PARLAMENTOS DE DON INSULANO: REFLEXIONES SOBRE LA MIGRACIÓN.

Siempre existe un porqué para dejar nuestro lugar de origen, sea económico, religioso, político o de alguna otra índole que para muchos es difícil comprender. Sin embargo, rara vez mencionamos que los fundadores y luego los grandes estadistas que les siguieron, idearon, planificaron e implementaron normas muy robustas de admisión. Por esta razón las leyes rigen un sistema transparente de aceptación, comprensión, y acomodo de las diferentes circunstancias que engendran las olas lentas o los embates precipitados de inmigrantes a estas tierras de libertad.

He escuchado ya muchas veces que esta gran nación es un país de emigrantes. Usualmente, la frase se utiliza con el fin de dar crédito merecido a los que inmigran y hacen sus contribuciones al progreso y bienestar del conglomerado de nacionalidades en que vivimos. No sólo creo que la  frase se acerca bastante a la verdad: mi experiencia sugiere que esta tierra es la que más se acerca al concepto “nación ideal”, si es que esa condición existe. Ustedes juzguen.

Pero llamemos al pan, pan y al vino, vino. Independientemente de que conozcan a fondo esta importantísima cualidad humana que los grandes pensadores norteamericanos lograron incorporar y hacer ley inapelable de la constitución de los Estados Unidos de América, no todos se atreven a enfrascarse en la lucha de superación en lo laboral, lo académico o lo espiritual. Una vez asentados en el área, cuando confrontan las vicisitudes de vivir en una cultura diferente, disfrutan y luego abusan de la libertad que compartimos a este lado del charco caribeño y al norte del Río Bravo. En muchos de los casos, se resisten a la opción de aclimatarse socialmente y aceptar las condiciones y leyes a cumplir en la nación que los acoge, entre ellas, para citar uno de tantos ejemplos, el idioma. De ahí la sensación de caos que con frecuencia se manifiesta en el comportamiento de ciertos “personajes” que pueblan mis entornos.

El síndrome podría ser el resultado de la influencia de algunos profesores y compañeros de escuela y de la lectura y contaminación de textos de panfletería ideológica. Puede que en su desarrollo se hayan filtrado letras de canciones “anti-establishement” que se fraguaron alrededor de los años sesenta y permanecieron vigentes por décadas en el ambiente mediático y vecinal, unido todo esto a la convivencia urbana o rural en la tierra que se dejó atrás. Cabría entre las posibilidades, que fuere el producto de una vida llena de demasiados momentos de ocio, vestigios de lagunas formativas, algún vacío educacional en los padres y abuelos o la suma de estas y otras razones.

Presos en la bifurcación del “antes y el después”, intuyo en ellos la obvia necesidad de comparar lo nuevo con lo que se deja atrás. Es una reacción que gana mi empatía y comprendo que la suya no es una actitud generalizada; me consta que es el comportamiento de una minoría. El problema es que, gracias al proceso inquisitivo que los inunda en la confluencia o choque cultural, se registra en ese grupo una actitud de derrotismo donde todos, excepto ellos mismos, cargamos con la culpa de su falta de iniciativa, escasez de energía y metas sólidas donde se incluyan el estudio y el trabajo.

En ese maremagno de pensamientos encontrados se manifiesta con demasiada testarudez la “autoderrota”, mal común que, de acuerdo con observaciones muy discretas de especialistas en el campo del comportamiento social, se percibe de forma acelerada y creciente en individuos que emigran por variados motivos. Creo que es un patrón latente en sus más profundas capas cerebrales, donde permanece gracias al caudal de idealismo formateado e impuesto desde arriba. La intensa exposición a ciertos paradigmas los mantiene en un estado perenne de retorcida inmadurez que nos arremete cargado de mentiras o semi-verdades. No creo que sea un fenómeno exclusivo del área donde vivo; seguro que existe en otros lares, donde otras circunstancias modulan las variantes de sus respectivas peculiaridades.

Sé que no todos tenemos la capacidad de discernir y personalmente no busco  generalizar. Basándome en mis propias observaciones, pienso que lo peor sería sucumbir al miedo a aventurarse y, por el contrario, dedicarse, sin intenciones de llenar sus propias lagunas, a buscar pisos más altos en el edificio de la “competencia”, travesura semi-adulta que no he creado ni me interesa amamantar. En lo que a mí concierne, entre  muchas cosas, he aprendido a detectar y mantenerme alejado de aquellos que inmigran a mis perímetros demandando, juzgando y, más que nada, tratando de saltar de 0 a 10, para exigir privilegios que quizás no se merecen. El número de incidencias como ésta se eleva a medida que pasan los años. Pareciera que en muchos de los casos, la cura de este síntoma es casi imposible de alcanzar; aunque en realidad sí se pueden vencer las corrientes adversas que podrían aparecer en nuestro camino.

El primer paso a dar en el proceso, es darse cuenta de que la sed de progreso debe ser inherente. A veces la necesidad misma turba la textura de la voluntad. Lo segundo es investigar: no hay aprendizaje si no existe la curiosidad. Lo tercero es decidir hacia dónde dirigirse, para finalmente caminar, con todo y tropiezos, por la senda del crecimiento interior.

Como de costumbre, reitero que estos párrafos no aspiran a ser guía de comportamientos a seguir ni mucho menos. Los aforismos que aquí agrupo son ponderaciones que, luego de filtrarse a través de alguna “ventana”, el imaginario en su constante actividad psíquica, las convierte en textos disponibles para la especulación en aquellos que se atreven a leerlos. Con mis palabras como fondo, en medio de este inaudito desequilibrio global que nos aflige y vincula, les exhorto a percibir las cosas buenas que resuenan en los medios de información, a pesar de los contratiempos y ansiedades que nos trajo la pandemia: menos contaminación, canales fluviales transparentes, actos de bondad en muchos de los humanos, un frente unido, y un auge de la creatividad.

 Esperando de ustedes una futura visita a esta página, extiendo mi habitual abrazo fraterno y me despido con esta cita de Albert Einstein:

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

© All rights reserved Héctor Manuel Gutiérrez

Héctor Manuel Gutiérrez, Miami, ha realizado trabajos de investigación periodística y contribuido con poemas, ensayos, cuentos y prosa poética para Latin Beat Magazine, Latino Stuff Review, Nagari, Poetas y Escritores Miami, Signum Nous, Suburbano, Ekatombe, Eka Magazine y Nomenclatura, de la Universidad de Kentucky. Ha sido reportero independiente para los servicios de “Enfoque Nacional”, “Panorama Hispano” y “Latin American News Service” en la cadena difusora Radio Pública Nacional [NPR]. Cursó estudios de lenguas romances y música en City University of New York [CUNY]. Obtuvo su maestría en español y doctorado en filosofía y letras de la Universidad Internacional de la Florida [FIU]. Es miembro de National Collegiate Hispanic Honor Society [Sigma Delta Pi], Modern Language Association [MLA], y Florida Foreign Language Association [FFLA].  Creador de un sub-género literario que llama cuarentenas, es autor de los libros CUARENTENAS, Authorhouse, marzo de 2011, CUARENTENAS: SEGUNDA EDICIÓN, agosto de 2015, y CUANDO EL VIENTO ES AMIGO, iUniverse, abril del 2019. Les da los toques finales a dos próximos libros, AUTORÍA: ENSAYOS AL REVERSO, antología de ensayos con temas diversos, y LA UTOPÍA INTERIOR, estudio analítico de la ensayística de Ernesto Sábato.

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