DON LAURO DE LA CRUZ, CHIAPAS, MÉXICO 2022. Antonio Cañas

Entre febrero y marzo del 2022 realicé un viaje a las montañas de San Cristóbal de las Casas en Chiapas, México, mi objetivo era renovar con aire fresco mis pinturas de paisajes, y por qué no, renovarme yo mismo. Como todo proyecto las ideas iniciales no siempre se realizan ya que en la medida en que se piensan van mutando y suelen convertirse en otra cosa, también las circunstancias suman o restan a los giros del proyecto.

Mi plan original era buscar una galería de arte en Xalapa, Guadalajara o pensar en una estrategia que me permitiera realizar una estancia de producción de grabado en el mismo estado o con un amigo en Oaxaca. Las dos primeras propuestas las comencé a trabajar en internet hasta que los algoritmos del mismo sistema confabularon para conocer a un hombre muy singular, y qué sin saberlo se convertiría en el objetivo principal de mi viaje y la razón de ser de este escrito.

Don Lauro de la Cruz, nació en Chiapas, México y es descendiente directo de linaje Maya, su comunidad indígena desde muy niño lo reconoció como hombre medicina, incluso monjes tibetanos lo reconocieron como uno de los suyos y a los seis años se lo llevaron a los monasterios de las montañas más grandes del mundo para continuar con su formación de médico bajo la tutela de sus guías y maestros.

Desde muy joven inicia su peregrinaje por el mundo entero, desiertos, montañas, cuevas, mares, ríos, continentes, culturas, idiomas y rituales se convirtieron en sábanas que arroparon su saber, lo   cual lo dignifican como maestro calificado de medicina ancestral, Cosmovisión Maya, energía Cuántica, kung-fu, respiración, meditación, arte, etc…, las cuales comparte en talleres, foros, círculos académicos y de sanación, en toda la extensión de nuestro querido planeta azul. Como guardián de las joyas del saber recomienda que la enseñanza espiritual más sagrada debe recordarnos la simplicidad de las cosas y la clave para ello es vivir y reconocer nuestra humanidad en todas sus facetas.

Es un hombre sencillo y de grandes profundidades, un guerrero jaguar y un degustador de pachangas en la que el posh, (agua ardiente o bebida ancestral maya) la cerveza y el tequila, calientan el cuerpo, la mente y el espíritu, no sólo para enmarañar las defensas de curiosos y seguidores, sino también para amenizar un ambiente de cuentas claras, fraternidad y sanación. En lo que a mí respecta como testimonio del encuentro con este hombre notable diría con absoluta franqueza que nada de lo pensaba sobre él, era, ya que es un maestro que busca quebrar la mente para brindar un aliento nuevo y fresco.

Los objetivos de mi viaje eran claros, sin embargo, cuando conocí a don Lauro me hizo dos sencillas preguntas que me dieron la oportunidad de afirmar esos objetivos, ¿qué quieres? ¿qué necesitas? y para mi sorpresa dudé en mi respuesta ya que en ese momento me sentía sobrecogido con una fuerte sensación de estar en esas tierras para aprender otras cosas que yo mismo no había contemplado.

En la medida en que ganaba más confianza para preguntar más cosas las inquietudes se hacían más fuertes, pero a la vez, me acompañaba una sombra que provocaba una sensación de limitación intelectual, por ejemplo, una vez le pregunté ¿el bien y el mal existen? Y él me respondió: una buena respuesta ¿aclararía tu pregunta? mejor vívelo. En otra ocasión le pregunté ¿qué es el despertar? y él me contestó, este momento. ¿Cómo interpretar eso? ¿me quiso decir esto o lo otro…?

Hasta que una caminata nocturna por la montaña logró apaciguar un poco las marañas de mi mente y con el cielo estrellado como testigo, recordé algo que hace años había leído del taoísmo ¿cómo un insecto que vive un verano puede hablar del invierno? Evidentemente la pregunta nos invita a reflexionar sobre la brevedad de la existencia humana, pero en ese momento, en medio de la oscuridad del bosque me sonaba distinto y lo interpreté de otra manera ¿cómo una visión cuadrada puede encajar en una visión circular? Imposible, cada cosa en su lugar.

Los días pasaron y las pachangas, los amigos, las comidas y los estudios en el bosque aparecieron, nuevos descubrimientos comenzaron a darle sentido a mi viaje, pero las palabras de don Lauro me acompañaban por doquier, recuerdo que una vez lo encontré apilando un grupo de piedras en el camino y le pregunté —¿qué hace maestro?— ¡jugar! me respondió y me explicó que las piedras son bibliotecas vivas que no solo hablan del pasado sino que tienen el poder de configurar el presente, —y  ¿cómo se trabaja con las piedras?— Y él me respondió: —fácil, con el corazón de un niño— y se puso a reír.

