
¿Qué es ser poeta? ¿Cómo se hace uno poeta y cuándo tiene derecho a ser llamado como tal? ¿Depende de la cantidad de libros publicados, del reconocimiento obtenido? La poesía, ¿es disciplina o soplo? ¿Qué pesa más? ¿Trayectoria o talento? Además de la inefable pregunta sobre qué es la poesía, sobre eso que da vida al poema, la pregunta por el oficio acompaña también a los poetas. Les obliga a pensar, detenerse, dejarse caer, bajar y subir de los abismos en los que casi siempre se forja el poema: un espacio donde horror y belleza pierden sus contornos.
Los poemas que componen este libro fueron escritos cuando el autor era muy joven. Salen a la luz cuatro décadas después, en un esfuerzo por darle cuerpo a una vocación que quedó en pausa, al menos en lo que respecta a ciertos requerimientos que les permiten a los poetas llamarse como tal: trayectoria, publicaciones, reconocimiento (que no es lo mismo que fama ni popularidad). Como en todos los poemas de juventud, músculos y huesos quedan expuestos sin artificio; una suerte de museo anatómico donde también podemos hallar rarezas; una ingenuidad y una potencia que nos permiten rastrear las claves y las semillas de cualquier poética. En la juventud somos más abiertos, estamos más receptivos, los prejuicios de la buena o mala poesía todavía no han hecho mella en nosotros. Escribimos, en combate escribimos. Con amor, escribimos.
Sin embargo, más allá de trayectoria, publicaciones o reconocimientos, Ruiz Cuello es sin duda un poeta. Sus poemas, casi siempre escritos desde un estado contemplativo, exploran temas como la infancia, la soledad, el amor y el desamor, la emigración y hay, en ellos, imágenes y versos cuya hondura y arquitectura (anhelo, inocencia, delicada ironía, filigrana) nos recuerdan que ser poeta se trata, sobre todo, de un tipo de atención y una manera de decir que cristaliza lo humano. Sin eso, cualquier requerimiento cumplido es cáscara vacía.
Ruiz Cuello, Ramón, además es mi primo.
He dudado mucho sobre contarlo. He sopesado arduamente las implicaciones éticas de escribir este prólogo y finalmente decidí hacerlo porque no escribo sobre mi primo que es poeta, sino sobre un poeta que además es mi primo. Podría no haber estado vinculado a mí; podría no haber puesto este, su primer libro, a mi cuidado y al cuidado de Claudia Noguera, su editora, e igual hubiese descubierto en sus poemas un poder capaz de reubicarme en mi propia relación con la poesía y con el oficio de poeta. Hay versos aquí que quisiera haber escrito. Versos pedrada. Fragmentos que me obligan a volver a un estado de recogimiento y escucha donde todo es revelación.
Tengo, con Ramón, memorias de infancia que atesoro: en todas, él me regala el mundo detrás del mundo y una belleza que se desprende siempre de gestos mínimos: el barco de papel que pusimos a flotar en el canal de la acera, después de la lluvia o el vuelo de un vestido mientras me hacía girar sobre mi eje. Lo hace de nuevo y es reconocerlo en una dimensión que escapa de cualquier vínculo de sangre. Con sus poemas, me recuerda que ser poeta es, sobre todo, saber recibir la palabra que entra y que de nada valen las publicaciones, la trayectoria o la fama si el poema no es capaz de traducir, así sea en balbuceos, la música que hace el mundo.
De ser el origen de un incendio.
Kelly Martínez-Grandal
Miami, 2025
Selección del libro La palabra que entra, de Ramón Ruiz Cuello de León.
Publicado por The Book Zone en el 2026
VITA ESPIRITUALIS
Parece que nadie va a tocar
la vibración que cristalizo dentro
me convierto en bocanada de humo
disipado y turbio
confundido, preño la paciencia.
Entono una canción como los pigmeos ituri
crisálida en su loto
marcando el compás que envejece sin retroceso.
El recuerdo y mi sueño se confabulan
dos nubes penetrándose
salvándome la ceguera
redimo al desesperado en su maleza que se rompe.
Espero la luz
la luz que viene a tragárselo todo
y me gusta.
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SOLILOQUIO DE LAS PARCAS
-fragmento de puesta en escena-
Primera voz:
Desmadeja el hilo
húndelo en el fango
y luego di que son lombrices.
Segunda voz:
Perdidos en la humedad
gusanos de estambre
que no llegaron a suntuosos tejidos.
Tercera voz:
Solo que el corazón
es ese ovillo que no elegiste
con quien debes preparar tu ropaje de invierno.
Ovillo de pulpa estremecida
has nacido en la punta de una pendiente.
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¿Dónde están todos?
¿Dónde fue a parar ese quieto
dolor de la nostalgia?
Vivo la libertad del aire
cuando un milagro catapulta
mi armadura de hierro
y caigo destrozado al otro lado.
Recordar el fuego vivo,
las manos que me forjaron
en el remoto camino del tiempo
la pasión galopante del guerrero justo.
Todo su deseo mojándome.
Recordar,
ya sin dolor.
Ramón Ruiz Cuello de León
(La Habana, 1965)
Poeta, pintor y fotógrafo autodidacta, cursó estudios de Diseño y Bellas Artes en el Instituto Superior de Diseño. Durante veinte años vivió en España, donde estudió para ser dinamizador comunitario.
Ha realizado exposiciones individuales en Cuba, España y Francia, pero solo uno de sus poemas, Vita Spiritualis, ha sido publicado (Revista El Caimán Barbudo, La Habana, 1990).
Actualmente reside en Miami, Florida.