EL VALOR FURTIVO EN LA POÉTICA DE HUGO MUJICA: MI ENCUENTRO FENOMENOLÓGICO CON EL ESCRITOR JUAN ESTEBAN LONDOÑO. Héctor Manuel Gutiérrez

HUGO MUJICA

JUAN ESTEBAN LONDOÑO

En mis años de neófito de la CUNY, trabajé por varios semestres como vendedor en el piso de una tienda de ropa y cachivaches semi-antiguos, situada en el lado este de la avenida Broadway de Manhattan. La botica se llamaba Unique Clothing Wearhouse y era propiedad de una señora peruana con marcados rasgos de princesa indígena y piel de tono rojizo muy atractivo. Su pareja había amasado un buen capital que le permitía invertirlo en negocios variados y pagar el alquiler del local. Vivían en uno de los apartamentos de lujo que colindaban con la calle 8 en la acera opuesta de la vía. Recuerdo que desde una amplia ventana, podían ver sin dificultad, el movimiento de transeúntes y curiosos que atisbaban las vitrinas de la fachada de la tienda. Mientras hacía mis horas, estaba consciente de que por el solo hecho de ser estudiante, en términos económicos, me explotaban, pues apenas ganaba dos dólares la hora. Mas el ambiente bohemio que respiraba el área me ofrecía el beneficio de entablar con frecuencia conversaciones interesantes, unido al contacto directo con un gran número de personalidades sui géneris.  La lista iba desde artistas plásticos hasta músicos excéntricos y hermosas modelos de revistas de moda que se desnudaban sin pudor en los improvisados vestíbulos, y me pedían mi opinión mientras se probaban las prendas que algunos ricos del barrio judío habían conservado sin estrenar desde los años 40, en algún polvoriento almacén de SOHO. Las mercancías tenían mucha demanda, gracias al «retro-look» que estaba de moda en aquel neo romanticismo de conducta «anti-establecimiento» y «anti- guerra», que había inspirado a los herederos de la Generación «Beatnik» pocos años atrás. Los artículos se utilizaban además como «theatre props» en los abundantes escenarios de actuación del área, programas y anuncios de televisión, películas o documentales y, por supuesto, en sesiones de fotografía. Así, de forma tan trivial, conocí a íconos como Paul Simon, Frank Zappa, Elton John, Timothy Leary, y  John Lennon con su nueva pareja Yoko Ono, entre otros.

Años después, leyendo a Hugo Mujica, me llamó la atención el hecho de que yo, como él, viví, trabajé y estudié en Nueva York desde principios de los 70 hasta que me mudé definitivamente a Miami. Durante esos años frecuenté muchos de los lugares de reunión de algunos de los grupos interesados en estudiar y conocer las limitaciones y potencialidades de la mente. Esto incluía conferencias, tertulias y conciertos en centros educacionales, iglesias liberales, bibliotecas y librerías, como la de Pedro Llanes en la calle 14, que ofrecía descuentos increíbles a los que como yo, se entrenaban en cursos de filología. Debo mencionar el «Campus» de la NYU, frente a la placita Whashington, la Cooper Union for the Advancement of Science and Art, El Cherry Lane Theatre, el Fillmore East Theatre, y los Electric Lady Studios, que fundara Jimmy Hendrix en el 1970, cuando ya me había establecido en aquella ciudad. Es decir, aunque no recuerdo haber conocido al padre Mujica, coincidimos en el mismo lapso cronotópico.

Inicialmente impresionado por sus escritos, mi interés creció cuando me enteré de que por necesidades muy comunes a las mías —particularmente por ser inmigrantes y enfrentar ambos ciertas contingencias fenomenológicas— en algunos de esos momentos de formación intelectual y espiritual, hice contacto con los mismos grupos que se habían formado en los años 60, cuyos rezagos todavía existían en «El Village» como llamábamos los hispanohablantes a aquel barrio bohemio y pintoresco por antonomasia. Desde que supe con el paso del tiempo, que existía una especie de paralelismo existencialista entre la formación del padre Mujica y la mía, más que nada, me interesé en la perspectiva filosófica reflejada en su poesía, ensayos y ponencias (considerando las insondables distancias, desde luego).