Finalmente me sentí mentalmente cansado ya que pareciera ser que mi mente no comprendía a plenitud muchas de las enseñanzas del maestro, sin embargo, quizá, para no dejar inconcluso este apartado me confortó mucho encontrar nuevas inquietudes en una idea que genera más preguntas que respuestas y aunque me parece que para muchos será una idea descabellada para otros les parecerá un posible coherente: Cuando el maestro responde una pregunta ¿a quién se dirige? al intelecto, al corazón, al alma, al cuerpo, a las emociones, o a otras zonas específicas del  Ser. Reflexiono de esta manera porque al final me quedó un sabor de boca o una sensación que no todas las palabras del máster se dirigían al mismo costal.

***

Como todo encuentro con la duda, siempre hay un guiño de claridad que hay que aprovechar en el momento en que aparece, y en este viaje ese rayo de luz me tocó desde las fronteras de un lenguaje no verbal, una fuente de comunicación que me tendió un puente para conectar conmigo mismo y que a su vez me aclaró varias dudas y naturalmente sembró otras.

Cuando el maestro Lauro me invitó a su casa sentí que entraba a un museo de las culturas, vi bastones, sellos, collares, tambores, piedras, esculturas antiguas del mundo maya, del budismo y otras etnias, flechas, armas de las amazonas y un sinfín de cosas que adornan y cuidan su casa; en la mesa del comedor forrada con algo que parecía piel de jaguar, me sorprendió ver un caballete, yesos pasteles secos y un dibujo de extraordinaria fuerza expresiva. No salía de mi asombro cuando de pronto don Lauro me enseña otros dibujos en los que me doy cuenta con enorme entusiasmo que parte del universo de este hombre-medicina era la expresión de su mundo espiritual por medio del arte.

En ese momento me resultó impresionante la cantidad de asombros que estaba viviendo y no tuve más remedio que exclamar desde lo más íntimo de mis pensamientos —¡Caramba! este maestro tiene la libertad que busco en el arte— entonces, como si me escuchara inmediatamente se sentó a la mesa a dibujar y de manera muy caritativa compartió conmigo su método de trabajo. Como testigo del momento me sentí perplejo al ver cómo resolvía su visión sobre el papel. Terminada la obra el maestro me invita a otro estudio donde un caballete me esperaba. ¿Tienes papel y lápiz? me preguntó —sí claro—, ¿quieres dibujar? —sí.  Dibuja entonces, si necesitas algo toma lo que quieras.

¡Caray, caray! Ahora estoy donde quiero estar, pero no sé qué hacer, dibujo una escultura que estoy viendo, o un bodegón de cactus lindísimo, o dibujo un buda con collares que está en la esquina, no, no, no qué estoy diciendo, a qué he venido entonces; y en fracciones de segundos me encontraba en un desierto mental en lo referente a mi quehacer… cuando de pronto sentí una palmada en mi espalda y algo que parecía maracas sonando en mi cabeza, era don Lauro diciéndome, no te preocupes, esto es para quebrar la mente y se marchó nuevamente.

Es curioso, ahora que lo recuerdo, desconozco lo que hizo el máster, pero segundos después me dio el valor suficiente y me puse a dibujar sin preocupaciones creativas, cuando terminé mi primer dibujo, sentí que me encontraba en una transición poco clara, en el segundo me encontraba en un caos, con el tercero dibujé el alma de un cactus, con el cuarto se manifestó un ser primitivo de color rojo escribiendo en una piedra, con el quinto aparece un ser con tres barras en la frente, con el sexto aparece Antonio Cañas viendo la danza de una mujer con tres esferas, en el séptimo aparece  una tríada, con el octavo un regalo a mis amigas de la montaña, las hermanas Castro, con el noveno  una carta a mi esposa titulada sé feliz y con el décimo ilustro la danza de las esferas, una técnica que el propio don Lauro me había enseñado.

Semejante hallazgo estremeció totalmente mi realidad plástica y si me permiten la honestidad no sé cómo salieron esos dibujos, una especie de automatismo inducido, sugestión del ambiente, la fuerte presencia del máster o tal vez otras cosas que ni siquiera he considerado, no sé… pero ante los hechos tuve que rendirme ya que varios de esos dibujos hablaban más de mí que muchas de las pinturas que he realizado. Claro que no todo lo que uno hace necesariamente tiene que hablar de uno mismo pero descubrí que en el arte hay puertas abiertas y cerradas, y cuando uno se atreve a abrir una de esas puertas con candado, el misterio te espera para ser develado.

