TRES MIRADAS DESDE UN PASADO QUE ES PRESENTE. Alberto García Gutiérrez

El pueblo del abismo, de Jack London, Elogiemos ahora a hombres famosos, de  Agee y Evans y Las uvas de la ira, de John Steinbeck

Amigos lectores, les recomiendo tres obras que aun siendo de épocas diferentes a la nuestra; una es de principios del siglo XX, otra de los años posteriores a la depresión y una última de la propia depresión de 1929 en el mundo rural, son de plena vigencia y son relatos periodísticos o novelados de la tragedia humana que es la desigualdad y la profunda huella que deja en el alma humana. Son tres obras escritas por autores que vivieron y observaron esos mundos desgajados y hundidos en la miseria y la desesperación y lo contaron con belleza y maestría.

La mirada de Jack London: El pueblo del abismo

John Griffith Chaney (1876-1916) es conocido por millones de lectores con el alias de Jack London. Autor de libros de aventuras, Colmillo Blanco, Aventura, Relatos de los mares del sur o la quimera del oro, es menos conocido por obras que hicieron a sus contemporáneos meditar sobre el presente y futuro de la sociedad.

Jack London se hizo a sí mismo. Autodidacta aprendió a leer y se educó en las bibliotecas públicas de San Francisco, California, y llegó a cursar estudios universitarios que hubo de abandonar por razones económicas. Trabajó de marinero, de trabajador en un molino de yute o de peón en una central eléctrica o de enlatador en una empresa de enlatados, hasta de contrabandista de ostras. Vagabundeó por Estados Unidos y recorrió Canadá, Japón y la Polinesia. De todas esas experiencias nacieron sus primeras obras, pequeños relatos o cuentos y artículos para la prensa de la época. De esas experiencias surgió su toma de conciencia sobre las pésimas condiciones de los trabajadores industriales, los emigrantes, los aparceros, los marinos mercantes o los vagabundos.

Jack London fue obrero industrial con una jornada de 16 horas diarias, fue vagabundo y pasó frío y hambre como el resto de vagabundos, fue encarcelado por no tener trabajo y pedir limosna y expulsado de pueblos y ciudades por ser catalogado de “vago y maleante”. En primera persona vivió lo que después relataría.

London describió en su obra En ruta la hipocresía de su sociedad al condenar a los vagabundos cuando el medio los había creado y los explotaba en trabajaos sin cualificar. En otra de sus obras, El talón de hierro, describe una sociedad distópica, precedente en algunos aspectos a 1984 de George Orwell, en donde existen poderosos industriales que someten a los obreros y les condenan a la oscuridad de una vida gris, sucia y sin esperanza. London creyó en el poder de la formación para las clases trabajadoras, él era una prueba viviente de ello, creía en la igualdad de oportunidades y en el desarrollo del talento y el trabajo como formas de obtención de una vida mejor.

Quizá la obra que resume la fuerza de sus convicciones y la capacidad de demostrar a sus contemporáneos que lo justo, lo digno y lo bueno es una sociedad en donde todos sus ciudadanos tengan asegurada una vida llena de lo básico para ser vivida y que contenga los principios de la humanidad es El pueblo del abismo.

El pueblo del abismo es la recopilación de su experiencia de siete semanas en el Londres victoriano de 1902. London fue a Londres para cubrir la guerra de los Boers entre el imperio británico y las repúblicas afrikáners en África del sur. Lo que iba a ser una crónica militar cambió al poder durante esas semanas ver, escuchar, oler, tocar, gustar, en definitiva sentir, las miserias de la capital del imperio británico. Disfrazado de marinero durmió en albergues públicos, en la calle, en casas de los más humildes seres en zonas del barrio del este de la capital. Junto a ello puede observar el oropel y la pompa de aquellos que están a años luz de la miseria de unos seres que son espectros, fantasmas en un mundo dividido entre los que nada tienen y nada esperan y los que todo lo tienen y lo esperan todo.

La mirada de Agee y Evans: Elogiemos ahora a hombres famosos

Llevaba ya ocho años la gran depresión sobre el profundo sur de los Estados Unidos. Vinieron en un coche a las tierras arrendadas. Uno era escritor de profesión, James Agee, otro era fotógrafo, Walker Evans, se encontraban entre tierras de algodón para relatar con palabras e imágenes a la otra América, a la América de los perdedores, de los no self made men.

Aquel 1936 fue el año en que Agee y Evans descubrirían la existencia de un grupo de familias que apenas sobrevivían día a día, que no tenían más que unos pocos utensilios de comer y trabajar como propios junto a sus harapos como ropa. Verían como la desnutrición era común entre ellos, como el trabajo de sol a sol y la falta de cualquier derecho social mínimo era la norma y como no existía ni un gramo de esperanza. Los dos profesionales del reportaje estuvieron un mes y dos semanas con tres familias de aparceros que les abrieron sus casas para convivir con ellos. Hablaron con ellos, les fotografiaron. Hicieron algo más, denunciaron con su obra la hipocresía de su sociedad.