Afortunadamente, en algún momento epifánico dentro de mis navegaciones cibernéticas, encontré por casualidad un libro escrito por alguien que conoce personalmente a este sacerdote argentino poseedor de un rico manantial de sondeos ontológicos. Su nombre es Juan Esteban Londoño, nacido y criado en Medellín. Para mí, su libro Hugo Mujica: Pensar Poético, ha sido el catalizador de un nuevo acercamiento a la obra de este autor argentino. Juan hace poco me concedió una breve pero intensa entrevista que hoy comparto. Conversar con él es un verdadero regalo a las inquietudes literarias de aquellos que leen o escriben. Una vez trascendido el momento nostálgico de mis primeros párrafos, les invito a que me acompañen en los que siguen a continuación.

 

Para empezar este diálogo tan especial, ¿Nos puedes hablar un poco de tu preparación y experiencia como curioso intelectual, poeta y escritor?

 

Yo he sentido la vida a través de la literatura. Me encontré con los estudios filosóficos y teológicos a partir de textos literarios. Decidí estudiar teología impulsado por la obra narrativa y ensayística de C.S. Lewis. Después me adentré en los estudios de filosofía porque quería conocer más sobre Søren Kierkegaard y Fernando Pessoa. En mis estudios de Filosofía en la Universidad de Antioquia me orienté hacia los temas de la poética, de la estética y de la hermenéutica. Hice mi tesis de grado en Filosofía sobre el novelista y cuentista colombiano Tomás Carrasquilla desde la perspectiva hermenéutica de Paul Ricoeur. Luego hice la tesis de maestría en Filosofía sobre la relación entre poesía y pensamiento en la obra de Hugo Mujica. Escribí mi tesis de doctorado en la Universidad de Hamburgo sobre la crucifixión en la literatura latinoamericana contemporánea, donde me concentré en tres autores: Hugo Mujica, Raúl Zurita y Pablo Montoya. La experiencia de la escritura siempre me ha acompañado. Cuando era niño escribía cuentos. En cuarto de primaria escribí para el periódico del colegio algunos relatos. En la adolescencia escribí poemas y de misterio. También acompañé la escritura de letras para canciones de diferentes géneros musicales. Algunos amigos me pasaban sus canciones para que les ayudara a pulir la temática. Siempre he sentido que tengo algo que contar. Tal vez es algo que nos acompañe a los habitantes de Medellín. Supe que la escritura era el mejor camino para mostrar y también para ocultar. He tratado de volver literatura lo que he aprendido en la vida y en la academia. La novela Evangelio de arena es una reacción estética a mis estudios teológicos, con preguntas desde la filosofía, desde una escritura poética. En la poesía dejo ver entre líneas las preguntas, las dudas, el asombro de la vida, como también el sufrimiento y el placer. Mi poesía es una forma de mostrar con sentencias la travesía por la vida, sin trama, con imágenes y reflexiones el paso por la vida.

Magnífica interiorización… y me consta que esa manera de caminar por las sendas del razonamiento enlazado con lo estético, se refleja en tus textos. ¿Qué componente de la cosmogonía de la obra de Hugo Mujica despertó tu afición al inicio de tu familiaridad y entusiasmo con su corpus creativo?

 

Desde el comienzo de mis estudios de filosofía tenía interés por la relación entre poesía y pensamiento. Desde los primeros semestres empecé a leer a Heidegger, Gadamer y Ricoeur. Por el año 2008 estaba escribiendo un artículo sobre la poesía y el pensamiento en Heidegger. Esto me llevó a descubrir el libro de Hugo Mujica, La palabra inicial, que estudia la mitología del poeta en Heidegger. Creo que es uno de los libros teóricos más importantes de Mujica. De sus lecturas de Heidegger se desprende mucho de su cosmogonía. Estas ideas están en un diálogo profundo con Nietzsche y con el Maestro Eckhart, dos de los grandes maestros de Heidegger. Vi que Mujica tenía interés en los mismos autores que yo venía leyendo. Él era un experto que me podía llevar de su mano. Después supe que también era poeta. Empecé a leer su poesía y vi que había un camino de por medio que me acercaba mucho a él. El primero de sus poemas que leí fue «Alba». Me impresionaron imágenes en las que he pensado desde hace mucho: los perros, el amor, el miedo, Dios. Así me adentré más y más en su obra. La vengo leyendo desde hace más de doce años.

 

¿Cómo definirías las particularidades de Hugo Mujica como poeta? ¿Crees que se puede separar el elemento espiritual del profano en ese género literario que cultiva?