Con referencia a los dibujos del maestro no me canso de admirar la libertad con la que trabaja el espíritu de este hombre. Seres, deidades, estados síquicos, universos paralelos, espíritus, energías, estados del ser y de sanación, son sólo algunos de los temas que dan vida a los dibujos de este mago; es un arte vivo que bebe de las mismísimas entrañas del fuego, del agua, de la tierra y el aire.

En las obras de este artista la mística y la realidad no se diferencian entre sí, más bien una reconoce a la otra. La energía de la naturaleza vitaliza la vida de los seres que la habitan y me parece que el maestro fundamenta su proceso de creación en el uso consiente de esas fuerzas vitales y de ahí que los lápices, yesos pasteles, minerales, cenizas, frutas, maderas, fuego y de más elementos constituyen los insumos necesarios para transferir un soplo de vida a su arte.

Si me tocara resumir una frase que evoque lo que siento cuando veo los dibujos de don Lauro diría con suprema gratitud «el espíritu alimenta al espíritu».

***

Hay un libro* publicado con dibujos del maestro que está muy interesante por el hecho que no sólo nos muestra su universo en el arte sino también su visón comentada en reflexiones para el alma, de ahí que nos comenta con aguda certeza el escritor mexicano Antonio Velasco Piña Huellas de mi piel de don Lauro de la Cruz es una obra realmente excepcional […] No se trata de un obra literaria convencional, sino de un códice que no busca una mera transmisión de información dirigida al intelecto, sino de una compilación de la conciencia.

*Si estas interesado(a) lo puedes solicitar en línea a la siguiente dirección electrónica http://www.donlaurodelacruz.com/libro

Finalmente, no me quiero despedir de este apartado sin antes agradecer públicamente a María Dolores Loya Frank que fue una conexión muy importante para conocer a doña Blanca esposa del maestro y mediadora que hizo posible mi encuentro con este hombre-medicina.

Gracias a los amigos que hicieron de mi estancia en la montaña un oasis de amistad y calidez; a las hermanas Castro Ana Laura por sus extraordinarios platillos y su contacto alquímico de la kombucha, a Itzel y a Sheyla por sus valiosas atenciones, hospitalidad  y ejemplo de trabajo, a Zack un chico italiano que me leyó el Tarot, a Gabi por sus lecturas del sincronario Maya y su fulminante energía, a Gus un español encantador con una calidez abrazadora que calienta hasta el temazcal, a Lupita por su simpatía amistosa y buen corazón,  a Ramón y a su novia por poseer la pachanga en las venas y su eterna sonrisa, a José el ingeniero civil que me enseñó el poder de la decisión, Angie estudiante de kung-fu y seguidora del conocimiento ancestral y finalmente a toda la tribu de la montaña que busca calentarse con el calor del corazón de la madre tierra, ¡muchas gracias!

© All rights reserved Antonio Cañas

Antonio Cañas, nacido en 1979, estudió en el Centro Nacional de Artes (CENAR), formado bajo la tutela del maestro Antonio García Ponce y el maestro Japonés Tochimichi Nodu, influyeron y animaron su interés por el dibujo y la pintura. Ha expuesto en múltiples exposiciones individuales y colectivas en Centroamérica, México y Canadá. En la que destacan; “ANIMALES DOMESTICOS”, Manolo Caracol, Casco Viejo Ciudad de Panamá, Panamá 2005 / “ANOTACIONES ESPIRITUALES” Galería Espacio, El Salvador 2015 / “RETROSPECTIVA” Salón de honor de Cancillería, El Salvador 2018 / “LA MIRADA EN LA BESTIA” Teatro Luis Poma, El Salvador 2018. Su obra ha sido galardonada nacional e internacionalmente entre las que destacan: WORLD MASTER, reconocimiento de World Masters Committe, Seúl Corea del Sur 2019 / Seleccionado como los más creativos 2019 por la Revista FORBES CENTROAMÉRICA / Reconocimiento de la Creación Artística por la Secretaría de Arte y Cultura de la Universidad de El Salvador (UES) 2019 / BEST OF SHOW, American Art Awards, EEUU 2018 / PREMIO ÚNICO, RODOLFO MOLINA, Museo de Arte de El Salvador 2015/ GLIFO DE BRONCE, categoría de artistas invitados, III bienal de arte Paiz, El Salvador 2005. Entre otras distinciones forma parte de la colección del Museo de Arte de El Salvador, etc.

Don Lauro de la Cruz, Chiapas

Antonio Cañas, Don Lauro de la Cruz

DIBUJOS DE DON LAURO

(yeso pastel / papel fabriano)

DIBUJOS ANTONIO CAÑAS

(yeso pastel / papel fabriano)

CACTUS

LA DANZA DE LAS TRES ESFERAS

TRÍADA

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