FAUNA: LA TENSIÓN Y LA FANTASÍA EN EL MÉXICO VIOLENTO. Armando Navarro Rodríguez

La violencia como rutina, tan arraigada en el subconsciente mexicano, es explorada por el director Nicolás Pereda en Fauna, un film que en setenta minutos disecciona las relaciones tensas y escabrosas de una familia que no es lo que parece.

El narco, tan embelesado en series y películas de la actualidad, pierde todo glamour en esta metanarrativa que, como caja china, desarrolla un relato dentro de otro relato de forma desconcertante pero no por ello menos divertido. Dividida claramente en dos actos, Fauna narra en su primera parte el viaje de la pareja compuesta por Luisa y Paco hacia un pueblo del norte de México, en donde visitarán a los padres de ella. Ahí se encontrarán con Gabino, hermano de Luisa.

Después de ese primer encuentro, la tensión e incomodidad que emana del film se harán imparables. Secuencias hilarantes, como la que sucede en una sórdida cantina, provocan que el relato avance hacia un punto en el que se puede creer que ya se conoce a los personajes y sus motivaciones. Pero es justo en ese momento cuando se podría pensar que la narrativa se dirige a un lugar común, mientras la atención ya está puesta en esa extraña familia que Nicolás Pereda bifurca de forma determinante en su discurso cinematográfico. Y es donde se presenta el segundo acto. Los hermanos Luisa y Gabino conversan desanimadamente sobre un libro que él está leyendo. Entonces el espectador se ve inmerso en dicho relato, con los mismos actores en diferentes personajes.

En situaciones que se sienten misteriosamente ligadas a la realidad que viven los protagonistas, la trama gira en torno a un hombre que busca en un pequeño poblado a un tipo misterioso que, quizá, pertenece a algún cártel del narcotráfico o al crimen organizado. En el hotel donde está hospedado en su búsqueda, el hombre conoce a una mujer llamada Flora, quien lo convence de ayudarla a salvar a su hermana Fauna de un tipo abusivo. Lo que viene después es un viaje de no retorno, en donde la realidad de los personajes se mezcla con la imaginación que la violencia y la tensión provocan.

Fauna toma varios temas para formular una trama nebulosa que es deliberada: narco, series de televisión, relaciones truculentas, hoteles de paso, pueblos recónditos olvidados y una ligera referencia incestuosa que no queda del todo clara. Desde el primer plano, Pereda deja muy en claro que su estilo sigue siendo contemplativo, de muchos planos fijos. Moviendo apenas la cámara sólo cuando la acción lo requiere, sobresaliendo dos planos secuencia que resaltan la capacidad interpretativa de los actores y no-actores.

En la ya mencionada secuencia de la cantina, en donde sospechosamente el lugar es idéntico en ambos relatos, realidad y ficción de los personajes, suceden dos circunstancias tan desconcertantes como cómicas que marcan el ritmo y el destino de la película. En la primera, Paco, quien interpreta a un actor que aparece en la serie Narcos de Netflix, se ‘roba’ un diálogo de un personaje interpretado por Diego Luna en la mencionada serie. Dando como resultado una escena incómoda, pero inevitablemente graciosa. Porque es justamente la incomodidad de Paco, ajeno y extraño al entorno, la misma que siente el espectador desde los primeros minutos del film, al adentrarse en las bizarras costumbres y peticiones de la familia de su novia. La segunda circunstancia se desarrolla, cerca del final de la película, en la misma cantina, con personajes diferentes y situaciones inauditas que se suceden una a otra. Teniendo como fondo una ambientación y un aroma a cualquier película de Arturo Ripstein.

El uso prácticamente nulo de música durante el metraje es otro elemento que se siente deliberado en la creación de la constante presión que se percibe entre los personajes. Son los silencios incómodos, las ganas de crear conversación y recibir repuestas monosilábicas lo que crea incertidumbre e irritación en los diálogos. Fiel a su costumbre, Nicolás Pereda entrega un film mucho más cercano a los festivales que al cine comercial. Su mirada sobre la violencia es certera, aunque no la presenta de forma cruda como lo han hecho Reygadas o Escalante; por el contrario, Pereda indaga, imagina y desnuda a sus personajes.

En Fauna es la tensión y la fantasía lo que mueve a los protagonistas dentro de ese entorno tan extraño y hostil que, tristemente, es una costumbre en nuestra realidad.

© All rights reserved Armando Navarro Rodríguez

Armando Navarro Rodríguez es periodista. Cinéfilo y lector empedernido. Amante incondicional de la Ciudad de México. Escribe sobre cine, arte y literatura. Vive en 1Q84…

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