 

Hugo Mujica es un poeta que ha encontrado en la escritura breve un despliegue inmenso. Su escritura es casi aforística. Él escribe lo apenas suficiente con mucha precisión. Una sola imagen, casi siempre ubicada en un paraje agreste, una playa o un bosque, le permite elaborar una coda final que tiene que ver con la vida de cualquier persona. Por esta misma vía podemos hablar de la vinculación entre lo espiritual y lo profano. Mujica es capaz de ver una espiritualidad en la carne. El lugar de la revelación para este poeta es la tierra. En ese sentido es un hombre fiel a lo terreno. Celebra lo telúrico en la poesía. En Mujica hay mucho de carne, incluso de erotismo. Hay un poema donde habla de gentes que no hacen el amor, hacen el miedo. Y tiene un cuento titulado «Allegro… Allegretto» en el que muestra cómo una pareja hace el amor en el encuentro con la  música y aprende a hacer el amor, no el miedo. También su libro sobre Dioniso está preñado de erotismo. Lo que pasa es que no es el erotismo de la publicidad, el que te desnuda lo obvio. Se trata más bien de una carnalidad de lo que está oculto, y esto es lo espiritual.

Absolutamente de acuerdo. De hecho, el tono carmesí de la portada de este y otros de sus libros nos sugiere ese coqueteo con las órbitas prohibidas de la intimidad que puede ocultar el peso de lo espiritual. Aunque —creo entender— no es este el único contenido que atesora el texto. Permíteme cambiar el énfasis y tantear un poco lo que algunos críticos y seudo-críticos llaman el canon literario. En algunos de mis ensayos he expresado que Hugo Mujica, por años ha sido merecedor del Premio Nobel de Literatura. ¿Qué opinión tienes de esta posibilidad inadvertida?

 

El Premio Nobel es casi un asunto arbitrario. Un comité decide quién es el escritor más importante de un año o de una época. Los que eligen a los autores o las autoras son personas especializadas, pero no son la última palabra. Uno a veces coincide con sus gustos, otras veces no. A mí me sorprende que no le hayan dado ese Premio a Borges o a Nikos Kazantzakis. En mi caso, como lector, hay algunos autores que me han sorprendido cuando reciben el Nobel. La sorpresa más grande fue Bob Dylan. A mí me encanta su música. Pero no hubiera esperado que le dieran el Premio Nobel. Si fuera por mí, les daría el Premio Nobel a tres o cuatro autores de mis entrañas, el primero sería Mujica. Si otros fueran jurados, no lo harían. Hay gente que me ha dicho que no le gusta la poesía de Mujica. Algunos la consideran muy filosófica o muy teológica. Otros dicen que son poemas muy cortos. Les parece que no tiene ritmo ni melodía. A mí me parece de lo más auténtico que ha surgido en literatura latinoamericana. Una poesía de la imagen. Una imagen que se te queda grabada en la memoria. Uno empieza a caminar con sus palabras, a vivir en ellas.

 

Coincido contigo. Otro autor cubano, José Lezama Lima, también construye un mundo impenetrable para muchos, precisamente fundado en el concepto de la imagen o imago. Este fundamento, al igual que en Mujica, marca su ausencia en la lista de nominados al premio. Camino al final de este encuentro, me permito preguntarte: ¿En qué aspectos crees que hay argentinidad en su producción y en cuáles no? ¿Qué ventajas o desventajas percibirías en este aspecto idiosincrásico del autor?

 

