Los no cinéfilos confundirán a Ralph Waldo Emerson con el futbolista de la Selección italiana Emerson Palmieri.

El coronel Alejandro Rubiella (Barcelona, 1963), destacado en misiones de inteligencia en medio mundo, conoce a Emerson (el bueno) porque entre sus aficiones se encuentran los libros, y si son libros descatalogados, apolillados y cervantinos, mejor.

En el 2017 dirigió la Biblioteca de Historia Militar del cuartel del Bruc de Barcelona, que se integra en la red del Instituto de Historia y Cultura Militar, y parecida a la biblioteca de Hogwarts en muchos aspectos: ediciones mágicas, buscadísimas y de letras audaces. (En la actualidad, manda en el centro Miguel Escolano).

«Aquí hay muchos secretos y muchos tesoros», alega el coronel Rubiella, lechuza, lebrel y corzo, tres animales en una misma personalidad.

Entre otros, la biblioteca del Bruc aglutina los fondos del castillo de Montjuïc, cedido hoy al Ajuntament de Barcelona. Y en las dependencias, de unos trescientos metros cuadrados, en el lado Diagonal, se halla el grueso de las obras que produjo la Real Academia Militar de Matemáticas de Barcelona, creada por el flamenco de la Academia Militar de Bruselas Joris Prosper Verboom, en el siglo XVIII, tras la pérdida de Flandes (1713). Ejemplos de secretos y tesoros:

La fortification, de Antoine de Ville (1672); Opuscula mathematica, philosophica et philologica, de Isaac Newton (1744) y Colección general de las ordenanzas militares, sus innovaciones y aditamentos, de Joseph Antonio Portugues (1764).

Gruesos tratados con lomos de carne, con tipos de imprenta que ya ni se fabrican, con lujosas portadillas en las que se menciona al rey de turno.

«De la Real Academia Militar de Matemáticas saldrán las escuelas de arquitectos y las escuelas de urbanistas y de ingenieros civiles», anota.

Entre tanta monografía de fría piel, un mapa destaca entre todos los mapas: el Sitio de Barcelona de 1697 (15 de junio-8 de agosto de 1697), en el que los franceses del mariscal De Vendôme vencieron a los infantes y somatenes del virrey de Cataluña, Francisco de Velasco, que huyó, «capitulando Barcelona según el más riguroso estilo de guerra».

Los no cinéfilos, los de Emerson Palmieri, se quedarán con la entrada de Wikipedia.

Los cinéfilos, los de Waldo Emerson, escucharán al coronel Rubiella, de formación historiador.

Disertación sobre el facsímil del mapa del Sitio de Barcelona, en el marco de la guerra de los Nueve Años (el mapa original descansa en una cartoteca de Francia): «En este plano no está la Ciudadela, que se construyó a partir de 1714. La Barceloneta, en esa época, tampoco existe; se creará el barrio nuevo [1753] con los vecinos que se desalojen de La Ribera para levantar la Ciudadela, que no deja de ser un cuartel que evita que los soldados se alojen en casas particulares», dice el coronel, y de tanto en tanto algún soldado se le cuadra y le saluda: «A la orden de usía, mi coronel». «Es muy importante entender que los franceses tenían un permanente interés en la conquista de Barcelona. De hecho, Barcelona pasa a estar controlada por el rey Luis XIII durante un tiempo. Por ello, la ciudad debía estar bien amurallada».

En la carta se observa la fortificación abaluartada, que resiste bien la artillería: murallas bajas, enormes, con baluartes armados con cañones. A día de hoy, quedan los restos arqueológicos, entre otros, del Baluarte de San Antonio, en el Mercat de Sant Antoni.

En el mapa de la plaza de Barcelona colgada en la biblioteca del cuartel del Bruc, se distinguen diversos enclaves: El Palacio (edificio de la Delegación del Gobierno), Puerta del Mar (Facultat de Nàutica), Baluarte de Tallers (calle Tallers)…

Prosigue Rubiella: «El castillo de Montjuïc es fundamental para defender la capital: no es un castillo para agredir la ciudad, sino para defenderla. Ante la imposibilidad de conquistar la montaña, los ingenieros del enemigo planean zanjas para aproximarse a las murallas del noreste, zanjas perpendiculares con el fin de no ser batidos, y cavaron una mina para hacer explotar la muralla. El enemigo identifica las zonas débiles y barre lo que hoy es el barrio de Fort Pienc [Eixample]».

Con el dedo señala la Rabassada, el Tibidabo, Vallcarca… y la riera que fluye por las Ramblas. Y la «zona polémica» en la que estaba prohibido edificar porque se encontraba al alcance de las bombas. (Las villas de Gràcia y Sarrià surgirán más allá de este radio).

Con el dedo señala también la laguna cercana al mar (metro de Llacuna), territorio impracticable y pantanoso.

«El castillo de Sant Ferran, en Figueres, el más grande de Europa y con contraminas, se construye a partir de 1753 para frenar a los franceses en la frontera de los Pirineos», explica, y expone las diferencias entre galeras y fragatas y entre balandros y navíos, los diferentes caminos y las paradas de posta, y el significado de términos como trincheras, fuertes y contraescarpa (pared en talud del foso).

Y expondrá «ataques, brechas y cortaduras hechas en la guarnición» por los regimientos franceses (Bretaña, Narbona, Poitiers…).

El coronel Alejandro Rubiella, que ha intervenido en las misiones de Bosnia, Afganistán y Colombia, pronuncia una frase que le sale como a Clint Eastwood en El sargento de hierro. Es esta: «Los militares no son conservadores, se adaptan y evolucionan. Si no, mueren».

Aplicado al Bruc: en unos meses se abrirán las salas de estudio de la biblioteca para hacerlas más accesibles a la ciudadanía.

© All rights reserved Jesús Martínez

Jesús Martínez (Barcelona, 1975). Reportero. Doctor en periodismo por la Universitat Ramon Llull (URL). Licenciado en periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). De las frecuentes visitas al vecino y escritor Francesc Candel, guarda sus consejos periodísticos, que se reducen a la honestidad en el oficio. Formado en las revistas locales La Marina dels barris de Zona Franca y L’Informatiu de Sants, Hostafrancs i La Bordeta, ha colaborado en las ediciones dominicales de El Periódico de Catalunya y La Vanguardia. Ha ganado el premio de periodismo Manuel Alcántara, que otorga Diario Sur. Desde el 2000, guionista del programa cultural de TVE Saber y ganar. Máster en reporterismo por la Universitat Ramon Llull. Imparte clases de grado y posgrado en la UAB, en la URL y en la Universitat Abat Oliba. Actualmente, trabaja en Ediciones Carena. Autor de una veintena de libros, reportaje y crónica.

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