Cuando acabaron su trabajo se marcharon. La intención de aquellos que enviaron a Agee y Evans era la publicación de un reportaje en una revista sobre las condiciones de vida y trabajo de las personas que eran aparceros en los campos de algodón de Alabama. Nunca se publicó. Era demasiado duro, era demasiado realista, cortaba cada palabra como una navaja en la epidermis de una sociedad, la norteamericana, que no deseaba ver la existencia de excluidos, la existencia del reverso de la América de las oportunidades.

Palabras e imágenes se guardaron en un cajón durante cinco años. Llegó el día de la infamia, 1941, y mientras la nación se aprestaba a combatir contra el imperio del sol naciente palabras e imágenes fueron publicados en forma de obra extensa, en libro. El título desconcertó a propios y extraños, elogiemos ahora a hombres famosos, y fue calando en la conciencia de los años cuarenta, cincuenta…hasta hoy.

Elogiemos ahora a hombres famosos se escogió de un texto religioso en el que se cita las hazañas de aquellos hombres que por su inteligencia, sus capacidades de liderazgo, sus obras en el arte, quedaran por siempre en la historia, corazón y acervo del pueblo…pero en el mismo texto al final se hace una loa a aquellos que no han sido nada pero que han producido algo que es infinitamente más grande: simiente de hombres y mujeres dignos, buenos y llenos de amor. Estos últimos no serán recordados como los que han dejado hazañas y obras pero son la sal de la tierra, la base de todo lo que permite que el hombre sea digno de recibir dicho nombre.

En la obra se divide el extenso trabajo sociológico en tres partes. La primera se describe a las familias y el medio en el que viven, en la segunda parte se describe una relación de las pocas posesiones que tienen y en la tercera se profundiza en las personas y sus condicionantes de educación, trabajo, parentesco y sus sentimientos, miedo, frustración, resignación.

 

La mirada de John Steinbeck: Las uvas de la ira

John Steinbeck (1902-1968) fue un escritor comprometido con la justicia y los derechos sociales.  Trabajó en diversos oficios antes de dedicarse al periodismo y a la literatura, fue obrero de construcción en el Madison Square Garden de Nueva York. Aunque inicio estudios universitarios no llegó a acabarlos.

Entre sus relatos y novelas se pueden destacar la taza de oro, sobre la vida del magnate Morgan, de ratones y hombres, sobre la vida de los trabajadores del campo californianos, la perla, un relato breve sobre el amor y la codicia, al este del Edén, novela que retrata la necesidad de amor filial y las relaciones entre hermanos o los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros, última de sus obras y homenaje a su hermana. Pero entre toda su obra literaria es las uvas de la ira la que encumbraría a Steinbeck en el canon de grandes escritores de Estados Unidos.

Las uvas de la ira, 1939, se fraguó gracias a una serie de artículos periodísticos que trataban sobre la situación, durante la gran depresión de los años 30 del siglo XX, de los arrendatarios, aparceros y trabajadores del campo del centro de los Estados Unidos y de California. En  ella  plasmaría su defensa de los más débiles y una crítica dura con el sistema social, económico y una llamada a la construcción de un sistema social de bienestar que evitará el hambre, la pobreza y la ruina de aquellos que sacan de la tierra el alimento para todos. Las descripciones de la larga marcha de los arrendatarios desposeídos hacia el oeste para poder sobrevivir en lo que sea y al precio que sea es aterradora.

Sus obras, como las uvas de la ira, y su compromiso son el New Deal de Franklin Delano Roosevelt le valieron críticas y ostracismo por parte de aquellos que deseaban continuar el sistema de no regulación del mercado capitalista. Las uvas de la ira es de plena vigencia, tanto en el mundo rural como en el urbano.

Tres miradas desde el pasado al presente que son plenamente vigentes. Lecturas que nos hacen reflexionar y a la vez son bellas por la maestría de autores que supieron con la palabra llegar al alma de sus contemporáneos y de nosotros mujeres y hombres del siglo XXI. Léanlas y tras ello observen nuestro mundo del año 2022….

© All rights reserved Alberto García Gutiérrez

Alberto García Gutiérrez. Barcelona, España, 1974. Escritor, articulista, divulgador y creador del programa de radio y luego podcast Verne y Wells Ciencia Ficción. Consultor, asesor e introductor para la Editorial Gaspar & Rimbau.

Obras más recientes:

Guía de Seres Elementales y Otros Seres Fantásticos, Editorial Apache Libros.

Cuentos en el Espacio y el Tiempo, Editorial Gaspar & Rimbau

Introductor a las colecciones Recuerdos del Futuro y Recuerdos de la Tierra de los Sueños de la Editorial Gaspar & Rimbau

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