Es muy difícil encasillar a Hugo Mujica en el panorama argentino. Él vivió mucho tiempo en Estados Unidos y en Europa, y fue allí donde conoció más literatura. Mujica fue amigo de Allen Ginsberg y de William Borroughs, pero en su escritura hay muy poco de la generación Beat. Fue monje trapense, y su escritura no se parece a la de Thomas Merton o a la de Ernesto Cardenal. Yo veo a Mujica más relacionado con Georg Trakl. Hay mucho de Georg Trakl en los paisajes que dibuja, incluso Mujica escribió un libro sobre Trakl. Él dice que Trakl es como su hermanito menor. Yo pienso que es su hermano mayor. Hay hermanos mayores que murieron siendo más jóvenes de lo que somos nosotros ahora, aunque no existíamos cuando vivieron. Hay mucho del expresionismo de Trakl en la obra de Mujica. En términos de estilo, tal vez, podría compararse a Mujica con Antonio Porchia, Roberto Juarroz y Alejandra Pizarnik. Pero Mujica va más allá de Porchia al poner no sólo una reflexión, porque él nos permite una imagen vital que luego nos lleva a la reflexión, mientras que Porchia nos deja sólo el aforismo. Con Roberto Juarroz hay una relación en la poesía sapiencial. Pero la de Mujica es más corta, incluso más de imagen que de la propia coda o reflexión. Con respecto a Alejandra Pizarnik está el tema del silencio. Pero es evidente que en Mujica no hay tanto sufrimiento por el silencio como en Alejandra. En Mujica el silencio es el lugar donde nacen las palabras. Él se deleita en el silencio, no lo tortura el no poder hablar. Tal vez pueda verse una influencia de Olga Orozco en Mujica, pero es más una influencia vital que de estilo. Ella podría ser su madre en la poesía. Pero Mujica, frente a la literatura argentina, goza de mucha originalidad. Ahora, lo de la argentinidad es muy relativo. Yo, por ejemplo, soy colombiano. Cuando he estado en otros países, como en Alemania o Francia, la gente se sorprende porque yo no bailo música tropical ni me gustan los vallenatos. Soy más del rock y de la música clásica. Yo nací en Medellín, amo mi ciudad, pero no me identifico con sus estereotipos. Soy paisa y no me gusta la bandeja paisa, que es un plato típico de mi región. Cada persona es un individuo muy particular frente al entorno en el que vive. La argentinidad o la colombianidad son aspectos muy propios de cada persona que hace lo mejor que puede con la vida que le tocó. Mujica ha aprendido a ser él y a cambiar de máscaras, a nacer muchas veces, a darse a luz en la literatura. Por esto va más allá de los esencialismos.

Veo que convenimos una vez más. ¿Qué recomendaciones tendrías para aquellos lectores que todavía no conocen la trayectoria de Hugo Mujica?

 

Yo les hablaría del libro que más me gusta de Mujica. Es un libro de poesía en prosa que se llama Paraíso vacío. A mi modo de ver es su obra maestra. Aquí se ve un giro increíble en el pensamiento de Mujica, no sólo en el estilo, sino en el contenido. Hasta este libro Mujica ha hablado desde un tono muy cristiano. Desde este libro, y en adelante, el paraíso está vacío. Esto desencadena reflexiones profundas sobre tronos sin emperadores, dioses ausentes, poéticas del vacío, la Nada. Creo que en este libro está la clave para entender las transformaciones en Mujica. Pero es muy relativo a los gustos de lectores y lectoras. Mujica tiene dos libros de cuentos buenísimos, de tono muy kafkiano. Si les gusta la narrativa, pueden empezar por allí. Si les gusta el ensayo, pueden acercarse a La palabra inicial.

  

© All rights reserved Héctor Manuel Gutiérrez 

Héctor Manuel Gutiérrez, Miami, ha realizado trabajos de investigación periodística y contribuido con poemas, ensayos, cuentos y prosa poética para Latin Beat Magazine, Latino Stuff Review, Nagari, Poetas y Escritores Miami, Signum Nous, Suburbano, Ekatombe, Eka Magazine y Nomenclatura, de la Universidad de Kentucky. Ha sido reportero independiente para los servicios de “Enfoque Nacional”, “Panorama Hispano” y “Latin American News Service” en la cadena difusora Radio Pública Nacional [NPR]. Cursó estudios de lenguas romances y música en City University of New York [CUNY]. Obtuvo su maestría en español y doctorado en filosofía y letras de la Universidad Internacional de la Florida [FIU]. Es miembro de Academia.edu, National Collegiate Hispanic Honor Society [Sigma Delta Pi], Modern Language Association [MLA], y Florida Foreign Language Association [FFLA]. Creador de un sub-género literario que llama cuarentenas, es autor de los libros CUARENTENAS, Authorhouse, marzo de 2011, CUARENTENAS: SEGUNDA EDICIÓN, agosto de 2015,  CUANDO EL VIENTO ES AMIGO, iUniverse, abril del 2019, y DOSSIER HOMENAJE A LILLIAM MORO, Editorial Dos Islas. Les da los toques finales a dos próximos libros, AUTORÍA: ENSAYOS AL REVERSO, antología de ensayos con temas diversos, y LA UTOPÍA INTERIOR, estudio analítico de la ensayística de Ernesto Sábato.

 

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