
Como muchos lectores, no siempre leo un libro apenas lo adquiero. Pueden pasar semanas, meses o años, en ocasiones hasta décadas. En este caso, pedí este libro para mi cumpleaños en el 2024. Un año después lo volví a pedir con el mismo resultado. Por eso cuando se me atravesó mientras escaneaba la mesa de libros en español de la más reciente Miami Book Fair no dudé en comprarlo. Tuvieron que pasar otros cinco meses antes de empezarlo. Al igual que Diana, yo me preparaba para atravesar un desierto y decidí que este libro sería mi compañero en ese viaje.
Esta memoria narra como una joven periodista logró algo extraordinario, especialmente en Colombia, un país donde la justicia no es ciega y no solo tarda sino que en muchas ocasiones nunca llega: llevar al asesino de su padre a juicio.
Desde los primeros capítulos nos toma de la mano, de su mano de niña de diez años, la edad que tenía cuando su padre fue asesinado, para mostrarnos su infancia, sus relaciones de familia, y el inmenso amor por su padre. Y esa mano pequeña nos acompaña durante toda la lectura, y nos sostiene, como solo puede hacerlo una mano de niña. Sus intensos y grandes ojos negros que miran el mundo asombrados no se cierran ante el dolor, la injusticia, el terror, la negativa de familiares y testigos a declarar o el relato cruel del autor material de los hechos. Junto a ella atravesamos la calles de su pueblo, Barrancas, en la Guajira colombiana, un departamento desértico, al norte del país, bañado por el Caribe. Presenciamos el horror del asesinato, y crecemos junto a ella con el peso de la muerte, la ansiedad y la tristeza. Diana se hace mujer y periodista, se muda a ese otro desierto helado que es Bogotá, y nos cuenta cómo encontró valentía, recabó pruebas, convenció a testigos, asistió al juicio y enfrentó en corte al asesino de su padre.
A medida que el libro avanza, su escritura crece también y hacia el final su estilo es más depurado, menos infantil y romántico, mas realista sin dejar a un lado la sensibilidad que la hace una gran narradora.
Con este libro López Zuleta no solo denuncia sino que entretiene, pinta a la sociedad guajira, machista y patriarcal, rezagada un par de décadas atrás del resto del país, con sus mejores trazos, los de las letras ya que según sus palabras nunca aprendió a dibujar.
Si hay algo que me hubiera gustado hacer en mi carrerra de periodista es periodismo investigativo, porque considero que es el que verdaderamente cambia no una sino muchas vidas. Eso es exactamente lo que hizo Diana. Su investigación no solo trajo justicia para ella y su familia, sino para muchas otras víctimas del reino de terror que Kiko Gomez impuso en este departamento asediado por la inseguridad, la pobreza y la corrupción.
Sobre su vocación escribe: “El último año de colegio decidí que iba a ser periodista. Estaba sedienta de verdad. Todas las preguntas que me hice durante la adolescencia y que tanto me atormentaron las resolvería como reportera. Mi mamá pensaba que esa profesión no era para mí. Pero finalmente se impusieron mis aspiraciones. Lo que me hace rebelde, lo que me hace ser fuerte, lo que da coraje, es la ausencia de mi papá”.
De mis estudios de cine y escritura de libretos aprendí a leer con otros ojos, los que reconocen el arco emocional del personaje principal y despliegan en mi mente las escenas como si estuvieran proyectadas en la pantalla grande. Acá tenemos una Erin Brockovich local, sin los tacones ni la ropa seductora de Julia Roberts, pero con algo mucho, pero mucho más poderoso: los persistentes ojos negros y la mano suave y firme de niña de 10 años que no acepta un no por respuesta.
Debo decir que aunque el libro me atrapó, tuve que interrumpir su lectura varias veces debido a mi “viaje”. Ahora el libro ha terminado para mí, y la primera etapa de mi viaje también, pero al igual que ella continúo la travesía transformada en otra, aprendiendo a vivir en esta nueva realidad, completando el arco de mi propio personaje.
© All rights reserved Beatriz Mendoza Cortissoz
Beatriz Mendoza Cortissoz Poeta, narradora y periodista nacida en Barranquilla, Colombia, en 1973. Reside en Estados Unidos desde 1996. Estudió Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana y Tecnología en Producción de Cine en Miami Dade College. Se ha formado como escritora a través de talleres literarios. Ha publicado el libro de cuentos Un mar en calma (Ícono Editorial, 2020) y el poemario Esa parte que se esconde (Editorial MediaIsla, 2011). Cuentos y poemas suyos han sido incluidos en revistas literarias y antologías como Aquí (Ellas) En Miami (Katakana Editores, 2018), 20 Narradores colombianos en USA (Editorial Collage, 2017) y Féminas: Antología de infidelidades y mentiras escrita por mujeres (Editorial Ars Communis, 2021). Ha trabajado como directora de noticias culturales en Diario Las Américas y como productora en Telemundo, Univision y Elmundo.es. www.unmarencalma.com
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