LO MEJOR DE LA UTOPÍA. Sobre HIPOCRESÍA de Susana Biondini.

No he de mirar el reloj. Solo escribir. Revisar una y otra vez ciertos poemas, investigar la historia detrás de ellos; la historia de los poemas que se dejan investigar. Otros vienen como envueltos en un pañuelo anudado o en un sobre de carta. En esos casos, uno solo puede llegar a leer lo que se muestra afuera: las señas del remitente y sus marcas de destino, pequeñas señales ocultas en los cuños de la oficina de correos, un diente roto en la estampilla, el olor a misterio que se abrió paso por una esquina del sobre despegado. Al final, uno se queda dormido y sueña que al otro día el poema amanecerá fuera de su sobre, florecido en nuestra mesa de noche.
En cambio, hay otros poemas, más diáfanos y vulnerables, que son también los que más abundan en este, el segundo libro de poesía de Susana Biondini, se abren como flores de loto ante la mirada del lector, sin pudor. Ellos confían en que el que lee será tan cómplice y tan entregado como el poema mismo.

No he de preguntar nada.
Solo correr por entre los poemas y los textos no poéticos que se asomarán de cuando en cuando en el libro. Eso haré, correré como una criatura puesta en libertad, suelta a sus anchas en un campo que de algún modo le resulta ajeno y al mismo tiempo familiar, que no entrega nada de sí. Solo espera; y espera como esperan los ríos con sus aguas frías a ser visitados, como esperan unos brazos al final del camino en ese sitio, perdido y familiar que es siempre la poesía.

Un cuento que abre un libro de poemas, dos poemas “apócrifos” que lo cierran.
El lector encontrará un cuento de la autora al principio del libro, pero igual llamarán su atención dos poemas firmados por cuatro autores. ¿Son estos autores seres reales o son fruto de una licencia poética de su autora? Es muy posible que las circunstancias que dieron lugar a su escritura sean desconocidas para el lector. Baste decir que esos dos “cadáveres exquisitos” que los lectores encontrarán al cierre de la colección poética son el fruto de una noche con amigos artistas; un ejercicio puramente literario enmarcado en medio de un paisaje con montañas en el magnífico estado norteamericano de Georgia, escritos en la primavera de 2021. Susana no los escribió, pero nacieron bajo su guía y la fuerza tutelar de su mirada, y tal vez todos coincidieron en que en su conjunto son más de ella que de ninguno de sus otros autores.
Su inclusión en un libro llamado Hipocresía puede que constituya un regalo para quienes escribieron esos poemas, pero, sobre todo, es otro de los actos de libertad consumados por la autora en toda esta obra, una constante de la que el lector irá encontrando muestras mientras pasa las páginas.

No he de mirar afuera, sino adentro.
Quien lea este libro, encontrará también la “Declaración de los Derechos del Niño”, firmada por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959. Ese texto de aspecto legal, insertado entre poemas de la autora, es también una declaración de principios. Se trata, como los llamaría G. Genette, de elementos del metatexto de la obra, piezas que por un lado podrían resultar prescindibles para los puristas del artefacto etiquetado como “libro de poemas”, pero que en rigor son elementos inseparables del todo. Entre otras cosas, son paradas enriquecedoras en medio de la experiencia de la lectura, al tiempo que constituyen detonadores de memorias, generadores de sentido y cuestionamientos del lector mismo.
Dicho sea de paso, esa declaración se vuelve también un lente a través del cual la autora invita a escrutar su propia obra. Punto de partida y de destino, este libro no sería lo mismo sin la cita textual y fragmentada de la “Declaración de los Derechos del Niño”. Como forma de intertextualidad apegada a la definición que de ese concepto hace el teórico M. Bajtín, la presencia de este material histórico en el libro de Biondini, invita al lector a participar de la relación dialógica que deriva del encuentro entre poemas y la mencionada declaración, así como entre el cuento y los poemas de Susana o entre los poemas de Susana y los poemas de sus colegas al final del libro.
Por último, el encuentro con la carta firmada en 1959 por los signatarios de la ONU en este libro, es un llamado a la acción, un acto que confirma la naturaleza iconoclasta y militante de la autora, una sacudida transformadora contra la apatía y la conveniencia de no hacer nada. La huella de la Declaración de los Derechos del Niño muta en un claro recordatorio de por qué, entre otras razones, este libro lleva por título el nombre de ese oscuro objeto del armario humano: la hipocresía. Más allá de la teoría literaria, a más de sesenta años de haber sido firmada, esta carta sigue siendo una sombra pesada pero iluminadora, y puede que entre sus pliegos esconda algo que preferimos ignorar para no sentirnos miserables ante lo obvio: lo mal que le hemos quedado tanto a los niños de un rincón apartado del mundo, como a los allegados a nuestras vidas y al propio niño interior de cada uno.

Solo una mujer
Para algunos podría resultar curioso que una autora como Susana Biondini, con una obra poética llena de un erotismo delicado pero tangible, pase por alto tantas partes del cuerpo de la mujer o que, por ejemplo, el clítoris lo nombre solo como una parte del sexo femenino que ciertas culturas mutilan.
La explicación a este pormenor de los poemas del libro, con una carga muy alta de sensualidad implícita, de amores terrenales y batallas ganadas y perdidas, puede que sea la habilidad secreta de la autora para pasar de largo por los territorios más visitados, y en cambio, llegar de prisa a los cotos de caza dolorosos o sublimes de la existencia humana: el miedo, la soledad, el insomnio, la tristeza, el olvido, el amor, la emigración, la violencia, la felicidad, “el frío lacerante de la ausencia”, el optimismo… porque en verdad, el cuerpo de la mujer está presente en la obra desde el mismo primer poema, “una mujer”, y eso no es una casualidad. Es una constante que recorre casi todos los poemas. Está en todas partes de este libro, en el cuerpo que emigra, que echa raíces, que da frutos, en el animal emisor y receptor de deseos que es en mayor o menor medida el ser humano.

Elogio de la poesía
En este libro hay un elogio a la poesía. Un elogio rara vez explícito; más bien es un enaltecimiento que permea, una transpiración de amor al arte poético que aflora a la superficie en estos versos:

“¿qué puede esperar uno del día
si al despertar carece de poesía?”

Hace poco, me decía otro amigo poeta que lo mejor que podía hacer por la humanidad, más aún, que lo mejor que la humanidad podía hacer por ella misma, era escribir o leer poesía. Tanto la autora de este libro, como el amigo que cito, coinciden en esta verdad, aunque con estos versos Susana vaya más allá:

“te propongo amigo
lo mejor de la utopía”

Como dijo T.S. Elliot, “no buen viaje, sino adelante viajero”. Adelántese y descubra las partes de este cuerpo, los sitios que se entreguen al paso del forastero y también aquellos que permanezcan sumergidos, los labios, la sonrisa. Confíe en que tras este viaje, habrá poemas floreciendo en su mesa de noche hasta mucho tiempo después de que el viaje haya acabado.
Creo que así ha de acercarse el lector a Hipocresía, aunque, a decir verdad, cada lector se acercará de un modo diferente. Bienvenidos los que esperan algo, y bienvenidos los que no. Bienvenidos también los que se aventuren en la obra de Susana para descubrir una voz poética sorprendente, siempre en tensión entre las formas clásicas y la ruptura, un gesto inevitable en la obra de quien crea en plena libertad, una autora madura y serena, mimada por el dios de la utopía

José Manuel Domínguez
Escritor-Director-Actor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.