ALETEOS EN LA MADRUGADA. Mara González

Letras bajo el volcán

Bajo el volcán es la novela que convirtió a una región de México en un hito literario. Cuernavaca, en particular, y Morelos, en general, se reconocen en ese Quauhnáhuac donde Malcolm Lowry sitúa su narración. Pero en ese mismo territorio, a medio camino entre la historia y el mito, personajes como Hernán Cortés, Alexander von Humboldt, Maximiliano y Carlota, Ignacio Manuel Altamirano, Alfonso Reyes, David Alfaro Siqueiros, Tamara de Lempicka, Pablo Neruda, Elena Garro, Gutierre Tibón, Erich Fromm, Iván Illich, Manuel Puig, entre muchos otros personajes, hallaron un espacio de sosiego y libertad que enmarcó sus proyectos.

Siguiendo esa tradición cultural, desde las últimas décadas del siglo XX, oriundos y residentes de la región —no hay distinción entre unos y otros— han nutrido un diálogo literario en el que se reúnen diversas voces, géneros y promociones. La sección “Letras bajo el Volcán” en Nagari Magazine busca precisamente tender un puente intelectual entre este fluir artístico de Morelos y el movimiento literario en español de Estados Unidos. Mes a mes se presentará una escritora o escritor morelense cuyas letras gozan de luz propia. El objetivo es claro y único: que en la literatura nos reconozcamos como parte de esa patria grande y transcendental que es el castellano en el Mundo.

Xalbador García

ALETEOS EN LA MADRUGADA.* 

Prólogo

 

Recostada sobre mi hombro derecho, observé al muro blanco que se erguía frente a mí, sintiéndose tan inmenso y vacío como esperaba que estuviera mi mente; sin embargo, el calor de tu espalda rozando con la mía, colmaba mi cerebro de pensamientos “incorrectos”. Sabía que voces con ideas similares también susurraban en tu interior.

La tensión era palpable, ¡queríamos voltear! Cerré los ojos y apreté los puños tratando de transmitir la sensación del muro a mi cabeza. Los segundos pasaban y no lograba conciliar el sueño. Respiré lenta y profundamente para calmar mis latidos, intentando controlar el impulso de girar, tomarte entre mis brazos y volvernos una misma.

La lluvia de pensamientos se volvió tormenta. “No es correcto. Podríamos afectar a muchas personas más. No es correcto…” Me puse boca arriba y sentí cómo te volviste hacia mí. Al tiempo que me mirabas, colocaste tu brazo en mi estómago. Seguía mirando al techo, pero sin dominio alguno de mi cuerpo me recosté ahora sobre mi hombro izquierdo, viéndote de frente. “Mierda…”

A las ocho cuarenta y tres horas del lunes, el sol entró de golpe a la habitación; era una luz blanca y carente de calor la que se reflejaba en nuestros cuerpos desnudos. La noche a tu lado había sido deliciosa, pasional, llena de placer. Sin embargo me levanté con ese sentimiento que proyectaba el muro la noche anterior: frío y con un vacío interno. “La cagué”.

Me senté al borde de la cama completamente expuesta, física y moralmente. Tomé la blusa roja del piso y me la coloqué tratando de cubrir un poco mi ser. Supongo que por el movimiento de la cama individual despertaste también.

—¿Qué pasó? —me preguntaste con esa voz mormada que tienes por las mañanas.

Giré hacia ti mientras mi pierna derecha pasaba a través del espacio en el calzón de encaje negro que tenía.

—Nada, me estoy cambiando. Duérmete.

—¿Ya te vas?

—No, no, solo me estoy cambiando.

—Relájate, no empieces con tus dramas.

Te giraste nuevamente en una posición cómoda para volver a dormir y me quedé perpleja una vez más ante ese muro blanco que me cegaba con su brillo. Suspiré fuertemente con la intención de que me preguntaras qué pasaba para ahora hablarte con la verdad.

La constante lucha moralina entre mi cabeza y mi corazón me estaban dejando con un hueco inexplicable en el interior.

—Tienes novia, Diana…

Giraste los ojos y respiraste con frustración. Me conocías perfectamente, sabías que iba a tener una crisis de ese tipo luego de acostarnos. A ti, parecía no importarte, como si fuera una cogida más. Yo estaba tranquila, pero con esa frase dándome vueltas, junto con una bomba de preguntas. “¿Cómo es que un placer banal entre ex novias puede afectar tanto a una persona? ¿Por qué me siento así? ¿Qué significa ser culpable? ¿Qué es la culpa? ¿Para qué tuvimos relaciones sexuales si ya no quedan sentimientos románticos entre nosotras? ¿De dónde viene ese magnetismo pasional que nos envuelve cada que nos topamos?”

—No tienes que pensar de más las cosas, Julia. Si quieres hacer algo, adelante, equis… No te sientas culpable, sabes que esto no significa algo más.

—Ya sé, solo, no se me hace justo por ella. Yo estuve en ese lugar en su momento ¿sabes?

—Nunca te engañé, no mames. Tú fuiste la que jodió todo.

Así como tus palabras entraban en mis oídos, salían sin dejar sentido alguno. No te creía, nunca te creí, y, sin embargo, ahí estaba, en tu habitación de muros frígidos.

Volví a centrarme en la pared que tanto llamaba mi atención. Estaba tan vacía y a la vez tan llena de líneas que denotaban los errores de aplanado. La textura rugosa era poco evidente, como cicatrices que se cubren con un poco de maquillaje. Te levantaste y creí que irías al baño siguiendo esa línea de indiferencia que tuviste en la charla, sin embargo, te sentaste a mi lado y me abrazaste. Sabíamos que sería la última vez que pasaría. Era una despedida de alguna forma.

Hablamos tranquilamente después de ese pequeño arranque. Fuiste esa mujer dulce que baja sus defensas para abrirse sentimentalmente. Me recordaste por qué me había enamorado de ti. Todo el tiempo nos miramos fijamente, estábamos siendo completamente sinceras. Tomábamos nuestras manos para sentir ese apoyo incondicional.

La plática fue simple. Ambas estábamos claras en la conclusión: seguiríamos siendo importantes en nuestras vidas, pero ya no debíamos ceder a esa tensión sexual, todo se complicaba demasiado. Era tiempo de conquistar el mundo a nuestra manera. Cada quién por su parte. Un silencio de paz nos acogió al tiempo que mi corazón recibía ese calorcito que tanto me gusta sentir.

Terminé de vestirme, tú solo te colocaste una camiseta encima y te pusiste tus calzones tipo bóxer que te encanta presumir. Me ofreciste algo para desayunar, pero decidí que comería

camino a casa. Antes de salir de tu departamento, te abracé fuertemente y respondiste de la misma manera. Me diste un beso dulce en la mejilla y supe que no te vería más.

© All rights reserved Mara González

Mara González (Cuernavaca, 1995): comunicóloga y periodista deportiva. Egresada de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación y Periodismo de la Unila. Escritora y creadora de contenido audiovisual relacionado al periodismo deportivo. Fundadora del proyecto multimedia De tocho un poco. Participación activa en eventos culturales como el Taller de Realización de Cine Documental en el Festival de Diversidad Somos 2019.

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